sábado 28 de enero de 2023

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EDITORIAL

El barro de la historia

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Por Redacción El Ancasti

Hay una frase que se le atribuye a Gabriela Michetti pero que, en rigor, nunca pronunció, o al menos no hay registros fehacientes de que lo haya hecho públicamente. La expresión es la siguiente. “No está bueno que la historia mire siempre hacia atrás, como que deberíamos conmemorar cosas del futuro, hacia adelante”.

Parece más un armado del ingenio popular para ridiculizar a la vicepresidenta de la Nación, pero de todas formas, aunque cueste pensar que ella es su autora, la frase expresa en cierto modo la visión que el macrismo tiene de la historia.

Desde el Pro, no tanto desde su socio político, la Unión Cívica Radical, partido que tiene un fuerte anclaje en la historia nacional, se argumenta que el pasado no es relevante para plantear el proyecto futuro de país.

Extrañamente –porque el razonamiento proviene de un hombre del peronismo, movimiento que permanentemente apela a razonamientos históricos como reafirmación de su identidad política-, el expresidente Eduardo Duhalde planteó hace poco un concepción parecida. Propuso hace poco en un seminario de prospectiva, consensuar “una agenda que sea 10% pasado, 40% presente y 50% futuro, porque no podemos seguir discutiendo hasta a Cristóbal Colón”.

La fuerza que comanda los destinos del país desde diciembre de 2015 tiene un corto recorrido en la historia política nacional, y si bien reivindica un modelo político que prevaleció en la segunda mitad del siglo XIX y primeras décadas del XX –contra el que paradójicamente luchó el radicalismo-  construyó su discurso político enfatizando el presente y, sobre todo, el futuro, en desmedro del pasado. 

Javier Trimboli, profesor en formación docente e investigador, escribió: “Me parece que el anhelo más fuerte del macrismo sería suprimir la historia, que no exista más, zambullirnos en un puro presente y en una promesa de futuro que finalmente será de enorme felicidad para todos, atado a las mieles de la globalización. Lo que pasa es que en este momento, a diferencia de los noventa, está claro que  esas mieles no están en ningún lado”.

Y agregó: “Porque la historia es inevitablemente el recuerdo del desacuerdo, la historia te recuerda las disensiones, los equívocos, los problemas, las guerras, las revoluciones, las masacres. La historia está hecha de ese material, que es insoportable para un gobierno que se entiende a sí mismo ligado a la técnica de gobierno y que no percibe a la historia como una matriz que provea legitimidad a la forma de gobierno. El macrismo prefiere la asepsia, lo limpio, lo puro, lo que no tiene porosidad, el tiempo técnico. El tiempo histórico es un problema”.

Tal vez renegar de la importancia de la historia para la construcción del porvenir sea un error, como también vivir anclado en un pasado que ya no volverá. La historia es el barro en donde se formó la Nación, pero es útil en tanto nos ofrece lecciones para entender el presente y forjar el futuro, no para permanecer empantanado en ella.

Encontrar el equilibrio es el desafío que debe asumir la dirigencia política que conduce los destinos nacionales.

 

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