EDITORIAL

Mucha información, escasas competencias

Trascendiendo los problemas recurrentes de la educación que están en la superficie del debate....
miércoles, 21 de mayo de 2014 · 06:00
Trascendiendo los problemas recurrentes de la educación que están en la superficie del debate –salarios docentes, estados de los edificios escolares- aparecen las discusiones de fondo, referidas al rol de la escuela en el siglo XXI. Esto es, el paradigma educativo propio de la época que vivimos, que a su vez pueda acompañar eficazmente los otros paradigmas sociales.

De hecho, si vivimos en una sociedad del conocimiento, la escuela debe ser el aval de que ese conocimiento sea un bien disponible para todos, distribuido de tal manera que garantice la igualdad de oportunidades.

En la segunda década del siglo XXI hay una tendencia en la educación argentina, y por ende en la provincial, a replicar el modelo clásico de la escuela propio del siglo XIX. Las diferencias más notorias con aquel modelo radican sólo en la incorporación de nuevos materiales didácticos y tecnología. Pero la aparición de computadoras en las aulas no implica, ni mucho menos, alterar significativamente el viejo sistema.

El nuevo paradigma educativo postula, básicamente, pasar de los "saberes” a las "competencias”. La escuela clásica se esforzaba en lograr que los alumnos incorporaran información. Es decir, que "supieran”. El nuevo paradigma, en cambio, pone su foco en las competencias. La competencia es "saber hacer”. 

En su trabajo "El nuevo paradigma de la Educación para el siglo XXI”, la socióloga Inés Aguerrondo, experta en temas educativos y consultora de la UNESCO, sostiene que "el término competencia hace referencia a un conjunto de propiedades de cada uno de nosotros que se están modificando permanentemente y que tienen que someterse a la prueba de la resolución de problemas concretos, ya sea en la vida diaria o en situaciones de trabajo que encierran cierta incertidumbre y cierta complejidad técnica”.

Además de "saber”, es imprescindible, para la inserción de los alumnos en el mundo laboral y productivo, que sean "competentes”. El problema es que en nuestras escuelas, por lo general, sólo se mide o juzga el saber, pero rara vez la aplicación práctica de esos conocimientos. 

Es imperativo no sólo cambiar los planes de estudio –lo que se hace permanentemente- sino, particularmente, las metodologías de enseñanza. Aguerrondo entiende que "pasar de los saberes a las competencias (…) es realmente importante no sólo porque en una democracia todos tienen derecho al conocimiento, sino también porque la buena formación de todos los ciudadanos es hoy el mejor pasaporte hacia una sociedad productiva e integrada socialmente”.

Muchas de las reformas implementadas en el campo educativo en los últimos años persiguen los propósitos del nuevo paradigma, pero pocas de ellas han logrado plasmarse en la práctica. 

Tal vez porque lo que se requiere, más que una reforma, es una transformación estructural, que necesita, tiempo, voluntad política y, fundamentalmente, una capacitación acorde de los docentes para que estén preparados para enfrentar el desafío.

Mientras eso suceda, nuestras escuelas seguirán formando alumnos con mucha información, pero escasas competencias.
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