domingo 18 de enero de 2026
SE FUE UN ENTRAÑABLE PERSONAJE URBANO

El “Gordo” Sagripanti, una postal bien catamarqueña

Por Redacción El Ancasti
Puede hacerse un resumen de sus múltiples actividades y contribuciones, o cada quien recordarlo en alguna faceta particular. Pero resulta imposible no haberlo visto en la contracara de una sociedad que prefiere mirarse al espejo con sus retorcidos miriñaques.
 
Soy sincero. Lo conocía de vista. Pienso que muchos lo conocimos así, apenas de pasada. Solía verlo tan transparente allí, sentado a la vereda de la San Martín casi Caseros, vendiendo lotería, regalando una sonrisa, un saludo respetuoso, ofreciendo los billetes desplegados hasta el piso. Con esa facha desaliñada y el cartel al cuello, sentada su figura en un banquito demasiado pequeño. E igual de transparente.

Por cierto, no guardo el recuerdo de cuando tenía su kiosco de revistas frente a la plaza principal. Su "época de gloria”, dirán quienes analicen fríamente su vida.  Sabrán ustedes decirme si ya tenía esa barba freudiana, el gesto amable y la mirada de niño, porque no tengo dudas que el resto, "lo que llevaba adentro”, lo mantuvo desde siempre en el espíritu.

¿Qué llevaba Miguel Sagripanti en su ser? ¿Quién era?

"Entender al Gordo es entender una otredad de Catamarca. Hay una Catamarca conservadora, preocupada por el apellido, por determinadas cuestiones morales, pero el Gordo es esto que tiene que ver también con una Catamarca existente. Cuando uno lee hoy en los folletos turísticos "Catamarca hermosa por naturaleza”, es cierto: Catamarca tiene un valor importantísimo a nivel geográfico, paisajístico. Pero Catamarca tenía otra historia. No me olvido nunca de los años ’80 la visión que se ofrecía de Catamarca era la de la simpatía. Y eso para mí también está. Son dos Catamarca que disputaron terreno. Y lo siguen disputando. Eso me parece que es el Gordo”, sintetiza Augusto Rearte, el amigo titiritero del popular personaje que hace pocos días se fue al otro mundo.

Para aproximarnos a su realidad –paradójicamente- fuimos hasta la Estación de Sueños, donde Rearte, el también popular icono teatral de la compañía "Cachalahueca” lo pintó de cuerpo entero, en una charla que no podría haber sido otra cosa que inmensa. Como el Gordo.

El testimonio de Augusto sobre Miguel nos parece fundamental para conocer quién fue y cómo debemos recordarlo, ya que su amistad de casi dos décadas -como la de otros catamarqueños que lo frecuentaron en sus 74 años vividos- fue profunda.

Cuenta Augusto que conoció a Sagripanti en el ’97, en Buenos Aires, durante un encuentro al que Miguel fue a cubrir como fotógrafo. "Lo conocí por el mundo de los títeres. Con él empiezo a entender que había alguien a quien le interesaba el oficio en Catamarca”, relata. Y sigue diciendo el amigo:

"El Gordo Sagripanti era discípulo del "Kike” Sánchez Vera, junto con Miguel Oyarzo y con "Tiescho” Gaete. El "Kike” era unos diez años mayor que ellos así que fue un poco quien los impulsó como titiriteros locales. Aunque títeres ya habían venido antes que Kike, por ejemplo su maestro Javier Villafáñez.

Luego me instaló aquí por una cuestión afectiva y me pasó lo que pasó durante todos estos años con el Gordo: me abre una gran puerta en cuanto a lo que es Catamarca”.

