|| CARA Y CRUZ ||

Taselli, el grupo emblemático

sábado, 25 de agosto de 2018 · 04:25

La caída de los hermanos Sergio y Alberto Taselli tiene características que la distinguen de la de otros empresarios arrepentidos o por arrepentirse en la causa de los cuadernos de la corrupción. Si al menos algunos de los involucrados en la trama de las coimas tributadas a los Kirchner pueden alegar en su descargo la impotencia para romper con el sistema y exhibir gestiones empresariales sólidas, la trayectoria de los Taselli está signada por desastres y desfalcos invariables. Este prontuario empezó a forjarse incluso desde mucho antes que el matrimonio santacruceño accediera a la Casa Rosada, atravesando impune administraciones de diferente identidad e ideología. Se trata de un imperio económico edificado pura y exclusivamente sobre componendas políticas que permitieron a sus cabecillas embuchar recursos públicos sin la contraprestación de inversiones. Los catamarqueños lo padecieron en carne propia bajo las garras de aquella EDECAT de triste memoria. Tuvieron, además, el indeseable privilegio de presenciar desde el ring-side uno de los rounds del combate que libraron los “fratellos”, cuando en 2004 Alberto denunció a Sergio en sede penal por el vaciamiento de la firma concesionaria del negocio de la distribución de energía. La causa de los cuadernos es un proceso a la corrupción de los Kirchner, pero también a la Patria Contratista en la que los Taselli adquieren cotas emblemáticas.

Al quedar preso Sergio, la prensa nacional reflotó el historial del grupo, que incluye el procesamiento por administración fraudulenta de Yacimientos Carboníferos Río Turbio, finalmente reestatizados, y los subsidios tragados en el negocio ferroviario. Destino marginal el catamarqueño: muy pocos se acordaron de EDECAT, cuyo lamentable derrotero fue expuesto por El Ancasti a la opinión pública desde un principio, cuando se le entregó la distribución de la energía en 1996, mientras los actores de la política se intercambiaban en roles críticos o justificadores de acuerdo a cómo viniera la mano. Las maniobras de aprovechamiento ilícito de la concesión comenzaron temprano nomás. En 1997, el grupo Taselli quedó envuelto en controversias por adjudicarse a sí mismo obras financiadas con el Fondo de Desarrollo Energético del Interior (FEDEI), que encima no hizo o hizo a medias. Se descubrió también su carácter oligopólico, pues integraba la mayorista TRANSNOA, a la que EDECAT le compraba la energía que distribuía en Catamarca. Las trampas no dejaron arista por tocar: transferencia irregular de acciones, sobrefacturaciones fraudulentas, manipulación de los registros de los transformadores y hasta utilización de transformadores refrigerados con PCB (bifenilos policlorados), un compuesto de efectos cancerígenos prohibido por su alta peligrosidad. Pese a la sucesión de contravenciones y delitos, el grupo Taselli logró retener la concesión hasta 2008, cuando un colapso del sistema precipitó la intervención de EDECAT por parte del Gobierno. Tres años después se les rescindió el contrato.


El daño estaba hecho. Tomada la distribución por el grupo Taselli, con un Gobierno provincial que prefirió dilapidar las millonadas del período próspero en obras superfluas, el sistema de energía catamarqueño se sumió en un subdesarrollo en el que todavía se debate. El contraste de la regularidad del servicio actual con los padecimientos vividos hasta 2011 alcanza para confirmar el carácter nefasto que tuvo la incursión de los hermanos en territorio catamarqueño, amparados en la deserción de quienes, desde el Estado, debían controlarlos. 
 







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