Atrofia democrática

domingo, 18 de febrero de 2007 · 00:00
Sin excesivas alarmas, con la pasividad del habituado, los riojanos asisten a un proceso con el final aún abierto, cuyo resultado circunstancial es contradictorio con los acontecimientos que lo jalonaron.

La saludable eliminación de la reelección indefinida del Gobernador y de la ley de lemas surge de una saga de sabotajes e intrigas palaciegas pergeñadas sin pruritos republicanos, en reservados cenáculos inmunes a cualquier crítica y sanción. Para los riojanos rasos, la trama que tanto escandaliza al sensible espíritu democrático del país se reduce a una disputa entre el gobernador Ángel Maza y su vice Luis Beder Herrera que en nada afecta el normal desarrollo de sus existencias.

Maza y Beder rompieron una sociedad política de años. El vicegobernador urdió pacientemente desde la Legislatura la maniobra para desplazar al mandatario e impedir que se presente por cuarta vez consecutiva para un nuevo período. Aliado con la mayoría de los legisladores, detonó el conflicto de poderes que acabó con la derogación de la reelección indefinida y el sistema de lemas que convierte a los comicios en meros trámites de ratificación para los oficialismos, luego de duros enfrentamientos que incluyeron la toma del Palacio Legislativo por parte de los funcionarios mazistas a fines del año pasado. Y todavía tiene en las gateras, prestas, cuatro iniciativas para suspender a Maza en el ejercicio de la Gobernación de ser necesario.

El Gobierno nacional, que apoyaba a Maza, resolvió dejar que la crisis siga su rumbo, escarmentado acaso por la experiencia de Misiones, donde el obispo Joaquín Piña derrotó al gobernador Carlos Rovira, crédito de la Rosada que pretendía estatuir, precisamente, la reelección indefinida derogada en La Rioja. La intervención nacional se ha limitado a las clásicas declaraciones de compromiso sobre el respeto de la institucionalidad.

En medio de la pelea entre los dos máximos exponentes del poder riojano, el ex senador y actual embajador en México, Jorge Yoma, recuperó protagonismo y chances de llegar a la Casa de Gobierno, con el más que probable aval de la Presidencia.



Descomposición



El traumático derrumbe del gobernador "Didí" Maza es producto de la descomposición de un sistema institucional y político caracterizado por el partido único, la ausencia de oposición y el manejo arbitrario de los resortes del Estado para conservar el poder.

La derogada reelección indefinida, cuya vigencia en la mayor parte del país empezó a extinguirse a partir del fracaso de Rovira para imponerla en Misiones, no es el peor vicio de la democracia riojana. La ley de lemas permite a un mismo partido político presentar tantos candidatos como se le antoje y luego sumar los votos de todos ellos a favor del que haya obtenido más, en una desnaturalización de los principios democráticos que abre la puerta a todo tipo de abusos y alquimias.

En el Poder Legislativo riojano, además, no existe la oposición, porque el sistema electivo, también eliminado ahora por la rebelión bederista, hizo prácticamente imposible el acceso al parlamento de los representantes de fuerzas ajenas al oficialismo al no contemplar la distribución proporcional de los escaños.

De tal modo, si algo puede destacarse de la democracia riojana es la atrofia de sus instituciones, meras simulaciones, acumulaciones de rituales sin otros efectos prácticos que la petrificación de los poderes absolutos para el gobernante, devenido de tal modo en monarca.

Era un sistema hecho para garantizar la permanencia y aplastar cualquier potencial foco disidente. Tan bien cerrado estaba el feudo, que su caída sólo pudo producirse desde adentro, con el concurso de la traición. Que no otra cosa es lo de Beder con respecto a Maza, aunque se disfrace de patriótica gesta liberadora. Y aunque sus efectos sean finalmente benéficos.



Reelecciones



Desde Misiones y Piña, la prueba de la deficiencia democrática es la reelección indefinida. Siempre es cómodo encontrar conceptos por el estilo. En una época solían fatigarse las conciencias con el nepotismo, cuestión que resulta inconveniente sacar a relucir cuando el presidente Néstor Kirchner impulsa a su propia esposa Cristina como sucesora.

Las desmesuras riojanas, afortunadamente para algunos, resultan útiles para intentar minimizar las miserias autoritarias propias.

La reelección indefinida es, no obstante, una mácula institucional, sobre todo en distritos como el riojano o el catamarqueño, en los que la utilización de la estructura estatal y los recursos públicos en las campañas electorales forman parte de la tradición y el derecho consuetudinario.

