sábado 15 de junio de 2024
EDITORIAL

Límites a la intolerancia

La violencia campea en la sociedad, y en algunos ámbitos, donde reina el anonimato y la impunidad, los agravios se llevan...

Por Redacción El Ancasti

La violencia campea en la sociedad, y en algunos ámbitos, donde reina el anonimato y la impunidad, los agravios se llevan hasta el paroxismo y se tornan exasperantes y brutales.

Eso sucede, por ejemplo, en las redes sociales, que bien usadas pueden ser herramientas de encuentros, acercamientos, intercambio de información y recursos de difusión y divulgación; pero que también funcionan como canales para los mensajes de odio.

A veces, bajo el pretexto de la libertad de expresión, bien que debe defenderse enfáticamente, se utilizan estos espacios comunes virtuales para injuriar, calumniar, humillar, agredir y acosar a otras personas. Este uso denigrante proviene muchas veces de usuarios anónimos, pero también de personas públicas, algunas con representación institucional o política, que aprovechan los vacíos legales existentes en la materia.

Con buen criterio, y hasta tanto empiecen a generarse normas que regulen la utilización de las redes sociales, las dos principales, Facebook y Twitter, anunciaron que tomarán medidas contra las publicaciones o tuits que inciten al racismo o la violencia.

Facebook no permitirá que en esa red operen grupos y personas que hagan apología "de las actividades terroristas, de organizaciones criminales o que promuevan el odio”. 

Para accionar, los ejecutivos de esta red precisan que los usuarios que se sientan agraviados efectúen la denuncia. "Si las personas creen que hay páginas, perfiles o piezas de contenido individual que violentan nuestra Estándares Comunitarios, pueden reportarlas a nosotros dando clic en el enlace Reporte arriba en la esquina derecha”, señala el texto difundido por Facebook. Esa opción de "Reporte” aparece en páginas en español bajo el título "Informa sobre un problema”.

Twitter, por su parte, censurará la denominada "pornografía vengativa” y la publicación de imágenes sin el consentimiento de las personas que allí aparecen, además de los textos que crucen los límites de la libertad de expresión para propagar un discurso de odio.

"Algunos de nuestros usuarios por desgracia han vivido esta experiencia, y ciertas formas de agresión han pasado desapercibidas en la red porque nuestras reglas de uso y nuestros productos no tenían la capacidad de descubrir la magnitud de los daños causados por estos comportamientos agresivos”, sostienen desde la red del pajarito.

Para ambas redes, los mensajes de odio son aquellos que atacan directamente a otras personas por su etnia, color de piel, nacionalidad, orientación sexual, religiosa, su género o identidad sexual, por limitaciones físicas o por enfermedades.

El límite entre la legítima prohibición de contenidos de odio y la censura a la libertad de expresión es bastante impreciso y no puede delegarse exclusivamente en los administradores de las redes. Se requieren normas legales que contribuyan a establecer más notoriamente esos límites. Pero, por sobre todas las cosas, es preciso que los usuarios utilicen responsablemente estos canales de comunicación e interacción. El avance de la intolerancia en el mundo virtual, y real también, depende de las restricciones que la propia sociedad y el sentido común sea capaz de poner para el desarrollo de una mejor convivencia.

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