ATECA completará esta semana, con cuatro jornadas que comenzaron a desarrollarse ayer, 16 días de paro en lo que va del año. El gremio anunció el lunes variaciones en sus métodos: las medidas de fuerza se cumplirán en forma rotativa y parcial, en Tinogasta y Fiambalá ayer y hoy, en Pomán y Santa María mañana y pasado. De esta manera, explicó el secretario general, Jorge Molas, se busca atenuar el impacto de los descuentos que aplica el Ministerio de Educación por los días no trabajados, habilitado por una sentencia de la Corte de Justicia. Pero los motivos serían otros. Las cuatro seccionales convocadas son las que registraron los mayores niveles de acatamiento en anteriores oportunidades, mientras que en la Capital la medida pasó prácticamente desapercibida, de manera que la táctica apuntaría más bien a parar solo donde se esperan resultados consistentes, para no quedar al desnudo en los seccionales más remisas. En lugar de interrumpir las clases en el resto de la provincia, ATECA pretendía colocar una carpa frente a la Casa de Gobierno. Ayer el Gobierno impidió el improvisado acampe, pero esto no fue tan grave como la constatación de la exigua cantidad de gente que acompañó a quienes lo intentaron.
Lo raleado de la manifestación se suma a la decisión de retroceder desde el paro general al singular paro "rotativo” como indicio de que el sindicato no las tiene todas consigo en lo que se refiere a capacidad de convocatoria en esta coyuntura y que los alegados "mandatos de las bases” no serían tan rotundos como dicen los jerarcas. "No tuvimos ningún tipo de comunicación ni siquiera vía telefónica con el ministerio. Creemos que durante estos nueve meses tuvimos muy pocas reuniones de paritarias para la cantidad de problemas que hay en educación. Hay muy poco interés en los planteos gremiales, lo que hace que la situación sea más conflictiva”, señaló Molas. Capaz que las dificultades para empinar medidas de fuerza efectivas tenga que ver con que "los planteos gremiales” no están en sintonía con lo que pretenden los educadores. O con que los intereses de los educadores ya han sido demasiadas veces traficados para camuflar apetencias de los jerarcas.
En la movilización convocada hace diez días por la recién conformada Unión Gremial en Acción Catamarca (UGAC), que agrupa a las organizaciones sindicales estatales, ya había podido advertirse que el predicamento de los sindicalistas no estaba precisamente en su apogeo. La UGAC se había lanzado con toda la furia, con conferencia de prensa y todo, pero a la hora de ganar la calle no consiguió juntar 200 personas, demasiado poco para la bulla de los discursos y las expectativas que se habían generado. La apuesta clara era unirse para hacer una demostración de fuerza contundente, que hiciera reflexionar al Gobierno acerca de la conveniencia de otorgar un nuevo aumento salarial, y la UGAC fracasó. Esto no implica, por supuesto, que los estatales no quieran aumentos, pero sí que no consideran que la situación esté madura para profundizar el conflicto. La UGAC no incorporó todavía a los gremios docentes. Para el secretario general de ATECA "puede haber a veces puntos en común entre los gremios, pero no en todos los aspectos. Si nos invitaran, participaríamos, pero para darles nuestros argumentos de por qué decidimos no participar”, dijo. Se verá que pasa, pero las dos últimas convocatorias sindicales a la plaza 25 de Mayo han sido un fiasco para los organizadores. El clima para paros y movilizaciones no parece ser de lo más propicio, la beligerancia ha remitido. Las amenazas son, todavía, pólvora mojada.