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25 de septiembre de 2006 - 00:00
Alguien importante afirmó, no hace mucho, que "antes que hacer las cosas mal, es mejor no hacerlas", tal vez sin advertir que refutaba con ello aquella famosa sentencia sarmientina del "hacer las cosas mal, pero hacerlas".

Las dos afirmaciones pueden defenderse o rechazarse, lo que equivale a decir que habrá gente para ambas.

Pero todos coincidirán que lo que indiscutiblemente está mal es empezar las cosas y dejarlas por la mitad, o apenas iniciadas o a punto de terminarse. Las cosas buenas, se entiende.

Esto parecen saberlo los vecinos del barrio Eva Perón que esperaban la construcción de un puente sobre el arroyo Fariñango que los comunicase con el vecino barrio San José Obrero y con el sector céntrico de la Ciudad.

Mientras la anhelada obra era sólo recurrente demanda ante las autoridades municipales, el paso del arroyo era sacrificado pero posible, pues habitualmente el curso de agua es escaso. Pero ahora las dificultades se han multiplicado exponencialmente debido a que la construcción del puente, cuya iniciación había alegrado tanto a los vecinos del Eva Perón como a los del San José Obrero, se suspendió sin previo aviso y las estructuras que debían facilitar la comunicación, al quedar abandonadas, se convirtieron en agravantes de la situación, pues el agua se acumula en mayor medida y lo que antes era una incomodidad ahora es una aventura riesgosa.

La descripción hecha por un vecino es por demás gráfica:

“La gente -dice- tiene que saltar el camino de piedras para pasar, los remises dejan a la gente a pie porque no quieren pasar". Añadió que "de noche nadie se anima a cruzar por miedo a que se quede el vehículo o por la inseguridad que genera”.

La obra, siempre según los vecinos, fue adjudicada a una empresa privada en junio, pero las actividades no superaron el término de dos meses y se interrumpieron porque los operarios dejaron de trabajar, supuestamente por las dificultades para lograr que se les pague.

También refirieron los vecinos que “antes de retirarse los empleados hicieron unos tacos en las puntas del murallón, pero se rompieron todos, y eso hace que continuamente salga agua de los pozos" y que "antes, cuando no estaba el puente, el agua corría por el medio del arroyo, en cambio ahora se extendió más, entonces tenemos que taparla con piedras y escombros para que no avance, así que tenemos las palas a mano para cercar continuamente el agua".

Pero lo que más molesta a los habitantes de la zona es el hecho de que no hayan tenido ninguna información, explicación, ni forma alguna de satisfacción moral de parte del Gobierno Municipal de la Capital. Esto hace que ignoren qué ocurrirá en el futuro y al mismo tiempo, que se incremente la inquietud por los muchos otros problemas que tienen esos comprovincianos capitalinos, tales como los del alumbrado público, el de la carencia de cloacas y pavimento, la inseguridad y el basural que rodea al arroyo.

Aunque no lo hayan dicho explícitamente, puede deducirse, de la situación que sufren, que esperan que las soluciones para los otros problemas, que apenas han enumerado, no sean nuevas obras inconclusas que agraven aun más la experiencia a que se sienten condenados.

Volviendo al primer párrafo de la nota, debe observarse que las dos sentencias que allí se apuntan son contradictorias, esto es, opuestas, por lo tanto no pueden ser verdaderas las dos; una necesariamente es falsa y la verdad según el principio lógico del tercero excluido, no puede estar en un tercer juicio. Parece que, al menos en este caso, el perdedor no es otro que el ilustre sanjuanino.
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