EDITORIAL

La Iglesia se tiñe de verde

lunes, 9 de marzo de 2015 · 04:03
Entre las muchas renovaciones que Francisco impulsó en el seno de la Iglesia Católica desde el inicio de su pontificado, debe anotarse una inédita mirada de los problemas medioambientales. 

Sus antecesores habían hecho, a lo sumo, algunas referencias al respecto. La Constitución Pastoral Gaudium et Spes, de 1965, o la Encíclica Populorum Progressio, de 1967, aluden a la responsabilidad del hombre sobre la creación. Y en el compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, de 2004, hay un capítulo dedicado al tema.

Pero es con la llegada del nuevo Papa que la problemática ecológica adquirió rasgos centrales en la prédica eclesial. Esto es así al punto que se aguarda que su primera encíclica se refiera, no a temas de moralidad, sino ambientales.

Han sido numerosas las palabras que Francisco le ha dedicado desde su llegada al Vaticano. En oportunidad de celebrarse el Día de la Tierra, en 2013, les dijo a los fieles: "Cuiden la creación. Eso quería San Francisco. La gente perdona, pero la naturaleza no”.

En 2014, a propósito del tifón que afectó a Filipinas, reflexionó: "Aunque la naturaleza está a nuestra disposición, con demasiada frecuencia no la respetamos ni consideramos como un regalo que debemos cuidar para nuestros hermanos y hermanas, incluyendo las futuras generaciones”.

Precisamente la Iglesia de ese país asiático le presentó a Francisco un nuevo movimiento eclesial denominado "Movimiento Católico Global por el Clima”, que está constituido por clérigos, laicos, teólogos, científicos y activistas, y que trabaja, desde la perspectiva de la Doctrina Social de la Iglesia, por un futuro climático sostenible. 

La clara postura crítica del Papa respecto de los efectos perjudiciales de la globalización puede inscribirse también en la preocupación medioambiental.

La posibilidad de que la Iglesia Católica elabore una encíclica medio ambiental genera muchas expectativas, incluso en organizaciones civiles que no guardan relación alguna con la religión, pero que son conscientes de que, en función de la incidencia mundial que tiene El Vaticano, su compromiso explícito con la defensa ecológica del planeta constituye un aporte sustancial e invaluable. 

El impulso dado por Francisco al protagonismo de la Iglesia en la defensa del medio ambiente no tiene, sin embargo, su correlato en las iglesias locales o de base, salvo excepciones. La mirada de éstas sobre la realidad se aferra a problemáticas más tradicionales, por lo que los pronunciamientos o documentos sobre problemas ecológicos son más bien escasos, pese a la gravedad que muchos de ellos implican para el desarrollo de las comunidades donde estas iglesias están insertas.

No es novedad, de todos modos. Los impulsos renovadores del pontificado de Francisco parecen seguir trayectos extraños, ajenos a la lógica de los procesos transformadores, pues se producen arriba y se replican abajo.
Aunque, como se señaló, esas réplicas a veces demoran demasiado, incluso en temas urgentes, relacionados con la propia supervivencia del planeta. 

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