EDITORIAL

Tortuguitas y burros

lunes, 20 de agosto de 2018 · 04:02

Salvo los funcionarios municipales –y no todos, habría que aclarar- nadie defiende la colocación a mansalva de los reductores de velocidad, cuyos efectos negativos para los vehículos, las personas y hasta la propia circulación vehicular han sido señalados con precisión y contundencia por expertos.
En San Fernando del Valle de Catamarca la colocación de lomos de burros, tachas y tortuguitas en arterias, avenidas e incluso corredores rápidos ha sido la solución fácil, aunque perniciosa, que encontraron en la comuna para decir que estaban haciendo “algo” en materia de prevención de accidentes de tránsito.

El malestar del ciudadano común siempre fue evidente. Pero de a poco fueron sumándose voces de especialistas, que lograron dotar de argumentos técnicos irrefutables a la oposición popular.

Primero fue un video, que rápidamente se viralizó en redes sociales y servicios de mensajería, grabado por el ex piloto Rubén Daray, quien además desde hace décadas tiene programas televisivos y radiales sobre automovilismo y suele dar conferencias sobre la temática. En él, Daray explica detalladamente los daños mecánicos que tortuguitas y lomos de burro producen en los vehículos. Y aclara que además de provocar grandes gastos en repuestos y manos de obra, son causantes de accidentes que pueden ser gravísimos. Lo explica señalando que las consecuencias que los reductores provocan en los automóviles pueden originar un desperfecto en otro momento, por ejemplo cuando circulan a gran velocidad en una ruta, con consecuencias irreparables.

Cuando Daray se refiere a la eficacia del sistema de lomos de burro, ironiza que los únicos burros son los que ordenan hacer esas deformaciones en plena calle.

En los últimos días se han sumado nuevas opiniones negativas. Jorge Gabach, ingeniero civil y perito accidentológico vial, opinó que la mayoría  de los reductores son “peligrosos”. Sostuvo que la Ley Nacional de Tránsito prohíbe la instalación de elementos agresivos en la calzada, por lo que "debería considerarse a los reductores como tales y reemplazarlos por otras medidas técnicas". “El empleo irracional de ciertos medios técnicos, destinados a neutralizar o minimizar los riesgos viales, puede aumentarlos, agravarlos, constituirse en causas independientes de accidentes”, añadió.

Cristina Véliz, especialista en Seguridad Vial, opinó por su parte que “desde todo punto de vista son peligrosos estos obstáculos. Con reductores anunciados para circular a 20 kilómetros por hora se disminuyen los accidentes, pero con estas tachas la velocidad se reduce a menos de 10 km, es menos de lo establecido, causando accidentes por velocidad cero. Está claro que son peligrosas especialmente para motociclistas y ciclistas porque tienen derrapes importantes”.

Deberá el municipio rever su estrategia de poner reductores como el único y más fácil método para prevenir accidentes. Si los funcionarios responsables del tema eligieron desoír los reclamos ciudadanos, al menos deberían atender lo que marca la legislación vigente a nivel nacional y las razones esgrimidas por los expertos, que además de criticar el método proponen alternativas superadoras y mucho más eficaces.

 

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