lunes 24 de junio de 2024
|| CARA Y CRUZ ||

Funestas facturas de la negligencia

Es notable lo eficaces que son las muertes para condensar la incompetencia estatal en Catamarca. Hace menos de seis meses, ...

Por Redacción El Ancasti
Es notable lo eficaces que son las muertes para condensar la incompetencia estatal en Catamarca. Hace menos de seis meses, una mujer murió por un accidente cerebrovascular que no fue atendido adecuadamente en el minihospital de El Rodeo. El domingo, un hombre falleció en las Termas de Fiambalá a raíz de un infarto que no pudo tratarse porque no había atención médica en el lugar, ni móvil policial, ni chofer para la ambulancia en Fiambalá -a 14 kilómetros-, ni médico de guardia en el hospital. En la edición de hoy, autoridades provinciales y municipales abren el conocido juego de las imputaciones cruzadas. Persiguen los contendientes el mismo rastrero objetivo: sacudirse el muerto del lomo y cargárselo al otro. Utópica pretensión: el muerto les pertenece a todos los partícipes del hipócrita debate, por derecho propio. Provincia y municipio, en efecto, incurren en abandono de persona con su incapacidad, su desidia y sus pigmeos cálculos. Incurren a diario, sin que los cadáveres lleguen a conmover al funcionariato.


No puede achacarse más que a la irresponsabilidad que no haya un servicio médico en las propias Termas. Que entre los cultores del termalismo sean multitud los que lo practican por razones de salud, no es suficiente indicio sobre la conveniencia de tener allí instalaciones, insumos y personal presto para cualquier contingencia. No parece ser precisamente sensatez lo que abunda; acaso se suponga en algunos círculos que los efectos de las aguas termales son tan milagrosos que basta sumergir en ellas a un muerto para que resucite, hipótesis que no se confirmó con el septuagenario malogrado el fin de semana. Al intendente vitalicio Amado "Coco" Quintar nunca se le ocurrió proveer a la salud en el paraje, con alguna porción de la plata que se especializa en requerir al Gobierno en medio de recurrentes lamentos por la supuesta discriminación a la que lo someten. Tampoco se le ocurrió al Gobierno y a su Ministerio de Salud, por cierto, que ni siquiera garantiza choferes y médicos de guardia. Pero claro... ¿a quién se le ocurre ir a infartarse justo en las saludables Termas de Fiambalá, sin tener en cuenta que no hay chofer ni médico en decenas de kilómetros a la redonda? Es probable que la manija que suele dársele al sitio provoque en los incautos la ilusión de que concurrirán a un lugar seguro, con infraestructura y servicios acordes a lo que se postula como uno de las principales atracciones turísticas de Catamarca. Muerto de por medio, ahora se sabe: hay que llevarse un médico personal, por las dudas.



Ya es hora de dejar de llamar mala suerte a la negligencia. No hubo tragedia: la muerte en Fiambalá es culpa del intendente Quintar, por no gestionar un servicio de salud adecuado para la cantidad de gente que visita su comuna, y del Ministerio de Salud, por no contar con el personal y los elementos mínimos indispensables para brindar una atención rápida y eficaz. Nada tiene que ver la fortuna en este lamentable incidente, mucho menos cuando las carencias en el sistema de salud contrastan con la cantidad de vehículos de altísima gama en que se movilizan los funcionarios, fenómeno al que cualquiera puede acceder con solo pararse unos minutos frente al playón de Casa de Gobierno. Para eso sí hay plata y celeridad administrativa: saquen los catamarqueños conclusiones sobre las prioridades de sus bienamados representantes, mientras anotan muertos. Ya pueden los jerarcas de turismo gastar saliva en reuniones y viáticos en expediciones promocionando las Termas o cualquier otro destino catamarqueño. Noticias como las del hombre muerto en las Termas por falta de atención médica son palmaria muestra de las deficiencias infraestructurales que aquejan a la provincia, que no han de salvarse con bacanas tertulias. No faltará en alguno de estos encuentros quien modere los entusiasmos con los riesgos fatales implicados en aventurarse al territorio catamarqueño. Una familia acaba de padecerlos en carne propia.
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