Si bien es cierto que limitar las posibilidades de que una misma persona sea reelecta hasta el infinito no asegura un impecable funcionamiento del sistema democrático, tampoco pude sostenerse que su vigencia sea inocua.

Uno de los inconvenientes de la política nacional es, precisamente, que las carreras políticas carecen de techo. En el plano teórico, un dirigente puede pasarse la vida siendo Presidente de la Nación con el sencillo trámite de dejar pasar un período cada dos mandatos, utopía en la que los jefes de Estado reinciden porfiadamente a pesar de los reiterados fracasos. Es así como los sucesores, con idénticos afanes de perpetuación, dedican sus esfuerzos mayores a destrozar a los antecesores para anular cualquier posibilidad de retorno. Todo se vuelve entonces muy cruento y fatal para los prestigios, así el ex gobernante haya sido el mismo Cristo redivivo.

Peor es el caso cuando las posibilidades de reelección son indefinidas, ya que ni siquiera es preciso abandonar la guanaca por un período para poner a riesgosos testaferros que serían fáciles víctimas de tentaciones revolucionarias.



El trío nacional



El caso es que Catamarca forma parte de trío de provincias en las que todavía la reelección indefinida continúa en pie. Las otras son Formosa y Santa Cruz, dos distritos que no se destacan precisamente por la pureza de sus prácticas cívicas.

Las elucubraciones teóricas cobran atractivos visos de realidad. En Catamarca nunca cambió el signo político del Gobierno por elecciones. Y los cambios de nombres obedecieron a circunstancias fortuitas o a la directa intervención del poder nacional.

Alcanzará con un repaso desde 1983 para comprobarlo: Ramón Saadi cedió el puesto de Gobernador de su padre Vicente en 1987, para retomarlo cuando Vicente se extinguió físicamente. Ramón fue desplazado por una Intervención Federal que dispuso de la estructura del Gobierno para entronizar a Arnoldo Castillo, a quien sucedió su hijo Oscar cuando ya no le quedaba resto físico para seguir al frente del Poder Ejecutivo. La Gobernación de Eduardo Brizuela del Moral es fruto de la retirada de Oscar, quien huyó espantado cuando todo el poder del entonces presidente Eduardo Duhalde le cayó encima para apoyar a Luis Barrionuevo. Cuando el poder duhaldista se diluyó, se acabaron los inconvenientes: Brizuela del Moral va ahora por la reelección aliado con Kirchner, alianza que le resultó ineludible porque, de no hacerla, sufriría en carne propia, manos de Kirchner -que lo derrotó en 2005-, lo que sufrió su antecesor Oscar a manos de Duhalde.

La conclusión es obvia: de no mediar una intervención federal, un golpe de Estado o un juego fuerte financiado por la Casa Rosada -es decir, de estar aislada la institucionalidad catamarqueña en su propia dinámica- un mismo dirigente tendría grandes posibilidades de ser Gobernador durante toda su vida.



Contagio



Las reelecciones son una verdadera fiebre. No se trata sólo del Gobernador. En los municipios pasa exactamente lo mismo, y ya la Justicia echó por tierra la limitación que establece la ley Orgánica de Municipalidades al considerar -con alguna razón- que no tienen por qué los intendentes tener coto legal alguno a sus ansias de permanecer si ningún otro propietario de cargos las tiene. Las listas legislativas son un muestrario de reelecciones y rotaciones de los mismos personajes que permanecen en sus poltronas cambiando de partido o de sector. Las bancas son consideradas premios y becas que se otorgan de acuerdo al hígado de los capangas, sin exhibir otro mérito que no sea la obediencia acrítica y la obsecuencia. Cerca está -si no a ha ocurrido ya- el momento en que directamente el escaño se subaste, como se hacía en tiempos de la España Imperial con puestos públicos desde los cuáles se podía recuperar en poco tiempo la inversión.

En el oficialismo, la apropiación de las bancas está facilitada por la manipulación del erario. Y en la oposición, por el control de la estructura partidaria que impide el ascenso de cualquiera que no responda a las jefaturas y a los pactos de ocasión.

Es necesario, sin dudas, avanzar en reformas profundas. Pero para empezar, para enviar una mínima señal esperanzadora, la política podría ponerse de acuerdo en derogar la reelección indefinida y limitar las posibilidades de reelección en otros cargos. Como para empezar a revertir la atrofia democrática.

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