El complicado panorama que se aguarda para este año en las finanzas provinciales parece ser más difícil aún para las provincias que integran el Noroeste argentino, incluida, claro está, Catamarca.
El déficit financiero para el conjunto de las jurisdicciones ascendió durante 2015, según un informe difundido por la consultora Economía & Regiones, a los 41.857 millones de pesos, lo que implicó un incremento superior al 700% respecto de 2014, cuando el déficit alcanzó los 26.990 millones.
El notable crecimiento del déficit se explica un poco por el deterioro de la economía ocurrido desde 2012, y otro poco por los elevados gastos que se registran habitualmente en los años electorales. De hecho, el grueso del déficit se generó en el tercer trimestre del año.
Según consigna el estudio de la mencionada consultora, en el período octubre-diciembre, los ingresos de los estados del interior fueron de 243.391 millones de pesos, lo que representó un aumento interanual del 31,8 por ciento, en tanto el gasto primario fue de 269.368 millones (+ 33,6 por ciento).
Pero no todas las provincias han sido deficitarias, lo que parecería reforzar la idea de que los números de la economía en los distritos tienen un componente relacionado con la situación macroeconómica nacional, pero también otros vinculados a la idoneidad administrativa de las gestiones de los gobernadores.
Algunas jurisdicciones que lograron una buena performance y tuvieron superávit, tanto primario –diferencia entre los ingresos y los egresos- como financiero –balance luego del pago de deudas-. Son los casos de Cuyo (Mendoza, San Juan y San Luis) y NEA (Chaco, Corrientes, Formosa y Misiones).
Otras, como Córdoba, Entre Ríos y Santa Fe, lograron superávit primario pero déficit financiero.
Catamarca, mientras tanto, se encuentra en el lote peor posicionado: el de las provincias que tienen tanto déficit primario como financiero. Comparte esta preocupante situación con Jujuy, La Rioja, Santiago del Estero, Tucumán, La Pampa, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz, Tierra del Fuego, provincia de Buenos Aires y ciudad de Buenos Aires.
El panorama para la región es preocupante, porque no se avizoran, al menos para el presente ejercicio, una reactivación que dinamice la economía nacional al punto de generar nuevos recursos para presuponer un horizonte de disminución del déficit.
En este contexto, si no se incrementan los recursos, la apuesta será la reducción de los gastos. La paralización de la obra pública y el desfinanciamiento de algunos programas son algunos indicios.
De todos modos, la disminución del gasto tiene un límite y, a la luz de experiencias de ajuste de otras épocas, no parece ser el camino más conveniente pues genera una mayor retracción de la economía
El desafío es, en consecuencia, pensar tanto en las maneras de eliminar los gastos superfluos como en el diseño de estrategias de desarrollo que se conviertan en motores del crecimiento y puesta en marcha de las potencialidades productivas.
Mientras esto no suceda, las economías regionales seguirán aletargadas y presas de un déficit creciente.