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31 de diciembre de 2006 - 00:00
Acaso sea temerario declarar al 2006 que se acaba como el año del fracaso. Una exageración, se dirá, que desconoce las entregas de viviendas, los emocionantes cortes de cintas, el ingreso a mansalva de dinero en las arcas públicas y los incrementos salariales, entre otros hechos que significaron para muchos ciudadanos rasos atisbar una prosperidad esquiva. Y que no tiene en cuenta, además, otros años anteriores en los que el fracaso fue más evidente y sus consecuencias más perentorias, sobre todo para el bolsillo.

2006 fue, no obstante, el año en que Catamarca y los catamarqueños debieron asumir la crueldad de la impotencia y la insignificancia política.

No existe en Catamarca nada ajeno al kirchnerismo. Lo cual puede ser muy halagüeño para Néstor Kirchner, pero habla bien a las claras de una política provincial de ideas pigmeas, cuya aptitud más saliente es el oportunismo.

No es que antes fuera diferente. Lo que se destaca ahora es el entusiasmo aplicado a la succión de medias, el afán obsecuente, la apasionada decisión de entregarse en cuerpo y alma, la renuncia gozosa al criterio propio, el regodeo en el exhibicionismo de la indignidad, la resignación feliz al desempeño de funciones profilácticas y a las relaciones prostibularias.

Octubre de 2005 trajo un acontecimiento extraordinario, inédito en 15 años: el FCS perdió las elecciones por primera vez y no a manos del justicialismo, sino de una tercera opción, el Frente para la Victoria.

Cierto es que en el resultado tuvo principal incidencia que el FV fuera apadrinado por Kirchner, quien cerró personalmente la campaña local y convocó a los catamarqueños a derrotar tanto al radicalismo gobernante como al justicialismo orgánico encarnado en el gastronómico Luis Barrionuevo, pero existieron otros elementos destacables en el resultado.

Como ser que los catamarqueños ausentes en las urnas en los comicios provinciales de marzo, donde la abstención llegó casi al 50%, se pronunciaron masivamente en octubre, donde la concurrencia superó las previsiones y estadísticas.

El PJ, con Luis Barrionuevo como candidato, quedó tercero, desplazado, al menos circunstancialmente, como opción de poder.

Parecía claro que el repudio a la clase política, manifestado en marzo por la ausencia, había encontrado su canal de expresión en el FV en octubre.

El triunfo del kirchnerismo fue muy ajustado, pero si se le sumaban las voluntades que se habían inclinado por el justicialismo, el Gobierno estaba en una situación alarmante, ya que dos tercios del electorado le habían dado la espalda.

Las condiciones objetivas para conformar una alternativa opositora estaban, entonces, dadas.



La disolución

La primera derrota electoral del FCS se sumaba a una cadena de hechos políticos revulsivos, un proceso en el que se habían hecho trizas varios proyectos aparentemente sólidos. En sólo tres años, los liderazgos de Oscar Castillo y Ramón Saadi, indiscutibles en los 90, se eclipsaron y dieron paso a los de Eduardo Brizuela del Moral y Luis Barrionuevo, que ahora se veían amenazados por una incipiente coalición kirchnerista.

El entusiasmo inicial entre los partidarios de Néstor Kirchner, sin embargo, naufragó pronto en un juego de mezquindades cruzadas que impidió estructurar la alternativa. Las distintas facciones internas se trabaron en virulentas disputas menores que envenenaron las relaciones, en acusaciones de despechados y absurdos caprichos que minaron las chances de éxito.

Este escenario fue aprovechado por Barrionuevo, que dinamitó cada vez que pudo a la coalición opositora en ciernes atacando al cuñado de Kirchner, Armando "Bombón" Mercado, líder de los transversales locales.

Al Gobierno le alcanzó con sentarse a mirar mientras le tiraba lánguidos guiños al Presidente, suspirando amoroso cada tanto, confiado, por otra parte, en que la miopía opositora sería su mejor aliada.

El fracaso más notorio en 2006, entonces, fue el de una oposición que no supo trascenderse. Que se quedó en la especulación y la diatriba, enajenada y alienada de una sociedad harta.



Como mancha de aceite

Pero no hay que ensañarse con los actores del FV. En definitiva, su fracaso espeja el del resto de sus colegas, exponentes también de la mediocridad y la ineptitud imperante.

Empezando por el Gobierno, que gobierna por inercia de gestión o ni siquiera por eso, como quedó demostrado en el análisis de la ejecución presupuestaria. No saben los propietarios del poder cómo gastar el dinero que tienen, no aciertan a darle a Catamarca un perfil. Entregan casas, suben los sueldos, es cierto, pero tal cosa no es ninguna hazaña de imaginación en un contexto caracterizado por la abundancia de recursos económicos.

El justicialismo barrionuevista ubicado tercero en octubre, podrá por su parte tal vez envanecerse de haber recuperado terreno para retornar al segundo puesto, al rol de principal oposición. Como el FV kirchnerista irá en alianza con el FCS, Barrionuevo podrá ser candidato a gobernador por fin. Pero es partícipe principal del fracaso, porque no evolucionó y porque sus dirigentes nada hacen sin responder a sus directivas. El jerarca gastronómico maneja a sus alfiles a control remoto desde los cómodos despachos de Buenos Aires y Catamarca es para él una ficha más de tantas que puede jugar en sus negociaciones nacionales.

En términos generales, la mediocridad se extiende como mancha de aceite. El rol del dirigente político se reduce a encontrar el amo con quien reportarse, lo que en el caso catamarqueño concluye indefectiblemente en la Casa Rosada, cuyos ocupantes están demasiado lejos de preocuparse por el destino de unos pocos miles de votos pegados a la cordillera.

Los políticos locales han sabido construirse un perfecto destino de rebaño manso, de dóciles instrumentos de voluntades ajenas.

Tal es el triste balance que arroja 2006. La carrera de los mendigos de prestigio y favores a punto de concluir con el dedo de Néstor Kirchner inclinado sobre Brizuela del Moral y la oposición estragada, retrotraída una vez más a los objetivos que tuvo durante la década del 90: disputarse a codazos una docena de bancas legislativas a la espera de que algún designio extraño la habilite para tomar el poder. Aunque ya no sea Saadi quien espere la oportunidad en las gateras, sino su colega Barrionuevo.



Lo oculto

Mientras tanto, el sistema institucional persiste en su anacronismo. El Gobierno puede darse el lujo de hacer lo que se le antoje, sin que el Legislativo controle en lo más mínimo reducido al papel de legitimador obediente, en tanto la Justicia permanece enredada en sus limitaciones e internas.

Las relaciones entre oficialismo y oposición son medievales. La traición artera y la compra de conciencias siguen siendo los elementos preponderantes.

La acción se desarrolla en una escenografía deprimente: servicios de agua y luz subdesarrollados y empresas concesionarias premiadas; ingentes recursos gastados en viáticos mientras las inversiones en obras de infraestructura básica se subejecutan; la dilapidación de los recursos de la minería; clientelismo rozagante, nepotismo en flor y negociados aún impunes… Calidad de vida sahariana y condiciones para la producción en retroceso por las deficiencias del sistema energético.

Todo está camuflado ahora por el ciclo económico favorable. Pero quedará al desnudo, patéticamente, cuando lleguen los tiempos de vacas flacas.
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