lunes 6 de febrero de 2023

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CARA Y CRUZ

Otra frustración anunciada

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Por Redacción El Ancasti

La noticia indica que la empresa estatal AICAT (Agroindustrias Catamarca), en carácter de intermediaria del Ministerio de Producción de la Provincia, decidió finalmente lanzar el concurso formal para la concesión del Frigorífico de Chumbicha, el cual se encuentra inhabilitado desde enero pasado, cuando el Gobierno le quitó la administración a la empresa Tollerance. Lo hizo por cuestiones más bien formales, como el hecho de que carecía de médico veterinario y no presentaba planillas de faena, lo que impedía el seguimiento de los registros de trabajo, además de algunas fallas en la infraestructura. Pero, en realidad, el frigorífico ya se había convertido en una mole fantasma, con muy poca actividad y demasiados problemas laborales, lo que se hizo visible con cortes de ruta de los trabajadores por falta de pago y la progresiva cantidad de despidos. Respecto a los pocos empleados que quedan, casi todos oriundos de Capayán, hay un compromiso oficial para hacer gestiones de buenos oficios con el futuro concesionario a los efectos de que tenga en cuenta esa mano de obra. El Gobierno espera contar con ofertas económicas del sector privado hasta el 21 de mayo próximo. Y para facilitar las cosas dispuso que los pliegos sean gratuitos. 

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La historia del frigorífico chumbichano está asociada directamente al programa oficial “La Vaquita Social”, un brazo del Plan Ganadero provincial, que nació en mayo de 2015 al calor de los entusiastas intentos del Estado por gerenciar las actividades que suelen estar reservadas al sector privado. La construcción del frigorífico demandó una inversión de 6.000.000 de pesos y fue realizada en conjunto entre la Nación, la Provincial y el municipio de Capayán. Pero la explotación quedó en manos de una empresa que fue presentada como de “fuerte presencia” en los campos ganaderos de la provincia de Buenos Aires y que planeaba expandir sus ventas al resto del país. Antes de firmar el contrato, la empresa adquirió 50 mil hectáreas en Lavalle (Santa Rosa) y tenía prevista una inversión de 20 millones de pesos. Nunca se informó si en efecto la hizo. En sus comienzos, el frigorífico ocupó 80 trabajadores y empezó a faenar medio centenar de animales por día. El principal requisito que puso el Gobierno a la concesionaria fue que disponga de un día y medio a la semana para faenar animales cuya carne destinaría a “La Vaquita Social", por el cual vendía un pack de 5 kilos de diferentes cortes a un valor de 250 pesos. Es decir, la versión catamarqueña de los programas de “Carne para todos” y “Pescado para todos” del inefable ex secretario de Comercio de la Nación Guillermo Moreno. 

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Así fue que “La Vaquita Social” llegó al Paseo de Compras Catamarqueño y a la feria de Choya, con un frigorífico móvil, empleados de punta en blanco y bolsitas ecológicas con los pack de carnes, todo debidamente caracterizado con el logo del programa y el slogan del Gobierno. Como se trataba de un precio accesible, la gente hacía largas filas para comprar su paquete los sábados a la mañana. Y como para que no quedaran dudas de que se trataba de “buena” carne, los funcionarios del Ministerio de Producción improvisaron unas parrillas móviles en las inmediaciones de las ferias donde degustaban cortes de asado a la vista de todos. En suma, el cotillón populista en su máxima expresión. Pero al poco tiempo el entusiasmo empezó a decaer al ritmo de la frustración productiva del frigorífico. Y finalmente el programa expiró al año siguiente. ¿La razón? La misma por la cual nunca funcionaron –ni funcionarán con este criterio de administración- las iniciativas estatales que pretendieron ocupar un lugar que le corresponde a la iniciativa privada. Los ejemplos están a la vista con las fábricas del PRODUCAT, la empresa minera CAMYEN y la propia AICAT, que son deficitarias y por ello demandan permanente asistencia financiera del presupuesto provincial para hacer frente a sus gastos corrientes. 
 

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