domingo 25 de enero de 2026
A propósito del Foro para el Desarrollo Minero

Comedidos gestores

Detrás de enjundiosas gestiones a favor de los derechos colectivos, hay estructuras que lo que hacen en realidad es presionar para beneficiar a intereses sectoriales, en este caso los del gobierno de turno.

Por Redacción El Ancasti

Enarbolando presuntas banderas de defensa de los intereses catamarqueños, el Foro para el Desarrollo Minero de Catamarca y la Región Andina le solicitó días pasados al secretario de Minería de la Nación, Daniel Meilán, que el representante del Estado nacional en YMAD debería ser un hombre nacido en nuestra provincia. 

En rigor, lo que pretende la movida no es lograr que el preciado sillón lo ocupe cualquier catamarqueño, sino uno en particular: en este caso un pariente de la gobernadora de la provincia.

No es casual que el mandado haya estado a cargo de este mentado Foro, que no es otra cosa que una estructura armada por el gobierno provincial para llevar a cabo encargos que no pueden ser, por una cuestión de imagen pública, llevado a cargo por funcionarios.

Gestionan, en el mejor de los casos, y presionan, en última instancia, para lograr objetivos funcionales a los intereses oficiales, como en este caso.

Los integrantes de este grupo de nombre pomposo tienen, en realidad, una relación con la minería más bien indirecta. Algunos fueron cierta vez funcionarios, otros se caracterizan por su rol de opinadores crónicos y uno en particular, Luis Manuel Álvarez, tiene una vasta trayectoria como registrador de minas de la provincia. Su papel consiste en registrar su derecho sobre el yacimiento y luego se sienta a esperar la mejor oferta para venderlo.

Como el Foro para el Desarrollo Minero de Catamarca y la Región Andina hay otros sellos que cumplen similares trabajos de lobby  funcionales al gobierno.

Argumentando enjundiosas gestiones a favor de los derechos colectivos, lo que hacen en realidad es presionar para beneficiar a intereses sectoriales, en este caso los del gobierno de turno.

No es tan difícil desenmascarar las segundas intenciones, sólo es preciso prestar atención a las identidades e itinerarios políticos de los comedidos gestores. 

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