jueves 1 de diciembre de 2022

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CARA Y CRUZ

Rehenes del atraso

Tres temporales más o menos importantes fueron suficientes para poner al desnudo las miserias estructurales de una provincia...

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Por Redacción El Ancasti
Tres temporales más o menos importantes fueron suficientes para poner al desnudo las miserias estructurales de una provincia que jamás fue pensada para las contingencias. En efecto, la idealización de Catamarca como un lugar de bellos paisajes, dueña de un enorme potencial de riqueza, cuna de antiguas culturas y residencia de buena gente no quedó apenas en un slogan publicitario. Tal concepción se internalizó en la política y la política se comportó como si su deber fuera administrar un paraíso. Se montó un parque industrial sin energía eléctrica suficiente, ni gas, ni transporte; se construyeron barrios sin servicios básicos de agua, cloacas y luz; se trazaron avenidas y calles que terminaron siendo una trampa para los transeúntes; el asfaltado no solo duraba hasta la primera tormenta, sino que tampoco estaba previsto por dónde iba a canalizarse el agua, es decir, nunca en décadas se hicieron buenos desagües (total, en Catamarca llueve poco, justificaban); las obras de tendido eléctrico fueron endebles, casi provisorias y nunca tenían mantenimiento. En general, los servicios de energía y de agua respondían a los requerimientos de una provincia y de ciudades inertes, sin crecimiento demográfico, sin desarrollo posible. 

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En estas condiciones, durante muchos años cada emergencia se solucionaba con parches. Si se caía un tendido eléctrico, se lo reemplazaba con otro similar. Si faltaba agua en un barrio, se hacía un nuevo pozo. Si se levantaba un asfaltado recién hecho, se hacía bacheo. Y si algunos vecinos protestaban por el anegamiento de su barrio, se los ayudada con un par de máquinas, algo de asistencia y se los tranquilizaba con clientelismo. Los gobernantes no demostraron, al cabo de varias décadas, tener una visión de futuro en las obras "invisibles”, o sea, en las que no eran electoralmente rentables ni demagógicamente atractivas. Jamás pensaron, por caso, en cómo hacer frente a una semana de lluvias intensas, con vientos, granizo y rayos precipitándose sobre la gente. Como tampoco imaginaron un alud devastador como el que asoló hace un año a El Rodeo y Siján. No es que no se prepararon para el apocalipsis. Simplemente no vieron, por ejemplo, la inconveniencia de permitir asentamientos o construir barrios en zonas inundables. Sus preocupaciones eran otras. Las obras faraónicas, los caprichos personales, el empleo público, los negocios con el erario. 

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Y así es como están las cosas hoy en la provincia. Tres tormentas y un caos generalizado. El fin de semana se vinieron abajo 20 postes de luz en Recreo, y ayer ocurrió lo mismo en Singuil (Ambato). También se cayeron postes en la plaza del Aviador, al norte de la Capital, y diversas líneas de media tensión salieron de servicio por caídas de árboles. El aumento del caudal del río El Tala hizo colapsar la antiquísima planta potabilizadora de la empresa Aguas de Catamarca y miles de usuarios quedaron sin agua para beber en distintos puntos de la ciudad. Las crecidas de los ríos anegó rutas en toda la provincia y el tránsito debió ser interrumpido; es decir, llovió y la gente quedó aislada e incomunicada en muchos casos. Ríos que cruzan rutas sobre las que nunca se hicieron puentes. Sucede en estos momentos en Huaycama (Valle Viejo) y en Pomancillo Oeste (Fray Mamerto Esquiú), donde sus habitantes deberán esperar que bajen las aguas para transitar. El barrio Las Tolderías, en Polcos, fue construido casi en un pozo y ayer varias viviendas quedaron inundadas. Otro tanto ocurrió con el barrio Marcos Avellaneda, en el sector Este de Capital, donde algunas calles parecen estanques de agua turbia. Y todo esto ocurre con 30 mm. de lluvia. Sin dudas, la ciudad y toda Catamarca no están listas para fenómenos mayores. Ser rehenes del atraso es el costo de aquella imprevisión histórica. 

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