|| CARA Y CRUZ ||

La inercia centralista

martes, 14 de agosto de 2018 · 04:09

La evolución de la economía real confirma los presentimientos menos esperanzadores sobre el modo en que la identidad originaria de la facción que llegó a la Casa Rosada en diciembre de 2015 incidiría en el diseño general del país. Logrado el gobierno de la Provincia de Buenos Aires a través de María Eugenia Vidal, “Cambiemos” maniobra para afianzar su base electoral en ese distrito, que es por muy lejos el de padrón más numeroso del país. Aunque en términos de matemática electoral estricta los resultados de la provincia de Córdoba fueron más determinantes que los de Buenos Aires para el triunfo final de Mauricio Macri, la gesta de Vidal tiene para el macrismo un significado de tipo fundacional: se trata del ascenso del PRO de la categoría municipal a la nacional. Vidal conforma junto a Horacio Rodríguez Larreta, que administra la CABA, la dupla de gobernadores macristas puros; el resto de los mandatarios identificados con Cambiemos son radicales. De ahí los esfuerzos de la Presidencia tendientes a suministrar a Buenos Aires los recursos necesarios para aceitar la gestión de Vidal. Es en Buenos Aires, no en la CABA, donde anida el embrión de la proyección macrista y la chance de ganar autonomía respecto de la estructura radical.

De ahí el incremento de los giros nacionales hacia Buenos Aires y la CABA. Un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), publicado ayer por El Ancasti, muestra que ambas jurisdicciones fueron las únicas del país que registraron crecimientos en sus coparticipaciones reales en el último año: 10,7% más para el territorio de Vidal, 7,7% para Rodríguez Larreta. El resto de las administraciones, sin excepción, sufrieron restricciones de entre el 1,3 y el 4,8%. Es la primera vez que se da este fenómeno desde que Macri asumió la Presidencia. Si bien debido a la inflación y la devaluación del peso las variaciones nominales de los giros siempre estuvieron muy por encima de las reales, nunca antes se habían experimentado saldos negativos. En el caso de Catamarca, el crecimiento nominal de julio a julio fue del 28,3%, pero en realidad hubo una merma del 1,8%. Esto, aún con la devolución paulatina a las provincias del 15% que la Nación venía reteniendo de la coparticipación para financiar a la ANSES. El pronóstico es de acentuación de esta inercia, que posterga al interior al mismo tiempo que alimenta los nocivos desequilibrios demográficos y económicos del país.

El panorama se ennegrece aún más si se considera que a tal inercia hacia al centralismo, invariable durante lo que va del período Macri pero vigente desde siempre, se superponen las políticas de ajuste que se negocian por estas horas en el marco de la elaboración del Presupuesto 2019, a través de las cuales el Gobierno nacional procura aplicar mayores podas a los fondos destinados a las provincias. No sería de extrañar que en poco tiempo más vuelvan los figurones de la Casa Rosada a desempolvar el Plan Belgrano y sus pretendidas inversiones multimillonarias. A alguno le habrán encargado que mida cómo anda de credibilidad el sello, pues deben intuir que está medio floja. El margen de provincias como Catamarca para influir sobre el diseño de políticas que al menos atenúen el retroceso se acorta todavía más ahora que “Cambiemos”, muy escorado por la difícil situación económica, pasa todo por el tamiz del impacto electoral. Con un padrón que apenas supera los 200 mil votantes, las inquietudes catamarqueñas ocupan casilleros muy rezagados en la agenda; cualquier distrito mediano de provincia de Buenos Aires tiene mayor gravitación en este aspecto. Los acuerdos intergubernamentales para fortalecerse en la interacción con el poder nacional siguen, por otra parte, en la columna de las deudas pendientes.
 

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