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¿La hora de los animales?

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19 de septiembre de 2006 - 00:00
Con frecuencia trasciende la queja de que en la Ciudad hay excesiva cantidad de perros sueltos a los que nadie cuida. Los llamados telefónicos a la sección de EL ANCASTI destinada a los lectores emiten mensajes que a veces están animados por la compasión, en otras oportunidades por la indignación contra la irresponsabilidad de tantos amos que los abandonan, y más de una vez, por el rechazo a la situación de riesgo que significan esas jaurías de salud incierta y a veces de temible agresividad.

Se sabe que la entidad protectora de animales está desbordada por la demanda y, además, sus posibilidades de institución no gubernamental son escasas frente a las necesidades.

Por esto complace saber que se ha puesto en marcha una campaña de desparasitación que empezó en el barrio Choya, en sus sectores “B” y “C”, donde el Área Ambiental del PROMEBA (Programa de Mejoramiento de Barrios) está censando y desparasitando perros, de acuerdo con las previsiones de la primera etapa de su campaña.

Un informe de dicha Área Ambiental hizo saber que fueron visitadas 200 familias y que se registraron 128 animales que recibirán el tratamiento planificado. Se estima que en la zona hay más de 450 perros, lo que da una idea de la magnitud de la amenaza para la salud humana, habida cuenta de que carecen de atención veterinaria y de cuidados mínimos.

También apunta, el informe, que se ha comprobado que un 54 por ciento de los niños del sector tienen parásitos, por el contacto diario con los animales. Se destaca, además, que la población de ese barrio está compuesta mayoritariamente por indigentes que sufren la estrechez económica e insuficiencias en materia de agua potable y educación.

En estas condiciones, la proliferación de parásitos cuenta con inmejorable estímulo. Por lo que se ve, la tarea que se ha impuesto el PROMEBA responde estrictamente a sus objetivos de mejorar la calidad de vida de la población con necesidades básicas insatisfechas, pues no hay duda de que los animales sanos contribuyen a lograr el ideal de una población humana sana.

La segunda etapa de la campaña no será menos significativa que la primera. Consistirá en el control anticonceptivo de los animales censados, que ojalá se efectúe mediante la esterilización quirúrgica de machos y hembras. Sólo la vía quirúrgica es garantía total de infecundidad, pues otros métodos requieren una participación humana de carácter cíclico que podría no asumirse con la constancia requerida.

La necesidad de limitar la cantidad de los nacimientos es imperiosa. Si hay perros sueltos y abandonados a su suerte, en tantos casos, no ha de ser sólo por insensibilidad de la gente. Tal vez ocurra que hay más perros que los que la gente puede mantener. Y esto puede comprobarse con sólo recorrer la Ciudad, en especial los barrios periféricos.

También juegan en favor de dicho exceso factores culturales y económicos: no hay suficiente conciencia en relación con la conveniencia de la esterilización, ni, por otra parte, recursos como para acudir al veterinario que debe ejecutar la intervención.

Esa segunda parte de la campaña es tan importante como la desparasitación actualmente en curso. Regulados los nacimientos, se evitará el doloroso trámite del envenenamiento a que suele recurrirse con gesto increíble en estos tiempos de incremento de la solidaridad humana con los “hermanos” menores, como llamaba San Francisco de Asís a los animales.

Asimismo, el hábito esterilizador reducirá o eliminará el penoso espectáculo de los perros abandonados que, en jauría o en soledad, son conmovedores exponentes de la deshumanización de la sociedad que los priva de techo, alimento, atención sanitaria y afecto.

PROMEBA no sólo podría alcanzar las metas que lo sustentan. Podría, además, de proteger la salud en los sectores más vulnerables, contribuir a la construcción de una comunidad más humana.
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