viernes 5 de diciembre de 2025
EDITORIAL

Absurda psicosis

Por Redacción El Ancasti
Si las autoridades le prestaran atención a todas las publicaciones apócrifas, mentirosas y con propósitos de manipulación que circulan por las redes sociales, la vida de los ciudadanos sería un caos.

El jueves a la mañana se registró una muestra a pequeña escala de una situación de las características mencionadas.  Fue a partir de un alerta meteorológico que, concebido seguramente con alguna intencionalidad maliciosa, venía circulando desde hacía varios días y que pronosticaba una inexistente tormenta que arribaría al Valle Central cerca del mediodía de ese día, con fuertes ráfagas de viento y posible caída de granizo.

Bastaba recurrir a cualquiera de los diversos servicios meteorológicos disponibles para advertir que tal alerta era falso. Pero por las dudas, como también algunas emisoras radiales del Valle Central empezaron, de manera irresponsable, a difundir tal posibilidad otorgándoles alguna credibilidad, el propio director de Defensa Civil debió salir a aclarar a través de los medios de comunicación que la versión que empezaba a diseminarse no tenía sustento en la realidad.

Pero de manera insólita, mientras el organismo específico para la prevención de catástrofes o morigeración de sus consecuencias intentaba desbaratar el fraude, efectivos de la Policía provincial, movilizados seguramente por instrucciones de sus superiores, recorrían escuelas de Capital y Valle Viejo solicitándoles a los directivos que despacharan a sus alumnos.

A partir de la anónima irresponsabilidad de las redes sociales, la imprudencia de algunas radios y la sorprendente insensatez de las autoridades policiales, se generó una psicosis colectiva que precipitó a padres a los colegios a buscar a los alumnos, a cientos de personas intentando resguardar sus vehículos e incluso a jefes de reparticiones públicas despachando a sus empleados.

Tanto movimiento y preocupación para nada: como era sencillo de prever si se hubiese atendido la palabra oficial autorizada o consultado el pronóstico meteorológico de algunos de los servicios gratuitos, no hubo tal tormenta. Apenas unas escasas nubes grises y una leve brisa del sector sur.

Otro ejemplo de características similares se vivió cuando ocurrió la semana pasada la tormenta de viento que tuvo como saldo destrozos y una víctima fatal. Esa tarde circuló por las redes sociales una noticia falsa referida a un supuesto accidente que motivó el alerta del SAME, un servicio que trabajó con eficacia aquella fatídica jornada pero que por un lapso no demasiado prolongado debió desatender urgencias originadas como consecuencia del temporal para prepararse para asistir a las presuntas víctimas del falso accidente.

Asignar a las redes sociales una credibilidad absoluta es una ingenuidad y un error que a veces puede pagarse caro. Que los incautos sean los usuarios de esas redes es hasta previsible, pero que sean las propias autoridades las que movilicen sus propios recursos motivados por falsedades fácilmente detectables resulta alarmante y motivo suficiente para una severa amonestación para quienes se prestaron a generar una psicosis impensada para una mañana que tenía todas las características de la normalidad.


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