Editorial

Sorprendente ingenuidad

Cuando Mauricio Macri sostuvo durante la campaña electoral de...
jueves, 02 de agosto de 2018 · 04:18

Cuando Mauricio Macri sostuvo durante la campaña electoral de 2015 que la inflación era una muestra de “la incapacidad para gobernar” y que sería “el problema más fácil de solucionar” durante su gobierno, seguramente no imaginó que tres años más tarde el incremento sostenido de precios iba a ser uno de los tantos problemas económicos que complican su gestión.

 
La paradoja es que el modelo actual, al liberar controles, lejos de apaciguar la inflación, la ha acentuado respecto del gobierno anterior. El promedio de inflación de los gobiernos kirchneristas es de aproximadamente el 25 por ciento –en base a los cálculos de las consultoras privadas-, mientras que en la gestión de Cambiemos el promedio de los tres primeros años estaría cerca del 35 por ciento.


La liberación del tipo de cambio ha producido dos grandes devaluaciones: una al inicio del gobierno de Cambiemos y otra entre abril y junio de este año. Cuando hay devaluaciones bruscas, la experiencia práctica ha demostrado que suben inmediatamente los precios de los productos importados pero también de los insumos con los que se fabrican productos en el país, que también aumentan.

 
Al mismo tiempo, suben los productos de exportación, y si no tienen retenciones, la suba se traslada al precio que esos mismos productos tienen en el mercado interno. Es la lógica del mercado, que actúa de esa manera si no existen regulaciones estatales. 

 
También se incrementan las tarifas públicas y los combustibles, que están, por decisión del actual gobierno, atados a la suba del dólar.


Y asimismo suben los precios, en los mercados desregulados, por decisión de las empresas monopólicas u oligopólicas, que son los formadores de precios.


Tres importantes firmas alimenticias que dominan ampliamente sus segmentos de mercado, relacionados con la canasta alimentaria básica, aplicaron en el último año, según los números que manejan las asociaciones de consumidores, aumentos de entre el 60 y el 120 por ciento. Es decir, duplicando y hasta cuadruplicando la inflación general. Las empresas chicas del sector replican casi automáticamente esas subas.

 
Desde Cambiemos reconocen este problema, que por otro lado es muy simple de corroborar con solo visitar los supermercados, pero el método con el que planean solucionarlo es de una ingenuidad que sorprende. La gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, encargó un estudio para determinar por qué las empresas monopólicas u oligopólicas aumentan los precios, si es “porque forma parte de su estructura de costo o si están aprovechando la subida del dólar para aumentar sus beneficios”. Y dijo que es necesario “pedirle colaboración” a los formadores de precios para que bajen los precios de sus productos.  
En una economía inestable como la argentina, donde la especulación que busca maximizar ganancias forma parte de la cultura empresaria, la liberación de las regulaciones estatales parece una apuesta suicida. Las medidas de la ortodoxia económica, orientadas a dejar que se desplieguen libremente las fuerzas del mercado, han arrojado históricamente resultados desalentadores, también en lo que respecta al fenómeno de la inflación. 

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