martes 23 de abril de 2024
editorial

Forjadores de una nueva sociedad

La historia de vida de Alberto Morlachetti, fallecido el miércoles, es aleccionadora, un ejemplo de solidaridad y amor

Por Redacción El Ancasti

La historia de vida de Alberto Morlachetti, fallecido el miércoles, es aleccionadora, un ejemplo de solidaridad y amor por el sector más vulnerable de la sociedad. Por tal motivo, si bien su labor social se desarrolló a más de mil kilómetros de Catamarca, difundirla contribuye a diseminar la semilla de su compromiso a los cuatro puntos cardinales.

Nació en Córdoba, pero de chico se mudó a un conventillo de la provincia de Buenos Aires. Fue canillita, pero ese oficio precoz y la pobreza en la que transcurrió su infancia, no le impidió terminar la escuela e ingresar a la Universidad de Buenos Aires, donde estudió Sociología.

Por su experiencia durante la niñez, y por la sensibilidad que le provocaban los niños en situación de calle que dormían en las cercanías de la facultad, decidió dedicar su vida a cobijar y educarlos. "La pobreza es una imposición: te pone una pistola en la cabeza", solía decir.

Su trabajo social fue interrumpido durante la dictadura militar, época en la que fue expulsado de la universidad y perseguido, al igual que miles de otros dirigentes sociales.

Para Morlachetti, mentor de la Asignación Universal por Hijo mucho antes de que se pusiera en vigencia, educación, trabajo y afecto son los pilares fundamentales para integrar a los niños a la comunidad en la que viven. "El principal proveedor de humanidad es el trabajo. Si yo no hubiese trabajado, no me salvaba del barro y la pobreza.

El trabajo disciplina muchísimo", fundamentaba.Con el retorno de la democracia fundó la Casa de los Niños de Avellaneda, que albergaba a los más pequeños mientras sus padres iban a trabajar, y les daba de comer. Poco después creó el hogar para adolescentes Juan Salvador Gaviota, el Movimiento Nacional Chicos del Pueblo y la biblioteca Pelota de Trapo. Pelota de Trapo, la obra por la que su nombre trascendió a nivel nacional, luego se convirtió en una fundación que, actualmente, desarrolla una serie de programas destinados a niños y jóvenes en situación de pobreza y abandono.

Hogares, panadería, granja, biblioteca, agencia de noticias, escuela gráfica, escuela de educadores populares, forman parte de su herencia.No es, por cierto, un caso aislado, pues son muchas las personas que dedican su vida a transformar, aunque sea en un universo pequeño y acotado, la existencia de pequeños que están desamparados.

Pero bien vale, en el momento de su desaparición física, difundir el legado de Alberto Morlachetti y su ejemplo para homenajear al resto, al tiempo de estimular este tipo de iniciativas que dignifican la condición humana.Ayer, en su página web, la fundación "Pelota de trapo”, publicó un texto de despedida. Un párrafo de ese escrito revela el origen de la vocación solidaria de Alberto.

Y resume con gran sensibilidad su pensamiento y su sentimiento:"Se sabía el germen de una amalgama extraordinaria. De su madre, católica, había escuchado sostenidamente que ‘cuando algún día la vida te trate duramente, tomá la mano de un pobre’. De su abuelo Antonio, anarquista, había aprendido que ‘los chicos transformaban la naturaleza y las relaciones sociales al igual que los adultos. Son forjadores de derechos y de una nueva sociedad’. Junto a los niños de los arrabales Alberto Morlachettihabía ido descifrando que, sueltos de madre, los niños deben domiciliarse en un vínculo amoroso”.

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