Editorial

Que se tire de la cuerda

sábado, 18 de agosto de 2018 · 04:18

La activación de la denominadas causa de los cuadernos, si avanza con pruebas firmes y no solo con dichos de imposible comprobación, amenaza con destapar un formidable sistema de corrupción que siempre se intuyó o se conoció de manera informal en algunos de sus detalles, pero que hasta ahora no tuvo una corroboración judicial.


Es deseable que ésta y otras causas en las que si investiguen presuntos hechos de corrupción avancen sin interferencias ni injerencias extrañas. La incertidumbre es hasta dónde podría extenderse esta investigación, porque si bien se presupone que funcionarios del anterior gobierno nacional perfeccionaron y sistematizaron el circuito de las coimas en la obra pública, la corrupción en este rubro es tan viejo como la patria contratista.


Además, quienes consideran que la corrupción se limita a los funcionarios coimeros se equivocan. Los empresarios coimeadores también son corruptos, y los que, conociendo los pormenores de estos mecanismos no lo denunciaron, también tienen responsabilidades derivadas de su pasividad. ¿Hasta dónde podrán llegar, entonces, las pesquisas judiciales? ¿Si las coimas eran una práctica usual en la adjudicación de las obras, deben ser investigadas todas las empresas que en estos años tuvieron a su cargo la ejecución? ¿Cuál es el rol de los funcionarios provinciales y municipales, podían ellos ignorar la habitualidad de estos delitos? 


Como puede advertirse, la trama de complicidades que se abre si se tira de la cuerda es de dimensiones incalculables. 


El “arrepentimiento” de los empresarios “arrepentidos” es un eufemismo. Constituye, como cualquiera podrá advertir, el atajo que eligieron para lograr condiciones más favorables. En principio, la libertad. Los “arrepentidos” se van a su casa y los que “no se arrepienten” siguen detenidos. Es de esperar que las confesiones aporten datos reveladores que conduzcan a la verdad de los hechos, y que no sean solo estrategias para obtener beneficios.


Si la causa avanza y logra comprobar la verdad de los hechos, los funcionarios corruptos, además de ir presos, no podrán ejercer en el futuro cargos públicos. Si los empresarios son condenados, ¿no deberían las empresas a las que pertenecen o pertenecieron cuando coimearon dejar de participar de las licitaciones públicas de ahora en más?


Por lo pronto, el legislador porteño Leandro Santoro presentó un proyecto de Ley para excluir a las empresas que declararon  haber pagado coimas por la obra pública nacional del régimen de contratos de participación público privada en la Ciudad de Buenos Aires. Si este tipo de iniciativas se generalizara, intuyen los perspicaces, quedarían muy pocas empresas en pie para contratar con el Estado.


La causa de los cuadernos revela que la corrupción es estructural y salpica no sólo a unos pocos vivos, sino a una parte importante del establishment nacional. Por este motivo no son pocos los que esperan que la Justicia no tire demasiado de la cuerda y limite las responsabilidades a los funcionarios del gobierno anterior y a sus empresarios amigos. Pero es imprescindible, para la salud de la República, que se tire de la cuerda.
 

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