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Colapso sanitario en Bariloche: ya no hay camas libres en las terapias

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29 de abril de 2021 - 07:40 Por Redacción El Ancasti

Juan Cruz está internado con coronavirus en la terapia intensiva del Hospital Zonal Ramón Carrillo, en San Carlos de Bariloche. Presenta un cuadro de insuficiencia respiratoria severa y una saturación de oxígeno que no alcanza a cubrir las necesidades de su organismo. Tiene apenas 23 años y acaba de recibir una noticia que lo coloca ante la situación más extrema de su vida: deberá ser intubado.

Minutos antes le alcanzan un teléfono celular para que hable con sus padres, que están viajando desde El Bolsón para estar cerca suyo. Hay lágrimas de un lado y del otro de la pantalla. Con las fuerzas que le quedan y en una carrera contra el tiempo, Juan Cruz intenta ser breve y suelta algunas indicaciones: dónde están las llaves, en qué lugar sus papás pueden encontrar comida, dónde dejó dinero guardado.

“Mi hijo tiene 23 años. Cuando le pasé el teléfono a ese chico para que hablara con sus padres, sentía que podía ser mi hijo”, cuenta Juan Pablo Sottile en diálogo con un canal de televisión. El médico intensivista ocupa un rol caliente por estas horas: es el jefe del sector UTI del principal hospital público de Bariloche, donde la ocupación de camas llegó al 100%, al igual que en el Sanatorio San Carlos y al Hospital Privado Regional de Bariloche (HPR), los otros centros de salud de referencia en la ciudad.

Hace más de un año que Sottile batalla sin descanso contra el virus, pero estar al límite del colapso sanitario intensifica los nervios y el estrés, y provoca más repeticiones de la escena que más lo angustia. “Acercarle el teléfono a una persona para que hable con su familia antes de intubarla te destruye emocionalmente, porque no sabés si es la última vez que esa persona va a hablar con sus hijos, sus padres, su pareja”, grafica.

La edad de Juan Cruz y la evocación de su propio hijo no es azarosa: Bariloche es una de tantas ciudades donde la explosión de casos de coronavirus produjo un abarrotamiento de pacientes jóvenes en las camas de los hospitales. “Ayer atendimos a casi 300 personas y el 80% eran menores de 40 años. Y esa situación se refleja también en la terapia intensiva: el número de menores de 50 años creció muchísimo a diferencia del año pasado”, cuenta.

Desborde y números récord

Sottile fue uno de los presentes en la conferencia de prensa del martes, cuando los principales referentes del sector sanitario local expusieron junto a Arabela Carreras, gobernadora de Río Negro, el escenario de saturación que vive la ciudad a partir de esta semana. También estuvo Leonardo Gil, director del hospital. Después de eso la gobernadora limitó aún más la circulación y suspendió las clases presenciales.

“Dirigir un hospital público en este contexto es muy estresante, porque además en Bariloche nunca hubo una baja de casos. No pasó que viniera un pico, desapareciera y relajarnos. Siempre estuvimos cargados”, detalla Gil a este medio. El 27 de noviembre pasado, mientras todo el país estaba en DISPO, Bariloche era el único distrito que continuaba en ASPO junto a Puerto Deseado, en Santa Cruz. Un mes antes se había convertido en el primer distrito del país en levantar las restricciones para realizar una prueba piloto de apertura al turismo: recibió a 500 visitantes del Alto Valle de Río Negro.

“Mi día arranca a las 6.00 de la mañana y estoy en el hospital hasta las 18.00 o 19.00. Después sigo en casa con el teléfono sin parar hasta las 21.00, 22.00. Estoy todo el día resolviendo cuestiones de salud, del personal, de los pacientes, insumos, camas, temas operativos. No se para nunca”, cuenta. Y traza una primera diferencia con la primera ola: “El sector de terapia intensiva siempre es muy dinámico, de altas y bajas. Son camas calientes. Lo que cambió es la explosividad de los contagios, la velocidad con la que ahora llegamos a esta situación. Se hace insostenible en el tiempo”.

