viernes 27 de enero de 2023

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EDITORIAL

Pederastia clerical: cicatrices para toda la vida

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Por Redacción El Ancasti
Tal vez el cambio más trascendente que ha impulsado Francisco en su gestión reformista en el Vaticano haya sido el de la admisión pública, y autocrítica respectiva, de los numerosos casos de pedofilia que involucran al clero de todo el mundo. 

Su antecesor, Benedicto XVI, había pedido perdón por los casos conocidos, pero no fue sino hasta la llegada del nuevo Pontífice, en marzo del año pasado, que la Iglesia inició una activa campaña de combate a estas prácticas deleznables.

No podía esperarse otra cosa del jefe de una institución que se basa en la prédica de Jesús, que proclamó ser "el Camino, la Verdad y la Vida" y que dijo: "dejad que los niños vengan a mí, porque de ellos es el reino de los cielos". Sin embargo, durante demasiado tiempo la Iglesia omitió pronunciarse sobre los miles de casos de abusos sexuales perpetrados por miembros jerárquicos de la Iglesia. 

Según el diario italiano La República, el Papa señaló recientemente que el 2 por ciento de los sacerdotes son pedófilos, y que entre ellos hay obispos y cardenales. Fuentes de la Santa Sede salieron luego a aclarar que no debían tomarse tales palabras de manera textual, porque el diálogo entre el Papa y el director del diario fue coloquial y no una entrevista grabada. No obstante, no desmintió la cifra publicada por el medio de comunicación. 

Francisco tuvo el valorable gesto de recibir personalmente a algunas personas que padecieron la pederastia clerical en distintas partes del mundo, lo cual marca un punto de inflexión en la relación entre las víctimas y el Vaticano, considerando que hasta hace poco las denuncias de este tipo eran ignoradas en la Iglesia, y sólo tenían cabida en los medios. 

El Pontífice señaló que estos abusos "han dejado cicatrices para toda la vida, esas heridas son fuente de profunda y a menudo implacable angustia emocional y espiritual. Incluso de desesperación. Muchos de los que han sufrido esta experiencia han buscado paliativos por el camino de la adicción. Otros han experimentado trastornos en las relaciones con padres, cónyuges e hijos. El sufrimiento de las familias ha sido especialmente grave ya que el daño provocado por el abuso, afecta a estas relaciones vitales de la familia. Algunos han sufrido incluso la terrible tragedia del suicidio de un ser querido. Las muertes de estos hijos tan amados de Dios pesan en el corazón y en la conciencia mía y de toda la Iglesia”. 

La prédica de Francisco contra la pedofilia ejercida en ámbitos religiosos tiene un valor enorme por su calidad de jefe máximo de la institución, pero tendrá un efecto restringido si su prédica no es asumida como propia, no solo en la conciencia sino también en los actos concretos, por los demás miembros de la Iglesia Católica. 

No basta con pedir perdón, ni suponer que la pederastia clerical es apenas, "un pecado cometido por hermanos que se apartaron del camino de Dios”. Se trata de una gravísima práctica delictiva que debe denunciarse y erradicarse.

Los templos deben ser la casa de Dios y no escondites de delincuentes.
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