CARA Y CRUZ

Sobre las cosechas

viernes, 07 de diciembre de 2018 · 04:03

Hacía bastante que Ramón Elpidio Guaraz, intendente de Bañado de Ovanta, no se lucía con alguno de sus medulares análisis conceptuales.

Se lo extrañaba, pero valió la pena esperarlo. No decepcionó y exhibió una vez más su condición de “todo-terreno”. Se trata de un auténtico 4x4 del pensamiento nacional.

En esta ocasión se refirió a la cuestión agraria. Pocas palabras le alcanzaron para resumir su ideario.

"Yo ruego que, de una vez por todas, se pierdan las cosechas para que se vaya toda esta maldad. Lo tengo que decir así: ruego que se pierda la cosecha, porque las cosechas hacen mucho daño", se despachó tras quejarse por la discriminación a la que, según dice, lo somete el Gobierno provincial.


Si bien críptico en lo concerniente al carácter de la “maldad” que debe erradicarse y al “daño” que hacen las cosechas, el resto del párrafo es de una claridad notable: el intendente supone que la pérdida de las cosechas traerá beneficios a su comunidad. De qué tipo, tampoco lo dijo.

Es una pena que no haya continuado con el razonamiento, pero hizo bien: no es cuestión de andar esclareciendo giles gratis, así como así. Previsor, planeará quizás un ciclo de conferencias pagas a los fines de suplantar los fondos que dejen de entrar a raíz de la frustración de las cosechas que tanto anhela. El público se abalanzaría a escucharlo, sería un éxito.

Obviamente, Guaraz alude a las cosechas agrícolas, no a las cosechas presupuestarias, cuya exigüidad lo aflije al punto de advertir que llevará a los estrados judiciales al Gobierno provincial que le retacea tajadas.

A su argumento le falta una parte central: ¿cómo puede incrementársele la cosecha presupuestaria sin cosechas agrícolas? Las cosechas son trabajo y son ingresos para el erario; caídas las cosechas, caen también los trabajos y los referidos ingresos públicos ¿Quién tomaría a la gente que no cosecha? ¿Con qué se compensaría la caída de la recaudación?

Tal vez Guaraz revele estos misterios en las próximas entregas de su teoría.


La declaración tiene la gran virtud de sintetizar una presunción extendida entre la dirigencia política, que divorcia los ingresos públicos de la actividad productiva, como si la plata del Estado la pariera la burra.

Guaraz plantea por un lado que el Gobierno no le da el dinero que reclama y por el otro ruega para que se pierdan cosechas cuyas contribuciones al Estado, por impuestos y aportes al sistema de seguridad social, acrecentarían las posibilidades de que se satisfagan sus requisitorias económicas.

Es una contradicción que solo él sabrá cómo salvar.

Mientras tanto, debe reconocerse que el intendente verbaliza lo que muchos piensan pero se guardan bien de decir, pues, a estar por la conducta del funcionariato local, capaz que no desean que las cosechas se pierdan, pero si se pierden poco les importa.
Esta indiferencia explica la actitud meramente reactiva del Estado, que recién sale a impostar inquietudes con los hechos consumados, por muy previsibles que fueran.

 

La incidencia de las políticas nacionales sobre la actividad económica local es innegable, pero no exculpa a autoridades provinciales que dejan a la producción a la intemperie.

Podría plantearse una discusión como la del huevo y la gallina.

Vaya saberse si fue Guaraz el que adoctrinó al funcionariato provinciano, o si el funcionariato provinciano impregnó el pensamiento del intendente.

Lo mismo da: poco puede esperar el sector productivo de tamañas luminarias.

 

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