EL MIRADOR POLÍTICO

El vocero inadecuado

domingo, 26 de agosto de 2018 · 04:07

A la defensiva ante los ajustes que impone la Casa Rosada y el impacto de las esquirlas de los cuadernos de la corrupción, el Gobierno desempolvó la posibilidad de adelantar la elección de cargos locales a marzo para tratar de recuperar iniciativa política. 

Aprovechando unas declaraciones del intendente capitalino, Raúl Jalil, el ministro de Gobierno Marcelo Rivera consideró atendible la propuesta de por lo menos suspender las PASO provinciales por razones económicas.
Lo endeble de este argumento perjudicó la credibilidad de sus palabras. 

Si el problema es la falta de recursos, lo lógico sería hacer las elecciones provinciales junto con las nacionales, en agosto-octubre. De este modo no solamente se le ahorraría al erario catamarqueño el multimillonario gasto de financiar los comicios, pues sería la Nación la que se encargaría de la cuenta íntegra, sino que también se evitarían las con seguridad desgastantes tratativas para pactar la elusión de las primarias locales. Como anticipo de lo arduo que sería llegar a tal acuerdo, la idea de Rivera cosechó inmediatos rechazos opositores y oficialistas. Aunque el presidente provisorio del Senado, Jorge Solá Jais, echó a andar un proyecto  para modificar la ley y permitir la omisión de las PASO en circunstancias excepcionales, es poco probable que prospere.

En realidad, lo que el Gobierno busca es reformatear la agenda con la incorporación de un asunto distinto al de las medidas de ajuste y las corruptelas kirchneristas. No tendría ningún sentido especular con la conveniencia de suspender las primarias si no fueran a hacerse elecciones en marzo. Lo que quiere es incentivar la ansiedad de propios y extraños e instalar un clima pre-electoral en el que las maniobras de posicionamiento y el diseño de estrategias desplacen de la atención cuestiones que le resultan incómodas. 

Es imposible saber en este momento cuándo serán las elecciones provinciales. Si se decidiera marzo, el Gobierno tendría que convocar en un par de meses para dar tiempo a las PASO.
Es perceptible, sin embargo, el limitado alcance político de promover la incertidumbre electoral. 


Poco serio

No se trata solo de una coyuntura noticiosa difícil. El problema es que el vocero seleccionado para la ofensiva no es el adecuado.
Para insinuar que la alternativa del desdoblamiento circula, la imaginación no le suministró a Rivera pretexto menos absurdo que el costo de las PASO, como si las generales fueran gratuitas. Las réplicas adversas a las manifestaciones del funcionario no alcanzaron a ocultar que, para la mayoría del arco político, son en el mejor de los casos poco serias. Esta consideración marca el menesteroso concepto que se tiene del Ministerio de Gobierno, la llamada cartera política, que se cedió al barrionuevismo tras las elecciones del año pasado.
En aquel momento, muchos consideraron que el precio era demasiado alto. Se le entregaban al sector del gastronómico herramientas institucionales con las que podría tratar de desplegar una política autónoma.

La lectura no era desatinada. Hay que tener en cuenta el contexto. El Ministerio de Gobierno, a cargo de las relaciones con los intendentes y el Poder Judicial, lógico interlocutor de la oposición y una importante cantidad de organizaciones civiles, había expandido su influencia y logrado protagonismo central. Su intervención era requerida en prácticamente todos los conflictos de importancia, aun cuando la responsabilidad funcional le era ajena. Se había naturalizado ya, por ejemplo, que suplantara a Educación en las siempre complejas negociaciones con los gremios docentes. También terciaba en las controversias salariales de Obras Públicas, o en los reclamos que se le hacían al Instituto Provincial de la Vivienda.

El desembarco de un alfil barrionuevista en un área que había adquirido tal volumen generó lógicos recelos en los ámbitos más cercanos a la gobernadora Lucía Corpacci. El tiempo, sin embargo, expone lo acertado de la decisión. Se ve que la mandataria conocía el paño.
Rivera no solo no ha conseguido construir nada desde el puesto con el que resultó favorecido. Además, lo ha reducido a una insignificancia institucional tal que ni siquiera sirve para instrumentar estrategias de distracción, por módicas que sean. 
Esto no impide que cumpla los roles ornamentales que exige el protocolo. No es el único, pero ya se sabe a quiénes consuela el mal de muchos.

La bota ‘e potro

Ocurre que no es pa’ todos la bota ‘e potro. 
Que Rivera no daba la talla para el cargo que le había caído empezó a hacerse evidente muy poco después de que asumió tras asegurarse de que la banca que dejaba en la Cámara de Diputados quedaba en poder de su hijo.

El Gobierno pretendió darle nuevos bríos al proyecto de reforma constitucional, pero lo sacó de escena y delegó la tarea en la Secretaría de Desarrollo y Participación Ciudadana a cargo de Hernán Colombo. Cierto es que esta repartición no ha avanzado mucho al respecto, pero la encomienda dejó en claro la pobre consideración que se le tiene al señor ministro de Gobierno y sus colaboradores.
Tampoco la interacción con los intendentes exhibe resultados relevantes. No ha sido capaz, por caso, de articular un frente unificado en tema tan sensible como la eliminación del Fondo Sojero, aún cuando varios jefes comunales del radicalismo expresaron su disidencia con la disposición de la Casa Rosada.

Uno de ellos, el chacarero Gustavo Roque Jalile, estimó impertinente que se judicialice el conflicto, como la administración que Rivera integra. Remachó el clavo: no cree que las elecciones vayan a celebrarse en marzo y, aunque así fuera, él convocará las municipales de Valle Viejo en octubre, junto con las nacionales.

La insuficiencia del argumento económico esgrimido para suspender las PASO provinciales, artilugio con el que Rivera pretendió difundir la incertidumbre electoral, es descubierta por un personaje tan poco compatible con las sutilezas como el “Gallo” Jalile. 

Conjúguese esto con los precedentes expuestos y se advertirá que el ministro es, aparte de vocero inadecuado, absolutamente prescindible en la dinámica política e institucional provinciana. Ni siquiera su mentor Luis Barrionuevo refrena la lengua para conservarle el casillero si estima oportuno cuestionar al Gobierno. O anunciar, por enésima vez, que dará pelea por la candidatura a Gobernador
 

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