A cinco días del comienzo de las clases, hay
varias escuelas que seguramente no podrán recibir a sus alumnos. Son algunas de
las que cuentan con la matrícula más numerosa y las que, a su vez, se muestran
en peores condiciones edilicias. En rigor, la situación no sorprende a nadie.
En los últimos años, casi invariablemente, miles de alumnos no pudieron iniciar
el ciclo lectivo como la gran mayoría debido a que los establecimientos se
encontraban con distintos problemas edilicios. Por un lado, los robos y el
vandalismo sin control que se producen en los meses de receso estival, donde
las escuelas quedan prácticamente abandonadas, a pesar de que el Ministerio de
Educación terceriza la seguridad en una empresa privada, lo que claramente no
es efectivo. Por el otro, la cartera de Obras Públicas, que tiene bajo su
órbita la Dirección de Infraestructura Escolar, nunca termina de organizar un
cronograma de refacciones y de mantenimiento que permita dar certezas de que
las escuelas estarán listas antes del inicio de cada ciclo lectivo. De hecho,
como informó ayer este diario, en diversos casos los trabajos comenzaron a
realizarse en diciembre, a poco de concluir las actividades escolares, y recién
se retomaron hace unos días. Y como por lo general se trata de verdaderas
intervenciones en los edificios, nunca hasta ahora han llegado a concluirlas en
tiempo y forma.
Esta suerte podría correr, por lo visto hasta
aquí, la escuela "Luis Franco” del barrio 500 Viviendas, en el norte de la ciudad
Capital, donde se observan vidrios rotos en puertas y ventanas, rejas
"arrancadas” por ladrones, sanitarios sin conexiones de agua –es decir, que ya
no están- y otros con pérdidas que inundan los baños. Además, también hay
cables de electricidad expuestos en aulas –lo que representa un peligro- y
vigas de los techos de galerías que están ostensiblemente dañadas. En los
alrededores de la escuela hay basura y malezas por doquier, pero esto es lo de
menos a la par del resto. Lamentablemente para la comunidad educativa de la
"Luis Franco”, este panorama se reitera con frecuencia. Por caso, tampoco el
año pasado pudieron iniciar las clases como manda el calendario por estos
problemas edilicios irresueltos. Otra escuela que se ve muy mal es la "San José
Obrero”, ubicada en Rivadavia norte, donde a fines del año pasado se desmoronó
parte del cielorraso en sector y todavía el Ministerio de Obras Públicas no lo
solucionó. Por las dudas, los directivos del establecimiento decidieron
clausurar esa parte hasta que algún día se acuerden de sus reclamos. Y en la
escuela de Minería "Dr. Bernardo Houssay”, el año pasado comenzaron a demoler
distintos sectores del edificio, en el marco de un proyecto mayor que supondría
una remodelación integral, pero la empresa contratada abandonó los trabajos por
falta de pago y recién esta semana se retomaron, aunque a paso lento. Tan lento
que el comienzo de clases será un auténtico trastorno para alumnos y docentes.
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Son
apenas algunos casos que sirven para ilustrar un panorama muy complicado en
materia de infraestructura escolar. Aún falta hacer un relevamiento en las
escuelas del interior, que seguramente no será más alentador. El normal inicio
del ciclo lectivo 2016 no es una utopía, sino algo lisa y llanamente imposible.
Varias son las razones. Aún sigue abierta la puja en la paritaria docente; hoy
se llevará a cabo una nueva reunión entre el Gobierno y los gremios y nada
indica que de allí pueda salir un acuerdo pacífico. Para ser justos, tampoco se
espera que haya acuerdo en el orden nacional y en la mayor parte de las
provincias, cuyas propuestas salariales están muy por debajo de las
pretensiones docentes. Por otra parte, Educación sigue sin cubrir las vacantes
creadas en diversos planteles directivos de escuelas y anexos, algunos de ellos
en el interior de la provincia. Pero la cuestión de los edificios escolares
excede a la responsabilidad de Educación, desde el momento en que resignó el
control de Infraestructura Escolar a manos de la cartera de Obras Públicas. En
consecuencia, este ministerio, tan lleno de obras y de cajas, sigue sin dar
respuestas a la provincia en lo que le toca a la seguridad de los alumnos y
docentes y que las clases comiencen en la fecha en que están programadas. Tal
déficit se ha convertido en un clásico del calendario escolar catamarqueño.