CARTA AL DIRECTOR

G20: una reunión macro,  con Macri y Macron, y  un pingo para Ping

miércoles, 05 de diciembre de 2018 · 04:00

Señor Director:

Los exégetas de Macri y su gobierno marcarán en sus análisis de la gestión Cambiemos, sin dudas, un antes y un después de la reciente reunión del G20 en Buenos Aires. Cuando mucha gente auguraba un fiasco (para utilizar la expresión de Cristine Lagarde), el éxito del evento ha sido indiscutible, al menos para quienes apoyan o creen en Macri y sus políticas, aquí y fuera del país. Un mínimo consenso final expresado en un documento liviano, pero que fue consenso al fin, los focos de los medios del mundo puestos en la Argentina, los acuerdos bilaterales firmados con algunos países (sobre todo con China), el glamour que indiscutiblemente las librerías, el tango, la primera dama, el Teatro Colón, los jardines de Olivos le aportan a la escena, el hecho de que no trascendieran protestas violentas que ya son un clásico de estos encuentros, un operativo de seguridad impecable, brindaron un contexto general de éxito que vino a refrescar, y de qué manera, la hasta ahora decepcionante performance del gobierno, decepcionante para la mayoría de sus opositores y para muchos de sus seguidores.

Cuando se venía de un evento tristísimo en el que se demostró la incapacidad para guiar de manera segura un ómnibus con jugadores de fútbol de un punto a otro de Buenos Aires, y se había impuesto una crisis de confianza generalizada en la posibilidad de llevar a buen puerto el encuentro del G20, los hechos en esta siempre sorprendente Argentina (si lo es para propios, cómo no ha de serlo para extraños) se encolumnaron hacia el éxito rotundo por sobre pequeñas tropiezos ocurridos con el protocolo (la soledad de Macron al llegar, la fanfarria para un chino que no era Xin Jin Ping) entendibles en el marco de un movimiento singular.  
Si uno desea preguntarse las razones de este claroscuro tan particular, de la desazón que había invadido a oficialistas hace unos días para transformarse en expresiones exultantes hoy, podría decirse que, en principio, la seguridad para el G20 venía siendo procesada hace tiempo con los servicios específicos de los países centrales (Israel, que no participa del G20, venía trabajando desde hace dos años en este tema) y el blindaje en la circulación facilitó las cosas. La falta de disturbios de nota cuando son infaltables en cada movilización en Buenos Aires, para algunos se debió a las compensaciones que habrían recibido dirigentes proclives a dialogar, y para otros a la simple y sencilla razón de que no aparecieron los también infaltables infiltrados con rostros tapados que rompen todo a su paso, infiltrados que son funcionales a todos los gobiernos. Pareciera que, cuando uno se lo propone, los infiltrados no aparecen… El espectáculo for export del Colón, con estética onda Cirque du Soleil, emocionó hasta las lágrimas, ya se ha visto, a muchos, algunos muy importantes… Los creyentes en este modelo sintieron que ¡Sí, se puede! por encima de los que desean el fracaso gubernamental, de los que apostaron a que “cuanto peor, mejor”, a los voceros de la desesperanza, de los que no creen que “unidos haremos grandes cosas”…

Después de mostrarle al más cool (o, atendiendo a su origen, el de más glamour) de los presidentes (al menos para los porteños ) algunos de los agradables lugares en los que un turista puede disfrutar, se acordaron algunos puntos con Macron, que debió volver precipitadamente a su país en vista de los disturbios que esperaba encontrar aquí y sucedían allí. Del mismo modo se apuró la vuelta del primer ministro español, que regresó a su país para ver cómo un ignoto partido de ultraderecha terminaba con 36 años de gobierno del PSOE (su partido) en Andalucía. Mientras, el mundo estaba a la expectativa de lo que acordarían o no Trump y Xi Jin Ping. Se reunieron y consensuaron una importante tregua en su escalada de sanciones mutuas de 90 días, medida que repercutió enseguida en los mercados mundiales de manera muy positiva: la pelea entre los dos titanes hace temblar a economías sanas, emergentes y desastrosas; a todos. Más desapercibidos resultaron los acuerdos firmados con Holanda (importantes en inversiones también), invitada al G20 por el anfitrión, que podía hacerlo con dos países. Eligió el de Máxima y a Chile, donde Piñera encabeza un gobierno afín a Macri.

