lunes 6 de febrero de 2023

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|| CARA Y CRUZ ||

Salón de fiestas

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Por Redacción El Ancasti

No se sabe si a los radicales que rezongaron porque se utilizó la sede del Comité Provincia para un festejo privado les ofendió más que las sacrosantas ceremonias partidarias que allí deben oficiarse se degradaran en carnaval carioca o el hecho de que no los invitaran. Comprensible susceptibilidad: el anfitrión era Rodolfo Santillán, último héroe alumbrado por la cantera boinablanca, cabecilla de la magna gesta que lo llevó a la intendencia de Ancasti en elecciones municipales desdobladas de las provinciales y las nacionales, cosa de que tuvieran más lustre. El caudillo quiso agasajar a su hija, que había concluido los estudios superiores ¿Cómo negarse al pedido  de quién la dio uno de los mayores alegrones a los correligionarios desde que perdieron el Gobierno en 2011? Hicieron bien las autoridades del Comité Provincia. Si en la política catamarqueña el nepotismo es norma, hubiera sido un acto de suprema hipocresía cerrar las puertas al amor de un padre que, en definitiva, no pedía para su hija, como hacen otros, cargos ni candidaturas…todavía. Los que se quejaron y esgrimieron supuestos agravios a la historia del radicalismo es porque quedaron afuera de los brindis. La prueba está en que no fue la primera vez que se usaron las instalaciones partidarias para fiestas privadas, pero recién salieron a cacarear cuando le tocó levantar las burbujeantes copas al exitoso Santillán. Propio de resentidos.

Mayor fue el estrilo de los custodios de la castidad partidaria al enterarse que la fiesta estuvo buenísima y contó con la presencia de varias de las más caracterizadas figuras de la UCR. No faltó quien propusiera elevar a la conducción una nota formal en queja por la actitud discriminatoria del intendente, pero se impuso la idea de plantear el debate en la próxima Convención. Quisieron encargarle la tarea a Enrique Sir, un experto en los entresijos de la Carta Orgánica, pero Santillán, que no es zonzo, había tenido la astucia de invitarlo, aunque para después de la cena. De todos modos, y con estricto compromiso de reservar la fuente, encumbrados integrantes del Comité Provincia explicaron a los quejosos que, en realidad, no habían tenido más remedio que acceder al pedido del intendente de Ancasti para evitar que agasajara a la hija en algún edificio público municipal. Era de imaginarse el escándalo que se hubiera desatado si tan emblemático lord mayor incurría en tamaña inconducta republicana. El oprobio hubiera sin dudas manchado a la UCR toda, justo cuando busca recuperar terreno.

En un alarde de reflejos, el alto mando de la UCR contragolpeó a sus objetores y arguyó que la experiencia con Santillán les había resultado esclarecedora. Taimados burócratas, recordaron el alto grado de morosidad que se registra en el pago de los aportes partidarios y resaltaron que la conversión eventual de la sede del Comité Provincia en salón de fiestas podría ser un decoroso medio de financiamiento político, ya que la abundancia de aspirantes a los cargos nacionales, la Gobernación, las intendencias y los escaños nacionales, provinciales y municipales no se corresponde con una disposición similar a contribuir económicamente con las actividades tendientes a sostener el ideario de Alem, Yrigoyen, Illia y Alfonsín. Más bien cunden los cocodrilos en los bolsillos y ahora más que nunca es necesario tener en cuenta que algunas de las decisiones tomadas por el correligionario Mauricio Macri obligan a redoblar el ingenio, recordaron los jefes mientras exhibían boletas de luz ya prohibitivas antes de los tarifazos. Un argumento de fierro, irrebatible. La de Santillán, se consensuó finalmente, será la última celebración a título gratuito. De ahora en más se cobrará por el uso del salón de fiestas, con precios diferenciados, eso sí: con rebaja para los afiliados, normal para los extrapartidarios y con recargo para los peronistas. Y se incluirá en la estructura de autoridades un secretario de festejos para que se encargue de administrar la agenda.

 

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