Desde el llano

"Miguel fue un tipo que vino de una clase baja, sus viejos eran laburantes, tenían un comercio en el centro, lo cual en los ’40 o ’50 era vivir; aunque eso no era tener grandes lujos. El Gordo estudió su carrera secundaria lustrando botas. Pero era un emprendedor. Tiene una capacidad para las Matemáticas y a partir de eso se quiso meter a estudiar al Balseiro. Lo aprobaron, pero por una circunstancia familiar no se quedó. Entonces empezó con el puesto de diarios. Primero lustrabotas; después vendedor de diarios, con eso se bancó toda su secundaria y parte del nivel terciario. Hasta que empezó a generar una moneda, una economía, que inicialmente la usó para financiar a su familia; después esa economía fue mayor que eso (entre los ’60 y los ’70). Pero el Gordo nunca se calzó en esa. Nunca se subió a ese carro de la otredad de Catamarca. Siguió con la suya: con los títeres de Kike, con ese perfil de hacer algo en otro sentido. En lo artístico, se involucró en propuestas teatrales que lo mantuvieron vigente por varias décadas”.

Hay una anécdota que resume otra de sus principales rasgos. "En 2012 montamos una obra para adultos, ‘El cofre de historias mundanas’ y caímos a lo del Gordo porque sabíamos que íbamos a hallar plata vieja. Buscamos en el despelote y tenía bochas de dinero viejo. El Gordo era así, tenía una despreocupación total por lo material”.

No era un secreto que le gustaba mucho cocinar, cocinar para amigos, hacer comidas "pulsudas”, monumentales, para muchos; locros, cazuelas... Hacer sus tortas alemanas con mucho chocolate, mucho huevo…

"Lobo estepario”

Siguiendo en la caracterización del recordado fotógrafo, Augusto aborda con mucho respeto su historia personal, y hasta se anima a definirlo siempre en comparación con otro personaje. "Era desorganizado en los tiempos de comer, poco precavido, él no midió. Esto que le pasaba en la relación con la gente también le pasaba con él mismo. No medía la edad y cómo se estaba alimentando. Era descuidado de sí mismo. Los amigos se lo decíamos. Y ese descuido le hizo pasar sus últimos años no en buenas condiciones.
 
 


Tampoco fue organizado en cuanto a la construcción de su familia. Tuvo dos parejas, una de las cuales era contrapuesta a su concepción de vida. Era una mujer de familia israelí con una carga de nombre, apellido y todo lo demás. Con ella tuvo una hija, que vive en Córdoba. Pero la familia influenció y Miguel no encajaba con ellos. Ese vínculo no funcionó. Con la piba adquirió contacto a partir de los 13 años de ella. La hija lo buscó en Catamarca. Ahora ella tiene 40 y pico. Tuvo con ella un vínculo muy alto, así como de idilio. De hecho, ella se fue a España a vivir y muchos artistas locales, en 2008, hicimos un evento grande en el Teatro del Sur y logramos conseguir la guita para que vaya a visitar a su hija. Por suerte logró ese encuentro con ella.

Diría que Miguel tuvo una construcción como de lobo estepario. Tenía una desorganización del espacio. Su casa era un desorden. Tuvo un puesto de diarios, entonces le quedaban siempre saldos así que tenía colecciones de revistas de lo que busques, diarios viejos, y todo mezclado con un paquete de yerba del año ’55 y, de repente, con un material fotográfico valiosísimo. De hecho, sería bueno hacer un trabajo de rescate en su casa si la familia lo permite. A ese nivel te podías encontrar producciones plásticas que para otro tenía un costo altísimo y el Gordo las tenía ahí… Esa forma de vida, de manejarse muy solo. Por eso digo, si uno lee El lobo estepario de Hermann Hesse, ahí hay mucho del Gordo”, anota.

Final

Los funerales de Miguel Sagripanti quedarán en el recuerdo. No tanto porque hayan sido algo inusual para una sociedad generalmente fría e hipócrita, sino más bien porque fue la justa estampa de su vida. Ese enorme ataúd, rodeado por amigos y conocidos que fue llevado en medio de un sinfín de expresiones artísticas, abrió paso a su recuerdo inmortal y sesgó cualquier demostración de tristeza.

Los que quedamos volveremos a bajar por la San Martín. El hombre estará allí, estoico en ese banquito. Más flaco, o más alto. Más o menos joven, ganándose el cielo con la lotería o con lo que sea.  Más o menos vestido o disfrazado, según el punto de vista. Pero igual de transparente y bonachón, desinteresado, desprendido de lo material.

