EDITORIAL

Paro inútil

miércoles, 15 de agosto de 2018 · 04:30

El largo paro en las universidades nacionales no tiene el efecto político que sus mentores procuran, lo cual naturalmente minimiza su impacto y hasta pone en cuestionamiento su razón de ser. 
No es que le falten argumentos a los docentes que reclaman un incremento salarial, sino más bien todo lo contrario: la oferta de un aumento de los haberes del orden del 15 por ciento en varios tramos es inaceptable cuando los pronósticos más optimistas señalan un índice inflacionario anual del 30 por ciento como piso. A esta altura del año, ningún gremio convalidaría paritarias por la mitad del aumento del costo de vida por temor al costo político que debería pagar ante sus bases.

Las medidas de fuerza en el ámbito universitario son de un efecto prácticamente inexistente porque el gobierno nacional, al que debería preocuparle la extensión indefinida de la protesta, no le interesa demasiado la universidad pública, como ya ha podido evidenciarse en varias ocasiones. 

La relativa indiferencia oficial se revela con claridad en el desfinanciamiento que viene sufriendo el sector en los últimos años, pero además brutalmente a través de algunas declaraciones que no deben caracterizarse como errores, sino en todo caso como exabruptos resultantes del pensamiento más íntimo de los principales referentes del gobernante Cambiemos. 

Se recordarán, solo a modo de ejemplos, las expresiones de Mauricio Macri durante la campaña electoral de 2015, cuando lanzó una pregunta retórica que el mismo respondió con una sentencia definitiva: "¿Qué es esto de (inaugurar) universidades por todos lados? (…) Basta de esa locura".
O las más recientes de la gobernadora María Eugenia Vidal, "¿Es de equidad que durante años hayamos poblado la Provincia de Buenos Aires de universidades públicas cuando todos los que estamos acá sabemos que nadie que nace en la pobreza en la Argentina hoy llega a la universidad?".

En este contexto, las medidas de fuerza que han paralizado las casas de altos estudios no representan un dolor de cabeza para las autoridades educativas, un problema que detone en el gobierno la urgencia de resolver el problema. Tal vez incluso la escasa concurrencia de docentes y alumnos a las aulas sea beneficiosa para continuar bajando el gasto del presupuesto universitario, que es en definitiva lo que le interesa al gobierno. O, lo que sería peor, la inactividad de la universidad pública podría servir como excusa para argumentar otra vez contra su utilidad. 

Deberían buscarse métodos más creativos de protesta, que expongan ante la sociedad la problemática, tal el caso de las clases públicas, como se realizó el lunes en nuestra provincia. Pero además resulta imprescindible un mayor compromiso de todos los sectores de la vida universitaria que se ven perjudicados por los recortes presupuestarios. Hasta el momento, en particular en Catamarca, las reacciones han sido tan livianas, particularmente de los sectores estudiantiles del radicalismo que este año celebran el centenario del hito histórico de la Reforma, que no se advierte de qué manera las autoridades educativas puedan prestar atención a las justas demandas.


 

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