miércoles 25 de mayo de 2022

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a El Ancasti. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE

Después del cumpleaños

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a El Ancasti. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE
13 de septiembre de 2006 - 00:00
34 años de vida de una institución educativa -en este caso un centro de enseñanza universitaria, como es la UNCA- es tiempo más que suficiente como para que haya generado al menos las bases de una verdadera comunidad constituida por docentes, estudiantes y egresados. Una suerte de familia reconocible por la red de afectos, por la necesidad de mostrarse como una fraternidad que no concluye con el egreso sino que se extiende en el tiempo y busca expresarse en todos los altos campos intelectuales, artísticos, científicos y tecnológicos que son propios de las instituciones del más elevado tramo del sistema educativo. Una colectividad unida por cierto estilo que la singularice, por cierto modo de pensamiento y acción que haga saber, allí donde se encuentre, que la UNCA tiene presencia, mensaje, protagonismo, idoneidad para iluminar y alentar a la sociedad en que está ubicada. Un polo de promoción de diálogo entre las ciencias y entre las disciplinas, un sistema que haga de cada egresado no una estrella fugaz reducida a su peripecia individual sino una prolongación de la fuente que lo formó y nunca separada de ella del todo y con una vía siempre abierta para el retorno gozoso y provechoso.

Una comunidad todo lo incipiente que se quiera, por ahora, pero destinada a acuñar, con el tiempo, el linaje intelectual que tanto relucen en tantas viejas universidades del mundo.

Cuando la UNCA estaba en ciernes, se hubiese esperado que esta fraternidad hubiese nacido junto con ella. Sobre todo, porque no nació de la nada, sino sobre los cimientos de aquel Instituto del Profesorado Secundario que ya había dejado entrever aquel aire de familia que sin duda podía mostrar a toda la región del NOA.

Sin embargo, no parece haber evidencias de que ese proceso identificador hubiese proseguido. Se incrementó notoriamente el número de los estudiantes y docentes. Se multiplicaron las carreras. Aparecieron unidades académicas con denominación más ambiciosa. Se elevó el rango de la casa de estudios. Se ampliaron en significativa proporción las instalaciones. Creció el número de las disertaciones, cursos y congresos. Se incorporó una célula encargada de publicaciones de libros y folletos y también una emisora de radio de frecuencia modulada.

Pero a pesar de la expansión de la oferta educativa y de los servicios, el sentimiento de pertenencia de los estudiantes y de sus docentes en relación con la casa común o no existe o no se manifiesta con fuerza que permita percibirlo desde fuera. Si en sus primeros años, la UNCA tuvo grupos estudiantiles que se expresaban a través de modestas publicaciones, después las voces se acallaron, no obstante haber retornado la democracia, y hoy sólo trascienden trabajos oficialmente elaborados o aprobados por la autoridad universitaria. Y hay que agregar que las únicas controversias que resuenan fuera del ámbito universitario, aunque se originan en la UNCA, son ocasionales reflejos de divergencias políticas más o menos evidentes en declaraciones estudiantiles o de otros sectores internos.

El ideal de la comunidad universitaria y esa suerte de maqueta reveladora de la auténtica sociedad democrática todavía están pendientes en la UNCA. Por eso sus influencias sobre la suerte común de la provincia todavía son limitadas y por ello la sociedad civil de Catamarca no podría encontrar en ella un modelo que le sugiriese caminos para el progreso republicano.

Pero cuanto se ha dicho no implica que la UNCA no deba verse como un potencial de incalculable valor. Gracias a ella la juventud de la provincia, sobre todo la que no puede seguir la tradición de buscar la formación profesional fuera, tiene el inmedible privilegio de acceder a la educación superior sin abandonar su tierra y sus afectos más entrañables.

En el día posterior a los festejos del trigésimo cuarto aniversario de la Universidad, será bueno reconocer esa innegable conquista que fue la UNCA. Y también será bueno verla y servirla con actitud optimizadora.

Seguí leyendo

Te Puede Interesar