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El Hospital de La Merced

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27 de septiembre de 2006 - 00:00
Lo natural hubiese sido que el único centro estatal destinado a la atención en el área de la salud mental -el Hospital Neuropsiquiátrico de La Merced- hubiese sido, en el conjunto de los establecimientos hospitalarios de la provincia, un lugar de particular atención de parte de los gobiernos. Por la naturaleza de sus destinatarios, que demanda condiciones sin duda especiales y por la necesidad de que se vea que la salud mental ya ha sido asumida por el sistema público de salud como la otra cara del bienestar humano que ha sido reconocida tardíamente y todavía no con la suficiente decisión de protegerla y acrecentarla. Y, además, por lo que ya se ha señalado, esto es, por tratarse del único refugio público que tienen los catamarqueños afectados por trastornos mentales.

Lo natural hubiese sido, además, que la salud mental contara aquí con un centro exclusivamente reservado para esa área de la salud general. En La Merced, el hospital de esa localidad paclinense también funciona como centro de medicina clínica, de modo que el espacio resulta compartido -pese a las localizaciones internas- por enfermos de dolencias comunes y por pacientes con afecciones neurológicas.

La urgencia de un establecimiento dirigido sólo a atender la salud mental ya ha sido señalada en más de una ocasión anterior. Ahora se ha hecho más evidente por el incremento de la demanda neuropsiquiátrica -se afirma que la Justicia ha multiplicado los internos por las derivaciones que ordena-. El exceso de internaciones ha obligado a alojar a algunos enfermos mentales en el sector de pacientes comunes, con los trastornos que ello provoca.

No es la única consecuencia de la falta de espacio en el sector de la salud mental. Autoridades del Hogar de Ancianos manifestaron que están recibiendo pacientes remitidos desde La Merced, personas con patologías del todo imposibles de atender en el hogar.

El hospital de La Merced, además, no tiene un especialista permanente y exclusivo para los enfermos mentales, y esto determina que en ocasiones los profesionales clínicos deban prescribir medicamentos.

El hacinamiento, por otra parte, no hace mucho llevó a los trabajadores del hospital a una protesta por el exceso de internos y por la insuficiencia de personal en condiciones de contener a un tipo de enfermos tan particulares.

Se asegura que en esa oportunidad, las autoridades se comprometieron a designar un profesional psiquiatra y a efectuar las refacciones necesarias de inmediato. Pero ni una ni otra cosa llegó a concretarse.

De esta manera, la situación es la misma que viene desde hace mucho, salvo en aquellos aspectos en que se ha agravado. El Hospital Neuropsiquiátrico de La Merced no es sólo centro de salud mental. En verdad, es un sector de un hospital común, con todo lo que ello significa en términos de calidad de la atención, de bienestar de los pacientes, de tranquilidad de las familias de los internos y de posibilidades de alivio y curación de los enfermos.

No es la pupila de los ojos del sistema provincial de salud, sino más bien la Cenicienta. Tampoco la revelación de un serio compromiso con la salud mental. Ni siquiera un lugar que al menos resultara cómodo para quienes, enfermos, profesionales y empleados, viven en él y afrontan diariamente las consecuencias de un déficit inadmisible en una provincia que, según se dice, crece y se desarrolla como nunca antes.

¿Tendrán los catamarqueños, alguna vez, un hospital exclusivamente neuropsiquiátrico, en La Merced o en otro lugar si fuese conveniente, pero del que pudieran sentirse orgullosos y que les confirmara que están viviendo en el siglo XXI y no en los tiempos en que los enfermos mentales eran abandonados a su suerte o arrojados al mar en barcas que no podían conducir sino hacia la muerte?

Por lo que señala la información, la Subsecretaría de Salud maneja un plan para reestructurar el modelo de salud mental provincial. Es de esperar que se trate de un plan verdaderamente innovador y no sólo una nueva forma de armar, aunque tal vez con algún beneficio, el mismo esquema del presente, ya suficientemente probado como para intentar apenas un remozamiento.
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