EL MIRADOR POLÍTICO

La pista catamarqueña

domingo, 12 de agosto de 2018 · 04:10

Bajo presión, el fiscal Federal Santos Reynoso balancea factores políticos y jurídicos antes de dar su dictamen en la llamada “causa Dusso”.

El reventón de los cuadernos de la corrupción ha modificado radicalmente la escena, de modo que su resolución, cualquiera sea el sentido que adopte, tendrá repercusiones de alcance nacional que podrían incluso afectarle su carrera.

Diferentes emisarios le sugieren con insistencia que atempere el rigor de las conclusiones que elevará al juez, pero su espacio de maniobra es muy corto.

Al margen de los indicios de corrupción que obran en el expediente, que llevó adelante a partir de una denuncia pública del empresario Jorge Marcolli, el “modus operandi” desplegado en Catamarca es idéntico al ratificado por los arrepentidos que se atropellan a nivel nacional tras la aparición de la minuciosa bitácora de Oscar Centeno, chofer de Roberto Baratta, el encargado de recolectar y entregar en los puntos de recaudación preestablecidos las multimillonarias coimas de la obra pública que embuchaba el kirchnerismo.

Las diferencias están en el trámite de las investigaciones.

Sin alicientes

A partir de la información de los cuadernos de Centeno, el fiscal Carlos Stornelli y el juez federal Claudio Bonadío detuvieron a ex funcionarios y empresarios mencionados en ellos y les imputaron la participación en los sobornos, que como cualquiera sabe sin necesidad de haber concurrido a la facultad de Derecho, tienen al menos dos participantes: el sobornador y el sobornado.

Esta determinación precipitó el alud de arrepentimientos y la carrera de delaciones que transfiguraron en pruebas los apuntes del chofer.

En Catamarca, en cambio, no hubo hasta ahora arrepentidos.

Casi 30 empresarios de la construcción declararon ante el fiscal Reynoso en la “causa Dusso” con la tranquilidad de que no se los consideraba incursos en delito alguno, pues, en el caso de haber pagado coimas, no habían participado de un cohecho sino que habían sido eventualmente víctimas de una concusión o chantaje: obligados a pagar por funcionarios venales so pena de quedar sin trabajo.

Vale decir que acá no existieron alicientes para arrepentirse como la posibilidad de aminorar condenas y retener parte del patrimonio que contempla la ley del arrepentido, pues no había riesgo alguno de ser condenado ni de perder patrimonio.

Indicios

No obstante, Reynoso logró reunir un significativo caudal de indicios de la existencia de un circuito corrupto en la gestión de la obra pública catamarqueña financiada por la Casa Rosada kirchnerista.

La base de la investigación local fue el relato de Marcolli.

En declaraciones a El Ancasti, el empresario aseveró que en los albores de la Presidencia de Néstor Kirchner se entrevistó con José López, por entonces secretario de Obras Públicas de la Nación, para quejarse porque le habían quitado una obra del Instituto Provincial de la Vivienda.

López, quien años después se haría célebre al ser sorprendido revoleando bolsos con millones de dólares por encima de las tapias de un convento y terminaría preso, lo desburró, generosamente: para conseguir obras con el kirchnerismo, Marcolli debía ponerse con la coima ritual; a tales efectos, tenía que hablar con Rubén Dusso, actual ministro de Obras Públicas, quien en aquellos tiempos oficiaba, de acuerdo con esta versión, como nexo y facilitador de negocios entre la corporación constructora local y el poder kirchnerista.

De la instrucción abierta de oficio por Reynoso surgieron otros sabrosos elementos.

La Cámara de la Construcción era presidida en la época por Fernando Rivera, quien se negaba a someterse a la autoridad de Dusso. Al no poder vencer esta resistencia, Dusso conformó una Cámara de Contratistas del Estado y dejó a la tradicional Cámara de la Construcción fuera de las suculentas operaciones.

El procedimiento diseñado por el kirchnerismo exigía apartar también al IPV. Para esto, las empresas debían abrir una cuenta bancaria específica para que la Nación les depositara directamente en ella el anticipo financiero de la obra acordada. Luego, los empresarios tenían extraer de esa cuenta la tajada de la coima y entregársela a Dusso. A su turno, Dusso le daba el paquete en mano a un emisario de la Nación, que llegaba en avión privado.

Para desgracia de Reynoso, ningún chofer advirtió la conveniencia de llevar registros manuscritos de estos movimientos. Sin embargo, el fiscal consiguió probar:

- La fundación de la Cámara de Contratistas del Estado, que suplantó a la Cámara de la Construcción en la relación con el Estado.

- La apertura de cuentas especiales de las empresas constructoras locales y los depósitos correspondientes por anticipos financieros de la Casa Rosada.

- Las extracciones de dinero de esas cuentas en las fechas pertinentes.

- La llegada de vuelos no oficiales provenientes de Buenos Aires en sugestiva correlación con tales extracciones.

Nótese la simetría con el caso desarrollado en Comodoro Py: dinero en efectivo que iba del Tesoro nacional a los empresarios, de los empresarios a un recaudador, del recaudador a un cajero nacional.

Solo faltan el chofer Centeno y los arrepentidos.

 

Inminente

Cuando saltó el escándalo de los cuadernos, el fiscal Reynoso informó que ya había cumplido con todos los trámites necesarios para dictaminar en la “causa Dusso”. El dictamen, de tal modo, es inminente, aunque no pueda anticiparse su orientación. El fiscal puede solicitar al juez la prosecución de la causa o su archivo.

Pero los acontecimientos sugeridos por los indicios de la causa Dusso podrían ser parte de la trama narrada en los cuadernos de Comodoro Py. Podría tratarse de la pista catamarqueña del resonante caso de Stornelli y Bonadío, que va cobrando envergadura cada vez mayor y coloraturas del “mani pulite” italiano o del “Lava Jato” brasileño.

Quiere decir que es más que probable que las corruptelas locales, que incluyen la cartelización de las obras del IPV, trasciendan a nivel nacional a partir del dictamen de Santos Reynoso.

No son pocos los que esperan el pronunciamiento, para celebrarlo u objetarlo según el caso.

Las bullas no quedarán circunscriptas al ámbito provincial.

La presión de ese horizonte es, para Reynoso, más fuerte que cualquier otra.

CAJONES

El “modus operandi” es idéntico. Las diferencias entre la causa de los cuadernos y la causa Dusso están en el trámite de las investigaciones.

Los acontecimientos sugeridos por los indicios de la causa Dusso podrían ser parte de la trama narrada en los cuadernos del chofer Centeno.

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