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Reaparece una vieja ley

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14 de octubre de 2006 - 00:00
Aquí en Catamarca, la espera de una lluvia generosa viene alargándose desde hace meses. Pronósticos de una meteoróloga de la UNCA hacen temer que la sequía llegue hasta fin de año y han vuelto a tener actualidad después de la decepción del brevísimo chaparrón que pareció que iba a invalidarlo en la madrugada del miércoles.

Pero hay otra sequía –la relacionada con el gasoil- que ha provocado medidas de fuerza de los sectores afectados por el fenómeno –nada natural, a diferencia de la sequía propiamente dicha-, entre ellos el agropecuario y el del transporte automotor, que, como se sabe, son los primeros en sentir el cimbronazo que, después, castiga también a la sociedad en su conjunto.

La producción agropecuaria –señala “Ámbito Financiero” de ayer- consume 4 mil millones de litros de gasoil por año, un tercio del total del consumo nacional, pues lo usan los tractores, las cosechadoras, las plantas de silo, las fumigadoras y los camiones de traslado de granos y vacunos. Fuera del ámbito agropecuario, el gasoil también lo usan los colectivos, algunos taxis y muchos automóviles particulares.

La escasez de este combustible es efecto de maniobras de las empresas petroleras que arguyen que no pueden importar pagando según la cotización internacional del petróleo para revenderlo en el país por mucho menos, pues aquí el precio casi está inmovilizado desde 2004. Por lo que dicen estos empresarios, “no se puede importar cuando por cada metro cúbico (mil litros) se pierden 200 dólares, aun con la excepción de impuestos que está vigente”.

Pero el Gobierno relativiza el argumento empresario, pues sabe que las petroleras tienen excedentes de naftas que exportan a precio internacional y, además, que se benefician con el combustible para aviación, cuyo valor no tiene topes en el caso de vuelos internacionales y de cabotaje. Una nota de Silvia Peco que acompaña la información del diario de Julio Ramos apunta que “el razonamiento oficial es que con lo que venden a valor internacional, las empresas pueden compensar el quebranto por importar gasoil, y el negocio terminaría siendo rentable”.

La etapa de la discusión ya se ha cerrado y el Gobierno ha emitido una advertencia que ha causado no poca impresión. Amenaza con aplicar la vieja Ley de Abastecimiento, promulgada por Perón, posteriormente abrogada por Cavallo y ahora restablecida por Kirchner. De acuerdo con lo expresado por el secretario de Comercio Exterior, Guillermo Moreno, se aplicará la norma si las empresas petroleras no garantizan el suministro de gasoil, ya sea con su propia producción o importándola, en un volumen igual a las ventas al mercado interno en 2005 más un porcentaje equivalente al crecimiento del PBI. También señaló que “es inadmisible que haya problemas en el aparato productivo por falta de gasoil” y que “se aplicarán multas y en caso de que así se defina judicialmente, la prisión”.

Debe recordarse que la Ley de Abastecimiento, de 1974, prevé sanciones económicas, clausura de establecimientos, inhabilitación e incluso cárcel por hasta 90 días para quienes no la cumplan.

El Gobierno impresiona como muy seguro de que la advertencia producirá el efecto que se espera. Tanto lo está –podría deducirse-, que ya ha dicho que también para otros rubros se aplicará la ley si queda comprometido el abastecimiento interno.

La convicción del Gobierno es, sin duda, profunda. El secretario Moreno ha prometido que “va a llover gasoil”. En Catamarca habrá que creer que no habiendo lluvia, bueno será el gasoil. Claro que tanto en lo que se refiere a la lluvia propiamente dicha, como a la otra de fabricación humana, todo dependerá de que la meteoróloga catamarqueña y el vocero del Gobierno resulten acertados en relación con sus pronósticos. Lo mejor sería que confluyesen pronto ambas precipitaciones.
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Dinero físico. Lo que entraba en las financieras eran billetes y se pagaba mayormente del mismo modo.

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