Lo bueno, lo malo y lo feo

Ampolla, su origen e historia

miércoles, 25 de julio de 2018 · 04:00


Ampolla es un pueblo ubicado a 5 km. de Bañado de Ovanta. Etimológicamente su nombre proviene del vocablo “Ama Poella”, que en quichua significa “Flor amarilla”, aunque hay otras explicaciones acerca de su toponimia. 
Estudios arqueológicos determinaron que su existencia data de varios años y se establecieron diferentes “períodos” en su desarrollo. 
El primer período se denominó “Arcaico” y data de 5.000 hasta 10.000 años, caracterizado por comunidades nómades, que vivían de la caza y la recolección de alimentos, no los producían, y se trasladaban continuamente de un lugar a otro, buscando animales para cazar y recursos vegetales que consumían según su estacionalidad. De este período solo se pudo rescatar una “punta de lanza” en Potro Upiana.
El segundo período se denominó el “Período formativo”; allí se empezaron a formar los primeros asentamientos estables, donde sus habitantes ya producían sus propios alimentos. Los resultados de la investigación realizada determinaron con seguridad que en las lomadas ubicadas en los márgenes de las Río Las Pintas de Ampolla, vivía gente hace dos mil años. En las excavaciones realizadas se pudo observar un recinto rectangular de 9 mts. por 5 mts. con espacios separados por piedras adosadas, lugar donde los habitantes podrían haber realizado sus actos cotidianos, cocinar, comer y otras actividades que podrían haber realizado.
En la construcción de las viviendas aprovecharon la inclinación de las lomadas, y por la forma de la construcción de los muros podrían haber sido “semi subterráneos”.
En los denominados basureros, se encontraron restos de basura que podrían ser de cosas que los habitantes usaban. El carbono encontrado en los denominados “fogones” sirvió para establecer -mediante el método del carbono catorce, C14- la época en la que estuvo habitado el lugar. De esta manera los arqueólogos pudieron determinar que la pequeña aldea de “Ampolla” podría provenir de los años 50 y 400 d.C. A 200 metros del poblado descubierto se encuentran las llamadas “Piedras Pintadas”, muy desgastadas por el accionar del tiempo, que representan una reliquia histórica en la región.
El tercer período se lo denomina “Período Medio” de “Integración Regional”; se lo ubica en los años 600 y 1000 d.C. Se lo denominó así porque durante esa época parece haber funcionado un sistema de comunicación e integración entre los pobladores de la región, guiados por cuestiones ideológicas o religiosas. En esta etapa, se encontraron objetos y pinturas rupestres en toda la región valle serrana y se pudieron observar figuras emblemáticas como el “jaguar” con manchas, personajes con armas, cetros y adornos en la cabeza, que se podrían interpretar como guerreros. O también podría ser un “Chaman” o un jefe religioso.
A este tipo de motivos se lo denominó estilo “Aguada”. En las pinturas encontradas en Ampolla se observa la representación de algunos de estos motivos. En este período no se encontró ningún resto arqueológico, ni viviendas, ni artefactos. Solo en Bañado de Ovanta se encontró un fragmento de hueso que tenía grabado un jaguar, lo que hace suponer que pertenecía a este período histórico.
El cuarto período se llamó “Período Tardío o de Desarrollos Regionales”, porque cada región tuvo procesos propios y diferentes. En esta etapa ya casi no usaron las piedras, posiblemente adobes y troncos de árboles, colocados sobre las rocas, este tipo de sitio arqueológico se pudo encontrar en “Salauca”, cuando se realizaron las excavaciones correspondientes. En este lugar se encontraron objetos de “cerámica pintada” denominados “Averias”, también de cerámica aplicada y cerámica común. Se encontraron instrumentos de hueso, torteros para hilar y puntas de flecha de sílices de colores.
El carbón recuperado en “Salauca” indica que pudieron vivir y usar el lugar en los años 1400 y 1600 d.C.
Estudios arqueológicos dieron cuenta de algunos objetos y utensilios utilizados, pero no pudieron establecer cómo los realizaron ni para qué los utilizaban.
La región de Ampolla fue habitada por los indios que pertenecían al cacique de “Los Diaguitas”. 
Los estudios realizados determinaron que hubo una constante relación e intercambio cultural entre los aborígenes que habitaban esta región y los que habitaban la región Valle Serrana.
Los elementos de uso diario, como vajillas e instrumentos, son muy similares entre sí. También las formas. Motivos y colores de la cerámica pintada es parecida a la que se usó en los valles y se conoce con los nombres de “Cóndor Huasi, “Alumbrera tricolor” y “Ambato tricolor”. Sin embargo, las poblaciones de esta zona se diferenciaban de las otras en la vinculación con el ambiente, que es diferente, y en algunas características propias, al confeccionar sus objetos y organizar los espacios donde vivían. Por ejemplo, en toda la región se encuentran morteros comunales en grandes explanadas de piedra ubicados donde los ríos se abren en estanques de agua, como el caso de las “Piedras Pintadas” y otros similares como en Salauca y Las Tunas. 
El conjunto de morteros podría haber sido utilizado de una manera conjunta por los indios para moler semillas, ya que elaboraban preparados medicinales o alucinógenos. También para la preparación de las pinturas y pigmentos, y en la trituración de rocas para la obtención de polvo mineral. Es muy posible que esta gran cantidad de morteros se relacione con el arte rupestre que se encuentra en las piedras pintadas a escasos metros de esos lugares.
Si bien no hay datos certeros de cómo y de dónde provenían los primeros pobladores de “Ampolla”, algunos documentos históricos expresan que llegaron de Las Cañas y de la zona de El Alto; una de esas familias era de apellido Luna. Posteriormente se produjo la llegada de otros grupos familiares, que construyeron viviendas aisladas y muy distantes unas de otras.

