viernes 27 de mayo de 2022

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Las crisis que alimenta la crisis institucional

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17 de septiembre de 2006 - 00:00
Furibundos reproches de los potenciales y codiciados aliados de la Presidencia mereció la declaración de la emergencia energética del Gobierno catamarqueño, difundida casi en paralelo a las negativas del ministro Julio de Vido a las versiones de que semejante situación aceche a la Argentina.

Inoportuna desde el punto de vista político, se trató en todo caso de una redundancia provinciana: en Catamarca no hacen falta declaraciones para confirmar una crisis que es crónica.

Las manifestaciones pretenden atenuar los efectos que podría tener en el espíritu de la población un verano con electricidad racionada, cuyos rigores habrán de morigerarse con el auxilio de los coloniales abanicos. Si bien extrañaron, por lo obvias, a los sufrientes usuarios resignados ya a padecer servicios de características africanas, ameritan el festejo: ha descubierto el Gobierno, al fin, que el mate tiene agujero. Justo es entonces que se autoatribuya el crédito intelectual por tan importante logro, con las fanfarrias habituales.

La posición de EL ANCASTI respecto del desempeño de las empresas de servicios públicos es conocida. La ausencia de inversiones, sumada a una expansión urbana caótica, incentivada por el afán electoralista de entregar viviendas como si fueran confites, desembocó en el colapso.

En el caso de EDECAT, acumuló durante más de una década, y fueron denunciadas puntualmente, no solo deficiencias, sino también acciones lindantes con el delito, cuando no directamente emparentadas con incursiones de filibusteros, como las sobrefacturaciones, los fraudes a través de la manipulación de medidores o la malversación de fondos nacionales para obras de infraestructura.

La firma, sin embargo, no tiene como objetivo la beneficencia pública y aprovechará cualquier hueco que encuentre para incrementar sus ganancias.

EDECAT responde a su capitalista naturaleza, como el ingrato escorpión del cuento, que no pudo dejar de picar a la rana aunque ésta lo ayudara a cruzar el río. La ventaja en Catamarca para los escorpiones es que las ranas no sólo son ranas, sino también irrecuperables giles a merced de cualquier aventurero que tenga la suerte de asociarse con quienes digitan las teclas del sector público.



Coartadas

La crisis energética, y tantas otras crisis, no son en definitiva más que la expresión de una crisis madre de carácter institucional, que tiene en los municipios su manifestación más palmaria.

Porque no es sólo que el Gobierno y el ENRE jamás hayan ejercido sobre la firma los controles correspondientes. Además de prestarle tan preciado servicio a los concesionarios, se ocupan de proporcionarles coartadas para que puedan explicar los catastróficos resultados que diez años de actividad privada tuvieron sobre la calidad de vida de los catamarqueños.

Durante la renegociación del contrato por la distribución de la energía eléctrica, EDECAT se atrincheró en un argumento de hierro: no había hecho las inversiones en infraestructura a las que estaba obligada porque el sector público le adeudaba millones de pesos. En tales condiciones, sostuvo conmovedoramente, fue imposible invertir.

Los principales morosos eran los municipios. Se balancearon los números y la empresa quedó con un saldo a favor superior a los 34 millones de pesos, que supuestamente irán a un fondo fiduciario para, ahora sí, poner en condiciones la subdesarrollada infraestructura energética.

Los intendentes, lejos de hacerse cargo de su responsabilidad, no perdieron tiempo en exigir que el Gobierno les pagara las deudas, cosa que consiguieron.

Y así, nadie tuvo la culpa de nada. Como nadie tiene la culpa de los 50 millones que hay que pagarle a la ANSES por las matufias provisionales del traspaso de la caja; o de las compras directas en Acción Social; o del vaciamiento del Banco de Catamarca.

El Gobierno no sólo paga sin chistar. También garantiza la impunidad de los culpables, a quienes no señala ni persigue judicialmente. Su benévola actitud raya a esta altura con la complicidad.

Si se le pregunta a EDECAT por qué razón nunca accionó contra los intendentes morosos ni les cortó la luz como a cualquier vecino raso, con seguridad sacará a relucir su altruista deseo de preservar el interés público. Pero en realidad, que los intendentes sean morosos le vino de perillas para quitarse de encima la obligación de cumplir con las cláusulas del contrato que le signifiquen gastos.

En este sentido, se pusieron chochos esta semana al conocer la noticia de que los intendentes son también como el escorpión del cuento y no pueden zafar de su naturaleza irresponsable: desde agosto del año pasado, la mayoría dejó de pagar la luz y adeudan, hasta la fecha, más de 3 millones de pesos.

Un verdadero regalo del cielo para las águilas energéticas. Ya tienen lista la defensa para la próxima renegociación. De seguir así las cosas, sólo tendrán que tomarse el trabajo de modificar las fechas de la que con tanto éxito esgrimieron ahora.



Cáncer

Las municipalidades se han transformado en un cáncer para el erario. Declaman autonomía pero son incapaces de administrar sus recursos con mediana eficiencia. El Tesoro provincial tiene que salir periódicamente en su auxilio, formando una bola de nieve de impunidad, en la que las conductas inconvenientes son premiadas con la solución de los problemas que generan sin el correlato de la sanción.

Por si fuera poco, sobre la irresponsable actitud de los jerarcas comunales se montan escándalos sin solución de continuidad, corruptelas de todo pelo y laya y la fantochesca actividad de los Concejos Deliberantes tipo Valle Viejo, escenario la mayoría de las veces de espectáculos que el payaso Piñón Fijo brindaría no sólo con mayor calidad y profesionalismo, sino también más dignamente y a un costo significativamente menor para el bolsillo del contribuyente.

Lo del servicio de energía, que se empeñan en no pagar seguros de que en el futuro alguien les resolverá las incomodidades, es sólo un botón de muestra.

Les entregaron para que administren las regalías mineras y lo único que han sabido hacer es malversarlas, con tanto entusiasmo que cobra importancia un proyecto presentado por el kirchnerista Raúl Jalil para que estos recursos se unifiquen en un fondo fiduciario que garantice su inversión en proyectos dirigidos a promover la producción.

Un caso concreto: el señor intendente de Andalgalá, José Perea, está a punto de pagar con fondos de las regalías mineras casi 900 mil pesos por una parcela de 4,5 hectáreas para construir una terminal de ómnibus récord, ya que sería de mayor extensión que la de Retiro y la de Nueva York juntas.

El valor que ha adquirido la tierra andalgalense es realmente notorio. Ni en Puerto Madero cuesta tanto. A ese paso, la terminal de Andalgalá será más cara que el hotel de Alan Faena, quien ya está pensando en instalar una sucursal en la Perla del Oeste para aprovechar semejante "boom" inmobiliario.
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