EDITORIAL

Lejos de las promesas

miércoles, 05 de diciembre de 2018 · 04:00

A la hora de elucubrar promesas de campaña, los ex candidatos Mauricio Macri y Daniel Scioli coincidieron en muchas de ellas. Por ejemplo, en lo que se refiere a al impulso que pretendían darle a la inversión en ciencia y tecnología. Ambos prometieron duplicar el presupuesto en esa materia.

Tres años después, lejos de aquella promesa, las partidas tienden a reducirse cada vez más. En el Presupuesto aprobado para el ejercicio 2019, Ciencia y Tecnología se llevará apenas el 1,11 por ciento del Presupuesto total, frente al 1,22 de este año. En cifras concretas, los fondos destinados al ex Ministerio, degradado a Secretaría, alcanzan para 2019 los 3.400 millones de pesos, 300 millones menos que en 2018, lo que representa, considerando proyecciones inflacionarias razonables, un recorte de alrededor del 35 por ciento.

El ajuste permitirá el objetivo inmediato del ahorro fiscal, pero en el mediano y largo plazo significará un duro golpe a la economía nacional. La relación entre inversión en investigación y desarrollo de la economía es clave, aunque no siempre dimensionada correctamente.

Un repaso por las estadísticas referidas a los recursos invertidos por los distintos países permite corroborar la intrínseca relación existente entre presupuesto para ciencia y tecnología y desarrollo económico.
Los países desarrollados destinan más del 2 por ciento de su PBI a la investigación y el desarrollo: Israel el 4,3 por ciento, Corea del Sur, el 4,2, Alemania el 2,9, Japón 3,4, Finlandia 3,2, Estados Unidos 2,7 y China 2,1, por citar solo algunos. 
En un puesto intermedio, Argentina sólo destina el 0,6, bastante menos que las grandes potencias pero más que los países pobres, como Madagascar, Irak, Indonesia, Filipinas, Paraguay y otros 30 países que le destinan menos del 0,2 por ciento.

Otro dato que permite inferir la importancia que los países le otorgan a la ciencia es el porcentaje que ocupa el capital privado en financiar las actividades de investigación para el desarrollo. En las naciones más avanzadas, nunca baja del 50 por ciento; en los países pobres rara vez supera el 35 por ciento. En la Argentina, el sector privado aporta apenas el 17 por ciento.

La inversión que realizan los países desarrollados en la materia impacta positivamente en sus respectivas economías, lo que se verifica luego en mayores incrementos del PBI per cápita. Es, consecuentemente, un círculo virtuoso que se retroalimenta y que confirma que un mayor presupuesto en ciencia y tecnología no es un gasto, sino una inversión cuyos réditos se ven el mediano y largo plazo porque dotan de competitividad a la economía de las naciones.

La ausencia de políticas públicas estratégicas, que se mantengan en el tiempo y no estén sujetas a variaciones permanentes, desalienta la inversión privada, que busca en la investigación para el desarrollo también réditos económicos.
El actual contexto de ajuste es uno de los peores escenarios, muy lejos de las promesas de campaña y de un horizonte de desarrollo productivo para la Argentina.


 

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