martes 29 de noviembre de 2022

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EDITORIAL

Doble moral

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Por Redacción El Ancasti
Los dichos ofensivos del músico Gustavo Cordera sobre las mujeres recibieron un masivo repudio y apenas unas pocas voces que intentaron alguna justificación. El rechazo a su expresión de que "hay mujeres que necesitan ser violadas para tener sexo” es un dato positivo que expresa el cambio de mentalidad operado en los últimos años.

En otras épocas, expresiones tan agraviantes hubieran tenido una repercusión menor o un abordaje público más ligado a lo anecdótico y no desde la perspectiva de lo que realmente fue: un agravio inaceptable.

El rechazo a Cordera, por ejemplo, no se observó en su momento respecto de otros personajes públicos que cometieron delitos más graves que los que pueden configurar los dichos del ex líder de la Bersuit.

Michael Jackson, por ejemplo, fue acusado de abusar niños y no por eso se dejó de pasar su música en las radios o se suspendieron actuaciones suyas.

El ex jugador de fútbol y director técnico Héctor "Bambino” Veira fue condenado por abusar de un menor en 1987. Y sin embargo, al salir de la cárcel, continuó siendo un ídolo deportivo.

De todos modos, la oportuna condena masiva a Cordera no debe hacernos olvidar que una cosa son los pronunciamientos públicos respecto de este tipo de actitudes, y otra muy distinta los comportamientos privados de muchas personas, incluso de quienes repudian la misoginia del músico.

En las conversaciones interpersonales, en las publicaciones en redes sociales y hasta en programas que se difunden a través de medios masivos de comunicación abundan declaraciones agraviantes contra las mujeres, expresiones homofóbicas, racistas y discriminatorias. Muchas de ellas son observadas o caracterizadas –e incluso en algunos casos denunciadas- como conductas improcedentes, pero no por eso dejan de ser moneda corriente. Doble moral, que le dicen.

En el caso de las aseveraciones de Cordera, tuvieron una difusión extraordinaria, pero en los últimos tiempos se han conocido denuncias más graves contra otros personajes de la música que no han merecido tanta cobertura mediática ni mucho menos condenas generalizadas, tal vez porque sus protagonistas no tienen tanta fama.

José Miguel del Popolo, cantante de "La Ola que quería ser chau”, tiene denuncias de abuso sexual, lo mismo que el líder de la banda "El otro Yo”, Cristian Aldana, que hace unos meses se presentó provocativamente disfrazado de monja en una marcha, denominada "Ya no callamos más”, en repudio a los abusos sexuales en el ámbito del rock. Movilización que, dicho sea de paso, casi no fue difundida por los medios. La condena pública a Cordera es una buena noticia, porque implica una determinación de límites de tolerancia concreta a expresiones agraviantes, en este caso misóginas. Pero mejor noticia sería que tal condena sea aplicable también a todos los ámbitos, incluso los personales, porque un insulto, un agravio o una conducta despectiva no dejan de serlo porque las pronuncie una persona común en sus reflexiones interpersonales o como usuario de una red social.

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