Con el líder chino, capítulo aparte: invitado de honor, se le dispensó un recibimiento versallesco en Olivos, se firmaron otros importantes acuerdos, y se le obsequió un caballo de polo. Al respecto Xi Jin Ping comentó que un deporte similar se practicaba hace 700 años en su país, y muchas veces era protagonizado por mujeres. El abrazo de gol de Putin al príncipe de Arabia Saudita cuando todos especulaban sobre los gestos y las formas en relación al heredero acusado por Trump de estar relacionado con el crimen del periodista Kashogi, marcó el desparpajo y la sensación de poder que emana del ruso reelegido por el 74% de sus compatriotas. 
Pero en lo gestual, para mí, los integrantes del G2 (Trump y Xi Jin Ping) se llevan los laureles… El norteamericano irrumpe como elefante en bazar con sus modos de niño rico caprichoso, que cada tanto reta o exige alineamiento a sus socios menores, entre ellos, nosotros, como socios muy menores… El chino avanza con paso cansino, escucha los himnos como si estuviera dormido (con los ojos como “cuchillada en lata”, como diría un amigo) consciente de que su par americano del norte podrá alardear mucho, que se sentirá dueño de al menos medio mundo, como él, pero con una pequeña diferencia: el país más endeudado del mundo no es Somalía, ni Burkina Faso, ni la Argentina… el país más endeudado del mundo es Estados Unidos. Su contracara, el país menos endeudado del mundo, es… China. ¿A quién le sonríe el futuro mediato? Dicen los que saben que, excepto la primacía norteamericana en ciertas áreas tecnológicas, el horizonte del manejo mundial se encamina irremediablemente hacia el continente asiático…

En uno de sus shows, Trump arrojó al suelo el audífono en el que recibía una traducción, criticando a la persona que la realizaba. Penoso incidente en el que la traductora debió repetir lo que el mandatario decía, sufrir el bochorno y quedarse seguramente sin trabajo. Pero más allá de la torpeza de Trump, nos detendremos brevemente en cómo tituló el incidente un medio opositor por las redes sociales. Éste afirmó: “Trump se enojó por la traducción y retó a Macri”… Una vez más, la condición de “militante” del medio y/o del periodista tergiversó la realidad, como viene sucediendo hace años con títulos rimbombantes y artículos sin sustancia que desean respaldar una u otra forma de ver las cosas. En su afán de desprestigiar al G20 y su organización, tituló de la forma descripta, mientras el texto de su propia redacción lo desmentía…

Y he aquí nuestra observación sobre la actitud de quienes (muchos) no se alegraron del éxito del G20, ni adhieren al modelo que el mismo representa, ni al gobierno de Cambiemos. Yo soy uno de ellos. Creo que la espuma de la euforia bajará notablemente en pocos días, como es natural, ya que la realidad es muy cabeza dura. Y que el gobierno deberá traducir en mejoras concretas para toda la población los acuerdos firmados, los gestos mostrados, las lágrimas derramadas.
Pero la oposición, y fundamentalmente el peronismo, deberán hacer algo más que desear el fracaso ajeno en cualquier realización. Deberá presentar una alternativa superadora de este modelo si este modelo no le satisface, convencer con su prédica y, sobre todo, sus actos, y llevar a la consideración de los argentinos una propuesta encarnada en personajes que reflejen inteligencia, solidaridad y decencia.

Las increíbles características de la Argentina, tan difíciles de explicar (y entender) para los analistas políticos, mostraron unos días antes de la cumbre una anticumbre en la que el único expositor no denunciado por hechos ilícitos fue el uruguayo José Mujica. Y cuando el G20 brillaba para sus organizadores, alguien tenía enclaustrada y a salvo de desbordes mediáticos a la dirigente que en las últimas elecciones fue votada por 2 de cada 3 porteños… Cosas veredes.

Javier Vicente

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