El último siglo
La primera escuela se inició en 1941 y funcionó en la casa de una familia Luna. Uno de sus primeros directores fue el Sr. Amalio Vázquez, oriundo de La Merced, que cumplió una misión casi evangelizadora en la región, en un ambiente carente de comodidad y de medios necesarios para cumplir su tarea docente. Don Amalio tuvo una ardua labor para lograr un aprendizaje positivo en sus alumnos, pero se destacó en prepararlos para actividades manuales, aprovechando todo lo que podía brindar su espacio geográfico. Así fue que utilizando las plantas de cactus realizó una variedad de auténticas artesanías de esa época. Utilizó los cactus para moldearlos y darles diferentes formas de animales de la zona, como leones, zorros, etc., y también veladores que tenían la base de diferentes motivos, posa platos, percheros y repisas para colocar los libros. Algunos todavía se conservan en la escuela de ese lugar. También realizó trabajos con tallado de piedras. Este aprendizaje fue útil para muchos de sus alumnos, que después trabajaron en carpintería. El maestro Vázquez escribió una revista llamada “Flor de Tuna” y la publicaba mensualmente. En ella relataba la historia de la región, con leyendas, anécdotas y sobre todo con “fábulas” de animales de la región, que siempre dejaban una moraleja para los nativos.
Para escribir la revista utilizó un papel blanco tipo estraza y una tinta de color verde, preparada con los pigmentos de las plantas del lugar. Ante el aumento de población escolar en la década del cincuenta, se incorporó como maestro su hijo Orlando Vázquez y posteriormente lo hizo la Srta. Marta Sosa.
En la década del ‘60, en el marco del proyecto de construcción de escuelas rurales, se inauguró la escuela Nº 207 de Ampolla.
Retirado de su actividad docente en el año 1974, pasó a ocupar la dirección de la escuela su esposa, la Sra. Nelly de Vázquez. Entre los docentes de esa época se recuerdan a hija, Noemí Vázquez, la señorita “Chichí” Aredes, Perla Marín, “Joya” Figueroa, Rosa Escobar y muchos otros que quedaron en la historia de la escuela Nº 207.
Fue destacable la colaboración de todas familias del pueblo: los Mercado, Collantes, Giménez, Luna, Gómez, Páez, Armas, Lobo, Lescano, Plaza, Ortiz, González, Silva y los Ramírez. Todas forman parte de la población de Ampolla.
La Posta Sanitaria se construyó en la década del ‘60, tiene una enfermera pero carece de atención médica continua.
En las primeras épocas había un destacamento policial. Se recuerda a los policías: Antonio Giménez, Jesús Mercado, Alfredo González y Ernesto Páez, entre otros. Actualmente dicha dependencia no existe.
La Iglesia, una reliquia del lugar, se construyó en la misma década.
El Patrono del lugar es San Cayetano y todos los años se realiza la procesión en su homenaje. La población se reúne de manera masiva para pedir ayuda a San Cayetano, sobre todo pan y trabajo. A estas fiestas llegan vecinos de Bañado de Ovanta, Las Cañas, Lavalle, El Alto, Alijilán y otros pueblos cercanos.
De los negocios del lugar se recuerda el almacén “Don Salvador Vega” y el boliche de Don Maclovio Luna, donde hacían bailes populares.
El inolvidable boliche Camero de Don Bernabé Armas, los changos de El Bañado, que iban a serenatear o visitar a esas esbeltas serranas, algunas de las cuales conservaban estilizados rasgos de nuestra ancestral raza india. Los changos cuando les faltaba qué beber se atrevían a golpear las manos a las tres de la mañana a Don Bernabé, quien siempre los atendía.
De los personajes del lugar se recuerda a Doña Eulogia Garzón, sus exquisitos tamales, chorizos y arrollados de puro cerdo; a Doña Zulema Luna, con sus arropes inigualables en la zona.
Ampolla tiene conjunto folclórico propio, “Los de Ampolla”, formado por los hermanos Collantes: Darío, Pablo, Marcos, Ricardo, Máximo y su primo Pablo Avellaneda. Todos estos jóvenes son nietos de Don Ramoncito Collantes. Las letras de sus temas versan sobre historias, leyendas y la vida de los habitantes del lugar.
Las Piedras Pintadas jamás tuvieron ningún tipo de conservación, al margen que no existe ninguna entidad institución a tal fin. Por su origen histórico podrían ser un valioso patrimonio de la humanidad. Es muy probable que los alumnos de las escuelas de esta región no solo no las conozcan, sino que tampoco deben tener idea de su valor histórico y cultural. La memoria no es solo una facultad que tenemos los humanos, es un patrimonio, un conjunto de recuerdos que heredamos de nuestros antecesores y que nos permiten revivir cosas que están en el lugar que habitamos, pero quizás no sabemos lo que significan y no les damos valor.
Recuperar la memoria es como tener un espejo que nos devuelve algo de quiénes somos y de nuestros orígenes.

Ramón Arturo Brizuela 
DNI 8.510174
Bañado de Ovanta

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