martes 24 de mayo de 2022

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Al borde de un yerro histórico

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14 de septiembre de 2006 - 00:00
Si es verdad que el silencio otorga, entonces habría que dar por sentado, ante la ausencia de desmentidas o aclaraciones oficiosas, que el proceso licitatorio que se pondrá en marcha para la nueva concesión del servicio de agua potable y cloacas en el Valle Central tendría la puerta abierta para que vuelva a presentarse la empresa de capitales españoles Aguas del Valle S.A. Y si nada impide que pueda intervenir en la competencia, por lo tanto tampoco hay nada que le impida ganarla y quedarse nuevamente con la concesión del servicio. Al fin y al cabo, los de la madre patria corren con una ventaja comparativa enorme respecto a los demás oferentes: la experiencia en el medio, el conocimiento de lo que hay y falta y, sobre todo, una buena relación con el poder de turno. Tan buena que hasta compartirán, por tres, cuatro o cinco meses, el gerenciamiento de la empresa con el Estado provincial, hasta tanto se cierre un proceso que, en los hechos, apenas ha superado el carácter de borrador.



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La posibilidad de que Aguas del Valle pueda quedar otra vez al frente de la concesión del servicio, como fue señalada por un diario de tirada nacional especializado en economía y finanzas, no sería nada descabellada en aquel contexto. En caso de que los hechos lo terminaran confirmando, en primer lugar quedaría al desnudo que la licitación pública nacional e internacional fue armada ex profeso con ese fin. Y en segundo lugar se consumaría una verdadera contradicción en materia de política de gobierno: la empresa cuyo contrato fue rescindido por claros y reiterados incumplimientos del contrato, nuevamente sería favorecida con el otorgamiento de la concesión. Más aún, esta vez, incluso, contaría con una obra monumental que ejecutará la Provincia, el acueducto Las Pirquitas-Capital, con un presupuesto inicial de 34 millones de pesos. Una obra que, en teoría, solucionaría en gran medida los problemas de abastecimiento en esta ciudad generados, también en gran medida, por el colapso de los pozos subterráneos que contaron con poco y nada de mantenimiento por parte de la actual prestadora del servicio.



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A propósito de obras de gran envergadura, los preparativos para la construcción del predio previsto para la próxima edición de la Fiesta Nacional del Poncho, como también el estadio de fútbol, han convertido a la zona del Campo Las Heras y su “área de influencia” en un lugar insalubre para vivir. En efecto, el desmonte y el movimiento de tierra que se hizo allí, sumado a un período de sequía que ya es histórico en Catamarca y los vientos típicos de esta temporada, han creado en las inmediaciones -y seguramente más allá también- una suerte de microclima insoportable. Los vecinos no respiran otra cosa que aire con tierra, las casas no se pueden conservar limpias ni un solo día y hasta las plantas despiden ese polvillo cada vez que se sacuden. El resultado, lo dicen los propios profesionales de la salud, fue el agravamiento de las enfermedades respiratorias y un mayor padecimiento en quienes sufren de alergia.



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Parece mentira, pero en pos de estas obras públicas orientadas supuestamente al bienestar general, los constructores del Gobierno sólo han logrado hasta ahora empeorar las condiciones de vida de la gente. Y no sólo de los vecinos que viven en la zona del Campo Las Heras, sino también de quienes trabajan en el Centro Administrativo del Poder Ejecutivo (el ex regimiento), donde los días de viento han devenido en un infierno. En muchos casos, paradójicamente, los problemas de salud derivados de esta situación deben ser atendidos por el mismo presupuesto que la Provincia destina a Salud Pública; y en muchos otros son los propios catamarqueños los que deben echar mano a su presupuesto para hacer frente a la atención médica y los medicamentos posteriores. Pero lo que es más importante, resignar la buena salud por culpa de la mala planificación o ejecución (¿o ambas cosas?) de quienes desmontan y abren caminos sin tener en cuenta las consecuencias para los supuestos beneficiados.
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