No se ha escrito aún con datos precisos la lúgubre historia del canal de la muerte, ese curso de agua que atraviesa cuatro departamentos –desde Fray Mamerto Esquiú hasta Capayán, pasando por Valle Viejo y Capital con un recorrido total de 38 kilómetros- y que se ha cobrado la vida de decenas de víctimas, la gran mayoría de ellos niños de muy corta edad.
El último deceso ocurrió el mes pasado, cuando Luis Federico Nieva Quiroga, de solo 3 años, se ahogó cuando cayó a la corriente luego de salir de su casa del barrio "Los Plateados”, en Valle Viejo.
Cada vez que un hecho funesto como éste enluta no solo a la familia de la víctima sino a la sociedad catamarqueña toda, se reanuda un debate que con el correr de los días se va a apagando hasta su próxima trágica reanudación.
El debate es sobre las responsabilidades respecto de la falta de seguridad del canal. Las demandas recurrentes de tapado, o de colocación de un tejido que divida el curso de agua del espacio donde transita la gente, a veces el límite impreciso de una vivienda construida en las inmediaciones, son infructuosos.
La obra del tapado se prometió hace más de una década, y se pronosticó su finalización para el año 2012. Pero el tramo cubierto es un porcentaje mínimo del total.
Desde mediados de la década del 90 hasta la actualidad, 24 vidas, la mayoría de niños, se perdieron en este canal. Y muchas otras se salvaron por la rápida intervención de personas que se arriesgaron en el rescate.
No hay que cargar las tintas en los padres de los niños, o en sus familiares, que descuidaron por un breve lapso al niño que precipitó su inocencia en el torrente impiadoso que se llevó su cuerpo, su vida y todas sus esperanzas. Es imposible vivir pendiente de ese peligro. La convivencia permanente lo torna habitual, y se bajan las defensas.
Luego de la muerte del pequeño Luis Federico, hubo una protesta vecinal y los funcionarios que concurrieron a dar respuestas formularon la misma promesa a la que se viene apelando desde hace muchos años: que se tomarán las medidas necesarias para evitar que estos hechos aciagos se sigan repitiendo.
Poco tiempo antes de esa tragedia, elancasti.com.ar recogió la inquietud de habitantes de Polcos, Valle Viejo, respecto de la no realización de los trabajos de tapado del canal, pese a que hacía mucho tiempo que las losetas estaban acumuladas a un margen del curso de agua.
Entre las excusas que se esgrimen se menciona un conflicto de competencia: los municipios dicen que la tarea debe realizarla la Dirección de Riego de la provincia. Esta repartición, por el contrario, según señalan los vecinos, argumenta que la responsabilidad es comunal.
Las carencias presupuestarias no pueden ser una excusa para justificar que el tapado del canal, o la colocación de una reja, se conviertan en herramientas de prevención de nuevas muertes.
La sucesión de episodios dolorosos exige respuestas rápidas. Los argumentos elusivos no pueden seguir teniendo vigor ante la evidencia de la muerte que acecha en los límites mismos de cientos de viviendas.