lunes 17 de enero de 2022

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Celebración, esfuerzo y servicio

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15 de septiembre de 2006 - 00:00
La idea de que debe combatirse el trabajo prematuro -el que afecta a menores de 18 años- pudo haber llevado al extremo de que se crea que no pueden exigirse esfuerzos, en el caso de los estudiantes, que no tengan directa relación con el estudio. Y aun en este campo suelen oírse quejas contra docentes que se juzgan proclives a recargar a sus alumnos con exigencias presuntamente excesivas.

La necesidad de crear una cultura del esfuerzo ha sido latiguillo insistente desde los 90, pero ello no modificó sustantivamente la situación, pues las tendencias facilistas no cesaron, en gran medida por el temor de que un mayor nivel de requerimientos agrave el índice de fracaso que hoy es motivo de preocupación nacional.

Pero si en este ámbito los deberes se suavizan hasta límites que debieran observarse, la idea de que los estudiantes pudiesen desarrollar alguna actividad productiva vinculada más con una pedagogía de objetivos conductales que de exclusivo conocimiento podría parecer escandalosa. Que los alumnos ocasionalmente participen en las tareas de limpieza de su escuela -y esto ocurre, alguna vez, sobre todo en el interior de la provincia- suele verse como un atropello, como un abuso, por padres demasiados sensibles en lo que respecta al trato que reciben sus hijos fuera del ámbito familiar.

Y si cierta vieja aspiración de que las escuelas de adolescentes -no sólo las técnicas y agropecuarias- fuesen, además, centros de trabajo, tuviese concreción, chocaría contra la resistencia de no pocas familias que vivirían la experiencia como un agravio.

Hernández Ruiz, el recordado pedagogo mexicano ha objetado duramente la persistencia de sistemas escolares desconectados del trabajo. No ahora, sino hace más de medio siglo. Sostuvo que los estudiantes son unos señoritos que absorben considerable parte de los recursos familiares y que no producen nada, por lo que resultan verdaderos parásitos. Y reflexionó sobre las consecuencias morales de esa carencia de formación de hábitos productivos.

De Tinogasta llega la noticia de que hoy todos los alumnos de EGB3 y Polimodal de la cabecera del departamento participarán de una tarea no habitual: limpiar los ingresos, puentes y paseos públicos de la ciudad, con el propósito de que los festejos de la Semana del Estudiante tengan un escenario más decoroso y amable.

La iniciativa nació en uno de los cursos de uno de los establecimientos del medio. Concebida como un proyecto escolar del área de Ciencias Políticas, fue elevada al Concejo Deliberante, pues contempla la colaboración municipal, que se materializará a través del camión recolector que recogerá las bolsas que acumularán los estudiantes y las trasladará hasta el basural.

Los organizadores informaron que se conformarán brigadas de trabajo que efectuarán la tarea sobre todo en el acceso por la ruta 60, en la ruta 3 en la zona conocida como El Zanjón, en el Puente de San José, en el camino a la Cuesta de Zapata y en los accesos al barrio La Paz.

Los estudiantes de las otras escuelas han sido invitados a sumarse al emprendimiento surgido del tercer año del Colegio Sor Pierina, y hay confianza en cuanto a una positiva respuesta, por más que existe una tradicional propensión a la reserva mental en relación con todo aquello que signifique compartir propuestas no nacidas en el propio sector.

Se sabrá, después, si las observaciones apuntadas más arriba se confirman hoy en Tinogasta. Esto es, si los estudiantes participan en lo que es una actividad escolar no convencional, si las familias están convencidas de que proyectos como éste son importantes y si resulta comprensible que se introduzca el trabajo en un momento del año en que los estudiantes están dominados por el ansia de festejos y de abandono de responsabilidades.

Será bueno que se evalúe prolijamente la experiencia. Y que se repare en lo mucho que los adolescentes pueden hacer para abstraerse de los comportamientos egoístas, irresponsables e improductivos a que están hoy tan expuestos.
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