Lo bueno, lo malo y lo feo

Tormenta económica

Carta al director.
miércoles, 22 de agosto de 2018 · 04:16

Señor Director:

¿Por qué no se pone fin a la sangría de divisas? No hay razones para creer que el motivo sea favorecer a amigos o grupos que fugan dólares, porque llegaría a conocerse y marcaría el suicidio político de los responsables.


Si lo que se pretende es profundizar la devaluación para reducir los costos internos ante los mercados internacionales, es difícil de lograr por esta vía, porque el más simple de los productores sigue la cotización de divisas al minuto, y el verdulero cobra 1 kilo de tomates lo que le cuesta el cajón de 28, ya que el equilibrio económico interno está destruido, al punto de haber desaparecido toda sana competencia: no hay control al abuso en los precios internos y cualquier rubro funciona como oligopolio aunque tenga muchísimos oferentes.


Por muy liberales que seamos, el gravísimo drenaje de divisas aconseja restringir fuertemente su egreso y tomar con firmeza el control total de cambio; justificado esto por el particular momento que atravesamos, que hoy carcome a fondo las finanzas del país. A la vez, dar amplia difusión a listas actualizadas de “precios sugeridos” para que la población pueda esgrimir un argumento de contención contra los abusos. Todo esto por lo menos hasta que se normalice la situación, para no ir a otro 2001 o peor, ya que se aumentó la exposición del país al destapar la justicia tamaña corrupción de magnitud impensable. En nada alentará al ingreso de capitales mantener la política cambiaria en el actual contexto. Para ello harán falta más de una decena de años de política económica acomodada al criterio de los inversores, con un país ordenado y sin sobresaltos ni coimas. Poco influirán la amistad y simpatía que nos tengan, por grandes y sacrificados que sean nuestros gestos. Keines predijo: la avaricia, la usura y la cautela deben ser nuestros dioses durante un poco más de tiempo para, desde la necesidad económica, llevarnos a la luz del día. Mientras, se animarán a venir solo algunos inversores que prevean rendimientos muy altos y a corto plazo. Para no dañar gravemente a la población, el FMI deberá entenderlo si desea credibilidad.


No podemos abrirnos libremente a los mercados internacionales al estar en tremenda inferioridad respecto de muchos de sus principales actores. Somos muy chicos como para competir (palabra que en buen romance significa: disputar, rivalizar, pugnar, luchar, pelear) contra muchos países importantes -y hasta inclusive contra grandes capitales privados- debiéndose aplicar mecanismos protectores de soberanía. Carlos Pellegrini nos advirtió hace ya 130 años: “Abrir irrestrictamente las importaciones es suicida para un país que pretende industrializarse”. La teoría económica, que el liberalismo abraza como una biblia, requiere para funcionar correctamente que sus actores sean equivalentes (que sea interrelación entre pares, entre iguales) y todos dispongan de todo el conocimiento del acto económico. En caso contrario, impera una ley universal: “El pez grande come al pez chico”.


No hace falta inventar nada, solo copiar de modelos exitosos: Todos los países aplican acciones restrictivas del liberalismo económico si el caso lo aconseja y, hasta los más “liberales” -como EE.UU., que aplica elevadas tasas a la importación de un producto cualquiera cuando perjudica a sus productores- lo hacen... Pero reclaman liberalismo a rajatabla, junto a los grandes capitales, para servirse de las economías menores, aprovechando la complicidad de economistas encumbrados y la ignorancia de poblaciones poco precavidas. ¡Cuidemos el interés nacional por sobre las ideologías! Y relacionado con esto, estar en el “Grupo de los 20” parece hoy nos queda muy holgado. Velemos para que no sea solo en beneficio ajeno. Quizá seamos acreedores al hazmerreír mundial si seguimos rifando dólares a mansalva. Sería bueno observar de esta interminable corrida cambiaría, la nómina de los 300 principales compradores que no apliquen su compra al pago de importaciones necesarias. Sospecho que pocas sorpresas habría.


Es extraordinario que la Justicia haya despertado después de tanto tiempo del letargo y esté destapando semejantes delitos de importantes políticos e industriales, como los que hoy se ventilan; es loable que el Ejecutivo lo haya facilitado... pero la eficacia de las medidas económicas actuales plantea severas dudas y, no vaya a ser que un mal día escuchemos la misma disculpa que diera Menem tras haber sostenido parecidos criterios: “Las medidas económicas aplicadas no dieron los frutos esperados”. De los legisladores, mejor ni hablar.

Rosendo José Sola 
DNI 6.953.183

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