martes 18 de junio de 2024
EDITORIAL

Violencia invisible

Por Redacción El Ancasti

Durante muchas décadas, siglos según las culturas, las mujeres han debido soportar ser acosadas, intimidadas, e incluso tocadas en sus partes íntimas mientras caminaban por la calle o los espacios públicos sin que prácticamente puedan hacer nada para evitar tales situaciones.

El conjunto de estas prácticas se denomina "bullying de género” o "acoso callejero” y la semana que finaliza ha sido consagrada, en Argentina y en otros treinta países del mundo, a denunciar estas prácticas y a instalarlo como tema de debate en la agenda pública y de los medios de comunicación.

El acoso callejero incluye comentarios sexuales explícitos, seguimiento, ofensas verbales, exhibicionismo, cierres del paso y hasta manoseos, y, sigue tan vigente como siempre. Pero en la actualidad ha crecido la conciencia, sobre todo entre las víctimas, respecto de que es preciso combatir este tipo de violencia invisible. 

El titular de una de las ONG promotoras de esta iniciativa, Bullying Sin Fronteras, Javier Miglino, explica que el propósito es "dar visibilidad a este grave problema social que es el preludio de diversas formas de violencia contra la mujer, con la intención de prevenir y de lograr modificar patrones de conducta que son aceptados socialmente, según los cuales un hombre piropeador y acosador se ve como ‘canchero’ y cool y la mujer piropeada y acosada como un ser carente de emociones que tolera y eventualmente disfruta ese inmerecido acoso a su intimidad femenina”.

En algunos países ya se han sancionado leyes orientadas a combatir este flagelo, como por ejemplo en Perú, y en otros, como en Chile, hay un proyecto de ley presentado en el Parlamento.

De todos modos, alegan los especialistas, con la legislación vigente es posible denunciar a los acosadores callejeros y que éstos reciban alguna sanción o castigo. Los piropos subidos de tono, los seguimientos, los cierres de paso pueden ser encuadrados como contravenciones, pero otras modalidades de acoso pueden ser asumidos como calumnias, injurias, abuso deshonesto y abuso sexual. 

En casos extremos, algunos comportamientos pueden denunciarse como apología del crimen en torno al delito de violación o instigación a cometer delitos.

El problema es la escasa predisposición del personal policial o judicial para tomar en serio estas denuncias, lo que, por el momento, torna ilusoria la penalización del acoso callejero.

Pero debe tenerse en cuenta que algo similar sucedía hasta hace no mucho tiempo respecto de las imputaciones por violencia de género, y cómo el comportamiento del personal policial o judicial ha cambiado en cuanto a la admisión e investigación de estos casos, aunque todavía estemos lejos de lo ideal.

Paralelamente a la necesidad de castigar estos atropellos, es preciso trabajar en la concientización respecto de la nocividad de estas prácticas. Las campañas por ahora parecen no arrojar demasiado resultados, pero los avances logrados en aquellas sociedades que hace años vienen trabajando activamente en el tema, permiten albergar esperanzas respecto de transformaciones positivas en el comportamiento masculino cuando una mujer camina por los espacios públicos.


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