Cara y Cruz

Ritmo alterado

El vertiginoso desarrollo de la causa por las coimas kirchneristas...
miércoles, 22 de agosto de 2018 · 04:20

El vertiginoso desarrollo de la causa por las coimas kirchneristas alteró el ritmo que imprimió al episodio catamarqueño de la trama el fiscal federal Santos Reynoso. La repercusión en los medios nacionales del expediente que involucra al ministro de Obras Públicas Rubén Dusso como recaudador de los retornos abonados por el empresariado provinciano profundiza la incomodidad del funcionario judicial. Aumenta el número de suspicaces que se preguntan cómo es que no ha adoptado disposiciones más contundentes en los dos años que lleva a cargo de la investigación, mientras el juez Claudio Bonadío y el fiscal Carlos Stornelli apilaron tantos presos y procesados en unos pocos días y siguen con la cosecha. Para ser justos, debe recordarse que Reynoso no contó con contribuciones tan significativas como los indiscretos cuadernos del chofer Oscar Centeno o el alud de arrepentimientos que arrasa Comodoro Py. Sin embargo, no es menos cierto que la verosimilitud de los indicios que recolectó cansinamente en la llamada “causa Dusso” demanda desde hace bastante tiempo una verificación que se resiste a concretar. Esta reticencia ha de tener sus motivos, pero alimenta la maledicencia de legos cuyo limitado intelecto no alcanza a discernir las sutilezas del derecho. 

Al reventar el caso de los cuadernos, Reynoso anunció que ya había cumplido con la totalidad de las medidas probatorias de la “causa Dusso” y que era inminente una definición. Ahora elevó una extraña nota al fiscal Stornelli para saber si el ministro de Obras Públicas catamarqueño es mencionado en los apuntes del chofer Centeno y si las indagaciones porteñas tienen algún vínculo con las que él despliega en Catamarca. Si está o no en los cuadernos, ya se verá. Mientras, Dusso está en la agenda periodística de medios como Clarín, La Nación, Perfil y TN, que se regodean en la relación que tenía con el ex secretario de Obras Públicas de la Nación, José López, quien, perdido por perdido, se arrepintió también y se puso a cantar con ahínco festivalero superior al del Chaqueño Palavecino. A lo largo de dos años, Reynoso confirmó la creación de una Cámara de la Construcción paralela a instancias de Dusso, la apertura de cuentas bancarias de las empresas especiales para que Nación les depositara fondos directamente, sin pasar por el IPV; el arribo de vuelos privados al Aeropuerto Felipe Varela en coincidencia con retiros de dinero tales cuentas. Según el ex presidente de la Cámara de la Construcción Fernando Rivera, los empresarios llevaban la plata a Dusso, quien una vez reunido el paquete, se dirigía a entregarlo al delegado de la Casa Rosada seguido por una caravana de vehículos en los que iban los aportantes para constatar que la coima llegaba a destino íntegra. Según el empresario Jorge Marcolli, el propio López le indicó que debía pagar el óbolo si quería trabajar. Quizás falte cerrar esto de las entregas, pero de cualquier manera los indicios de que el circuito catamarqueño existió son poco menos que contundentes y no hay una explicación razonable para la conformación de esta Cámara de la Construcción paralela a la tradicional. 

La relación de la causa local con la nacional es evidente. El “modus operandi” revelado en los cuadernos y confirmado por los arrepentidos es idéntico al denunciado en Catamarca por Marcolli y Rivera. Al requerir informes a Stornelli, el propio Reynoso proyectó su expediente a la escena nacional y configuró el caso de Catamarca como un apéndice de la urdimbre que se desenreda en Buenos Aires. Además, en ninguna otra provincia del país hay una causa judicial relacionada con las coimas kirchneristas, de modo que el protagonismo está asegurado. Hay que esperar a que Stornelli le responda Reynoso y que Reynoso concatene tal respuesta con los elementos que ya tiene. El moroso ritmo que la causa local ha seguido hasta ahora es quizás atribuible a una conjunción de celo reglamentario con parsimonia provinciana, pero el contraste con los avances de la causa de los cuadernos se ha vuelto demasiado ostensible. Si los trámites no se agilizan, se corre el riesgo de que alguien especule con que también inciden propósitos dilatorios.
 

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