Quizás prestándole guita a un amigo desvelado; seguro saludando con respeto a las damas. Quizás bromeando con los niños; pero, ¡posta! esperando el milagro que la otra Catamarca le quite la bota de encima a los que no son cogotudos.

Fue un hombre típico de cierta esencia difícil de describir que tiene el ser catamarqueño. O al menos una parte de él. Un hombre esencial. Para quienes lo vimos frecuentemente en la calle. Miguel Sagripanti quedará para siempre en la memoria colectiva como una postal del buen tipo. Del buen catamarqueño.

Textos: Carlos Gallo
Fotos: Ariel Pacheco


REPERCUSIONES DE SU PARTIDA

La muerte de Miguel, ocurrió el 22 de agosto pasado en un sanatorio de la ciudad de Catamarca, luego de una penosa enfermedad. Este hecho desató cientos de adhesiones y condolencias para sus familiares y amigos, y motivó a anónimos simpatizantes de su personalidad a escribir dedicatorias. En las redes sociales, esto se refleja claramente, lo mismo que en algunos medios periodísticos en los cuales trascendió la noticia.

El escritor Enrique Traverso se refiere a Sagripanti como "la nobleza hecha persona”, en un artículo que escribió para La Izquierda Diario, en el que recuerda a "ese refugio de los noctámbulos, de los que íbamos por miguitas de arte y camaradería en el kiosco de revistas y libros (pequeños tesoros inhallables en las pacatas librerías de los 80) al lado del cine Catamarca”.

En su cuenta de Facebook, el representante del Fondo Nacional de las Artes, Eduardo "Negro” Aroca lo despidió como un personaje único e irrepetible que "derrochaba algo parecido a la magia” y publicando excepcionales fotografías que lo inmortalizan en su actividad más popular de los últimos tiempos: la venta de lotería, de diarios y revistas viejas. "Fue un duende”, sintetizó.

También el magíster Víctor Russo lo consideró un "gran actor en el enorme escenario de la vida. Siempre coherente con su proceder en acciones solidarias e ideología”.

Y la poetisa Hilda García, titular de la SADE Catamarca, reconoció que cuando fue a despedirlo sus lágrimas se convirtieron en sonrisas. "Lo rodeaban sus marionetas y carteles y unas rosas sobre el ataúd. Hasta el final nos dejó su bohemia, su mundo, su mirada poética y noble de la vida”, escribió.

VARIAS FACETAS

"Dentro de la fotografía tuvo cierto valor o peso durante los ’80 y los ’90. Lo digital ganó mucho terreno en los años 2000, y los amigos vimos que él no se iba a actualizar, no iba a entrar a esa carrera. Sin embargo, en 2007 él seguía dando talleres de capacitación de fotografía analógica”, cuenta Augusto sobre una de sus ocupaciones más conocidas.

En el costado opuesto, Rearte asegura haber leído unos diez cuentos de Miguel, en su mayoría de carácter infantil. "Escribía para sí mismo, no para publicar. Son muy buenos. Y me quedó tal vez cierta deuda con él –que me gustaría saldar- porque alguna vez me pidió que dos de estos cuentos los llevemos al teatro”.

 

 

SOBRE LA MUERTE
La natural tendencia a decir que todas las personas muertas fueron buenas, es criticada por muchos. Augusto, en este plano, aporta una visión sin profundizar en otro aspecto que no sea su cuidado personal. Dice: "El Gordo tuvo muchas cosas que fueron jodidas, si se quiere, desde los vínculos humanos. Jodidas en esto: si tenés un conjunto de amigos que te están diciendo, acompañando, que saben que por tu edad la alimentación y los cuidados de salud son claves; y vos te descuidás, en un punto, de alguna manera no pensás en los demás. Es importante entender la muerte desde ahí. La muerte no libera a nadie de las acciones buenas o malas que se han hecho”.

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