En esta semana Bariloche alcanzó el récord de contagios en un solo día: 271. Y todo indica que se superará el promedio de 1000 casos de las últimas semanas. El índice del factor de reproducción R, que mide la velocidad de propagación del virus, es la más alta desde el inicio de la pandemia: 1,96. Y la tasa de incidencia también es récord: 1271.

“Son unos 30 pacientes por semana que necesitan internarse en terapia intensiva. Muchas personas pasan 50 días de internación. Es muy difícil dar abasto así. Inevitablemente se llega a una saturación si no se reduce la velocidad del contagio”, agrega Gil. Hay 57 camas UTI en Bariloche, todas están ocupadas y “hay seis pacientes esperando para ingresar”, cuenta el director del hospital.

Mirian González tiene 33 años, es la jefa de Enfermería y se mueve por todos los rincones del Hospital Zonal de Bariloche. Además de las tareas habituales se ocupa del registro de pacientes, un rol clave que en estos días la obliga a administrar la escasez.

“Tengo que seguir cuántos ingresan en guardia, a cuántos hay que internar en terapia intensiva, a cuántos hay que aislar. Todo ese movimiento permanente. El 90% de los pacientes son COVID y también nos ocupamos del resto, por supuesto”, describe. Cubrir varios frentes en la pandemia no es un rol nuevo para ella. “Cuando nos faltó personal hice de todo: guardia, consultorios de respiratorio, hoteles, geriátricos, terapia, ambulancia en Dina Huapi y, por último, vacunación”, agrega.

González subraya otra situación habitual para el personal de salud en la primera línea de batalla contra la pandemia: perder compañeros por culpa del virus. “Me había enojado con Carlos, uno de los enfermeros del hospital, por una situación de trabajo. Fue un jueves. El viernes lo internaron, el sábado lo intubaron y el domingo murió. Tenía 60 años. Quedé muy mal. Fue a fin de año y todavía no habían llegado las vacunas”, cuenta.

La mayor amenaza que enfrenta por estas horas el hospital y el sistema de salud de Bariloche en conjunto es el colapso total. “No hay camas, pero todavía no llegamos al extremo de tener pacientes con respiradores en los pasillos del hospital. Lo que tenemos son pacientes con respirador en las guardias. El gran temor es no poder dar respuesta”, advierte Gil. “Todavía no llegamos a decidir a quién darle el respirador y a quién no, pero estamos muy cerca”, remata Sottile.

“Seguimos armando camas por fuera de la unidad de terapia intensiva, pero el foco no puede estar ahí. Nos preguntan todo el tiempo si vamos a sumar UTI, como si además fuese algo sencillo, y se pierde de vista lo importante: con esta enfermedad, de cada dos personas que ingresan a terapia, una vive y la otra muere. Es 50% y 50%”, expone el jefe de terapia intensiva.

Y profundiza: “Un problema muy grande que nos puede provocar esta situación es trasladar a un paciente grave. El trayecto es no menor a 500 kilómetros para que sea atendido en algún otro lugar donde manejen alta complejidad, como podría ser la ciudad de Neuquén. Los pacientes son tan críticos que no los podés ventilar adecuadamente. No podés trasladarlos sin correr el riesgo de que se mueran”.

La gobernación anunció este miércoles nuevas medidas para contener el desborde: hasta el 13 de mayo están suspendidas las clases presenciales y las reuniones en domicilios particulares, la circulación se permite únicamente entre las 7 y las 20, y la gastronomía solo puede funcionar de 10 a 19. Los anuncios eran muy esperados por el sector, aunque no se sabe si serán suficientes.

Con la vacuna, por lo pronto, no alcanza. Bariloche es uno de los distritos más avanzados de la Argentina en cuanto a su plan de inmunización: más de 27 mil residentes recibieron al menos una dosis, y la población objetivo se compone de 34.376, según los registros oficiales.

“Cortar la circulación del virus es la única receta efectiva, porque las vacunas no evitan la circulación. Uno quisiera que la gente se cuide más, porque esto es una cuestión de vida o muerte, no electoral ni partidaria”, remarca Sottile. “Estando todos los días en una terapia intensiva en un momento como este, uno pone todo lo que tiene para sacar a la gente de ahí y sentís mucha angustia cuando salís del hospital y ves la cervecería llena, o la calle con gente que anda sin barbijo”.

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