Debe celebrarse que el del suicidio, un tema lamentablemente tabú para muchos, sea motivo de debate en una jornada de prevención que se desarrolla en el complejo Urbano Girardi de esta capital.
Es un error considerar que no hablar sobre el tema es una manera de prevenir este flagelo que se cobra cientos de miles de muertes en todo el mundo cada año. La Organización Mundial de la Salud considera que "informar del suicidio de manera apropiada, exacta y potencialmente útil (...) puede prevenir una trágica pérdida de vidas".
Las estadísticas sobre el tema impactan. Solo contabilizando los casos registrados –los especialistas infieren que los subregistros engrosarían notablemente las cifras-, todos los años mueren en el mundo por suicidio más de 800.000 personas, es decir, una cada 40 segundos. Para tener una idea más acabada de la magnitud de la tragedia, debe acotarse que los casos de suicidio superan en número a las muertes por homicidios y guerras combinados, y es la segunda causa de muerte en el mundo en los jóvenes entre 15 y 29 años.
En la Argentina también la tasa de mortalidad por suicidios supera a la de homicidios. Según cifras del Ministerio de Salud citadas en un informe difundido por el Instituto de Neurociencias Buenos Aires (INEBA) en el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio que se celebró días pasados, los suicidios tienen una tasa de 7.2 cada 100 mil habitantes, mientras que la de muerte por homicidios actualmente es de 5.2" en el país.
Catamarca no escapa a esta realidad. Según los últimos datos disponibles de un año completo, en 2014 hubo 38 suicidios, de los cuales la mitad correspondió a personas menores de 20 años, convirtiéndose en la tercera provincia del país en lo que respecta a la tasa de suicidio entre adolescentes.
La buena noticia es que, a diferencia de lo que se suponía tiempo atrás, hay estrategias de prevención de los suicidios que pueden aplicarse con un éxito relativo.
Si bien el abordaje de una persona que puede considerarse potencial suicida deben hacerlo profesionales capacitados, hay señales de alerta, verbales o conductuales, que pueden ser detectadas por personas del entorno afectivo.
Las personas que en momento de fuerte tensión emocional piensan en el suicidio como alternativa pueden dejar de hacerlo si reciben ayuda en el momento indicado.
Los especialistas dicen que es un mito sin asidero en la realidad suponer que un suicida siempre seguirá siéndolo. Por el contrario, señalan, la mayoría de las veces el riesgo es de corto plazo y por una situación específica.
También remarcan que el comportamiento suicida indica una profunda tristeza, pero no necesariamente una patología mental.
Pero la clave de todo está en discutir del tema sin tapujos y sin prejuicios. Hablar abiertamente de esta problemática ayuda a la sociedad a que acceda a información trascendente, pero sobre todo ayuda al potencial suicida, pues hablar abiertamente puede contribuir a repensar esa trágica decisión y contemplar otras alternativas para superar momentos difíciles.