EDITORIAL

Hacia el precipicio del absurdo

miércoles, 10 de octubre de 2018 · 04:16

El papelón que significó la detención por parte de la policía provincial de una persona que vive en la indigencia por un posteo suyo en Facebook y la posterior advertencia del secretario de Seguridad, Marcos Denett, respecto del “patrullaje” que ejerce sobre las redes sociales, al menos tuvieron dos consecuencias que pueden analizarse como positivas. Por un lado, sirvieron como disparador del ingenio de los catamarqueños, que durante varios días estuvieron mofándose del funcionario y su creencia de que había contribuido a parar un golpe de Estado provincial, y por el otro lograron instalar como tema el del combate del delito utilizando las nuevas tecnologías.

Indagar en las redes sociales en busca de indicios sobre presuntos hechos de inseguridad es una acción de las fuerzas de seguridad de todas partes del mundo realizan desde hace varios años. Y está bien que así sea. Se trata de tareas de inteligencia que normalmente rinden sus frutos, tácticas mucho más profesionales que abortar inexistentes golpes de Estado arrestando a personas desesperadas que expresan su frustración contra el gobierno a través de una publicación.

Si Denett y sus muchachos dejaran de perder el tiempo buscando enemigos políticos en las redes, como antes identificando perfiles políticos e ideológicos de los ciudadanos a través de absurdos censos policiales, podrían detectar que en Facebook, por ejemplo, se compran y venden numerosos artículos cuyo origen es muy probablemente ilícito.

El gobierno nacional tiene una obsesión por “patrullar” redes sociales muy anterior a la del secretario de Seguridad provincial. Y a veces desbarranca también hacia el precipicio del absurdo, como cuando la policía federal detuvo a Nicolás Lucero, el joven de 20 años oriundo de la localidad bonaerense de José León Suárez, por publicar en su cuenta de Twitter una frase de una canción de cancha que decía: “Macri te vamos a matar, no te va a salvar ni la federal”. El joven lo había publicado en agosto de 2016 y fue atrapado un año y medio después. Bullrich festejó en aquella oportunidad el operativo como si hubiese desarticulado una banda de magnicidas. 

Lo que sí hay que reconocerle a la gestión nacional es que no tiene empachos en invertir, aun en épocas de vacas flacas como la actual, millones de pesos en tecnología para cumplir estas tareas de inteligencia virtual. Acaba de comprarle a Israel, en casi 200 millones de pesos, un paquete de software de ciberdefensa y ciberseguridad con la capacidad de recolectar y analizar información de las redes sociales y acceder a bases de datos públicas y privadas.

La lucha contra el delito exige estrategias diseñadas profesionalmente y no acciones desatinadas y efectistas como la detención de personas que manifiestan su enojo contra el gobierno y los políticos en general a través de una computadora o su celular. Los ciudadanos comunes, los que no delinquen, necesitan saberse protegidos y no sentirse perseguidos por sus opiniones, por más disparatadas que éstas parezcan.


 

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