martes 24 de enero de 2023

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Editorial

Mejoras fugaces

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Por Redacción El Ancasti

Un gran alivio sintió el gobierno nacional la semana pasada cuando se conocieron datos alentadores desde el punto de vista social, como por ejemplo la reducción –mínima, pero reducción al fin- de indicadores relacionados con el desempleo y la pobreza.

Si bien algunos expertos señalaron que hay cambios metodológicos que juegan a favor de un sub registro de la pobreza, lo cierto es que la mejora relativa en las condiciones de vida de la población medida en el último trimestre de 2017, en comparación con los registros de 2016, se debe a la implementación de medidas concretas por parte de la gestión que encabeza Mauricio Macri.

Desde las elecciones, la nafta ya subió un 30 por ciento
  • Prevén más inflación y menos crecimiento
  • Lo paradójico es que estas medidas que impulsaron la baja de la desocupación y la pobreza poco tienen que ver con el modelo económico ortodoxo que es el estandarte del gobierno de Cambiemos.

    Es que la reactivación de 2017 respecto del pésimo año que fue 2016, una necesidad imperiosa por razones electorales, se basó fundamentalmente en el incremento del gasto del Estado, en particular en el rubro obras públicas; el congelamiento del tipo de cambio; la expansión del crédito privado y la flexibilización de las negociaciones paritarias, que permitieron que los incrementos salariales emparejaran a la inflación, a diferencia de lo ocurrido un año antes, cuando los sueldos perdieron por goleada frente a la incremento sostenido de los precios.

    Además, postergaron hasta este año el aumento de las tarifas de los servicios públicos.
    Estas políticas heterodoxas, como no estuvieron acompañadas de un fuerte crecimiento de la economía, provocaron que el déficit de las cuentas públicas siga siendo altísimo, pero permitieron una mejora en los indicadores sociales, que fue lo que recogieron las mediciones del INDEC.

    Luego de los comicios de octubre, el gobierno empezó a implementar medidas más ortodoxas, adaptadas más a su concepción de la economía: mayor contención del gasto público, salto del tipo de cambio, ajuste de las jubilaciones, aumento de tarifas y fijación de un techo bajo de paritarias que provocarán en este año una pérdida notable del poder adquisitivo de los asalariados.

    Por eso, en Casa Rosada saben que el alivio será transitorio. Entre los economistas, tanto los ortodoxos como los heterodoxos, hay coincidencia respecto de que en el primer trimestre de 2018, y probablemente también para lo que resta del año, los datos de pobreza e indigencia empeorarán respecto de fines de 2017, cuando aún se mantenían las tendencias de las políticas oficiales implementadas en función de la coyuntura electoral.

    De modo que, lejos de dormirse en los efímeros laureles de una baja coyuntural del desempleo, la pobreza y la indigencia, lo que el Gobierno nacional debe emprender es la implementación de un plan económico sustentable, que no produzca mejoras fugaces y atadas a circunstancias electorales sino permanentes, generando desarrollo y promoviendo acciones para una distribución equitativa del ingreso y la riqueza. Habrá que ver hasta qué punto la gestión de Cambiemos quiere o puede hacerlo. 
     

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