jueves 2 de febrero de 2023

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CARA Y CRUZ

De todo, menos idoneidad

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Por Redacción El Ancasti
Finalmente las autoridades de la Cámara de Diputados retrocedieron en la designación del radical Pablo Gaffet como director de Taquígrafos del cuerpo. Los taquígrafos ganaron la pulseada tras advertir que no cumplirían con su trabajo en las sesiones si Gaffet continuaba en el puesto, situación a la que sólo se allanarían si el Presidente, Marcelo Rivera, creaba una oficina adicional para atender la labor específicamente técnica mientras el boinablanca se dedicaba a las cuestiones administrativas, alternativa que hubiera generado gastos adicionales para el ya desvencijado presupuesto parlamentario. No hay demasiados antecedentes de rebeliones como la de los taquígrafos de Diputados en la administración pública, pero la reacción de estos empleados legislativos podría sentar un precedente para los centenares de agentes públicos impedidos de ascender y mejorar su estándar de vida por las designaciones en los cargos jerárquicos de personas carentes de idoneidad, aunque bien palanqueadas políticamente. La mecánica de pagar favores políticos y satisfacer propensiones nepóticas con los cargos de mayor responsabilidad, y por lo tanto mejor remunerados, de la estructura estatal, destruyó la carrera administrativa y eliminó así los incentivos para el desempeño laboral. Es un mal endémico que tiene consecuencias lamentables como, sin ir más lejos, lo que ocurre en la OSEP. Sencillo: en la burocracia pública no se asciende por méritos, sino por acomodo ¿Para qué esforzarse entonces?


Gaffet es un ejemplo claro de lo dicho. Apadrinado por el ex gobernador y actual diputado nacional Eduardo Brizuela del Moral, fue secretario de Desarrollo Social de la Municipalidad de la Capital cuando su benefactor era intendente, luego diputado provincial por dos períodos consecutivos, director de Promoción Minera de la Secretaría de Minería a continuación, integrante del directorio de EDECAT cuando la firma de los Taselli fue intervenida, asesor en la Cámara de Diputados una vez que Brizuela del Moral dejó el Gobierno y ahora se aprestaba a comandar la Dirección de Taquígrafos de ese cuerpo en el contexto de los acomodos pactados entre radicales y barrionuevistas. No cabe dudas de las cualidades personales del señor Gaffet, que ha de ser un hombre muy bueno, pero esta característica empalidece ante unas aptitudes laborales ciertamente asombrosas. Un renacentista, este Gaffet, que ríase la gente de Leonardo Da Vinci. El tipo resultó ser entendido en acción social, en cuestiones parlamentarias, en minería, en energía y hasta en taquigrafía, por no hablar de los desafíos que lo esperan si Brizuela del Moral y sus correligionarios persisten en sacarle el jugo a tanto talento. Cuidado: no vaya a ser que Gaffet se les estrese y se queden sin un tipo tan polifuncional por un "surmenáge".


Llama la atención que la competencia de Gaffet en áreas tan disímiles no haya dejado vestigios en resultados concretos, pero ha de ser por su humildad, o bien porque es cultor del sabio consejo del Viejo Vizcacha: "El que gana su comida/ güeno es que en silencio coma;/ ansina, vos ni por broma/ querrás llamar la atención:/ nunca escapa el cimarrón/ si dispara por la loma". Lamentablemente para él, los taquígrafos de Diputados lo vistearon pese a su prudencia y no se mostraron muy impresionados por sus antecedentes en acción social, minería legislación y política energética. Parece que, para probarlo, le dieron un lápiz y Gaffet pensó que era para firmar la aceptación del cargo, actividad en la que es más ducho que en tomar nota de las manifestaciones verbales. Como sea, los muchachos y muchachas de taquigrafía consideraron que esto de acomodar entenados, para chorizo, ya es largo, y que poco pueden esperar de unos otorgadores de puestos y unos aceptadores cuyas caras tienen consistencia granítica. Lo hicieron en defensa de sus intereses, pero es posible una lectura más trascendente del episodio. La afinidad política, familiar o afectiva no puede ser requisito excluyente para asumir responsabilidades de gestión. Ya que la hipertrofia no se revierte, si lo que se pretende es un Estado eficiente resulta obvio que los puestos de jerarquía tienen que ser cubiertos por personas idóneas. Esto difícilmente ocurra mientras no se recupere la carrera administrativa. Lo de Gaffet, al final, es una injusticia: casos como el suyo pululan en la grilla de la administración pública sin que nadie exija competencias.
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