domingo 14 de agosto de 2022

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Escribir para defender los derechos: un desafío que no pierde vigencia

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10 de abril de 2022 - 01:05

A medida que pasan los años, las atrocidades cometidas por el terrorismo de Estado durante la última dictadura militar en la Argentina, entre 1976 y 1983, parecen perderse en la niebla del tiempo. Pero la defensa por los derechos más esenciales de las personas persiste, resiste los años, las tapas de los diarios y los programas de televisión. Trasciende la época, y se instala en el presente para incomodar a quienes insisten en que “eso ya pasó de moda”.

Es esta mirada, esta perspectiva, la que convocó un año más la realización del concurso “Escrito en libertad: hoy los derechos humanos se defienden así”, de la Residencia Universitaria Provincial “Abuelas de Plaza de Mayo” que depende del Ministerio de Educación de Catamarca.

Fue la propia ministra Andrea Centurión quien encabezó el acto de entrega de premios para autoras y autores de textos ganadores, y que no ocultó su emoción frente al profundo significado que tiene “poder ver la determinación de los jóvenes por defender los derechos humanos, en un contexto en el que siempre hay quienes niegan, quienes prefieren el olvido, el rencor y el odio”.

Argumentar para defender derechos tensiona la sociedad, la interpela, pone en evidencia a quienes se movilizan (y a quienes no), involucra, hace saber, se manifiesta en búsquedas que a veces demoran mucho tiempo.

El derecho al trabajo, a una alimentación digna, a un ambiente saludable, a una remuneraciónjusta, a manifestarse artísticamente, a la identidad, a la resistencia al olvido, son algunos de los múltiples aspectos que han sido abordados por jóvenes universitarios de toda la provincia, que participaron en esta nueva convocatoria. Toda Catamarca es y fue escenario de un territorio de luchas de reclamos, por la igualdad, la libertad, la no violencia y el derecho a una humanidad nueva, como así también a relaciones emancipadas y emancipadoras.

La selección de los escritos ganadores (fueron alrededor de 25 concursantes) este año contó con el secretario de Derechos Humanos de la Nación, Horacio Pietragalla Corti, como miembro del jurado. Al funcionario nacional, que además tuvo oportunidad de enviar un saludo grabado a los ganadores y a todos los residentes alojados en la institución catamarqueña, lo acompañaron en este trabajo los comunicadores Evangelina Quiroga y Daniel Ramayo, ambos con amplísima trayectoria en los medios periodísticos de la provincia y en la tarea docente vinculada a la comunicación.

El primer premio fue adjudicado a la joven estudiante María Paula Barrere, de Santa María por el texto “Bocadito de aire”. De este trabajo los jurados valoraron “los recursos narrativos hechos versos, la apelación a las fechas para saltar en el tiempo y en las historias, los cambios en las voces del narrador”.

El segundo premio correspondió al estudiante de Ciencias de la Educación, Silver Nieva, quien participó con el texto “Cancelado”. Allí se plantea “la cultura de la cancelación en su vinculación con un derecho humano primordial, que es la libertad de expresión. El texto interpela, dispara reflexiones, vincula presente y pasado”.

Finalmente, el tercer premio correspondió a la estudiante Macarena Robledo Ortiz, quien cursa la licenciatura en Trabajo Social. Su texto fue “El derecho a la identidad a través de la supresión del apellido paterno”, realizando un abordaje “de una problemática contemporánea y compleja, desde una mirada legal pero también desde un enfoque profundamente humano, que permite dimensionar -al menos en parte- el sinfín de emociones que debe atravesar, afrontar y procesar una persona para poder hacer valer un derecho tan básico como el de la identidad”.

“BOCADITO DE AIRE”

24M1976

Era muy temprano

y ya se rumoreaba

el secuestro masivo

del partido que formaba.

Fiel a mis convicciones

dejé que me ataran

cuando con otro pañuelo me vendaban.

No tenía idea de horas,

hasta perdí cuenta de los días,

solo pedía salir de allí con vida.

No sé en qué momento

ni porqué quedé sin voz.

La última vez que vi,

fueron los ojos de mi amor.

Ninguno se llevó el mejor recuerdo de despedida

pero llevaré su nombre tatuado en mi herida.

2A1982

La tranquilidad del hogar me consumía,

de pronto algo allí surgía.

Saliendo del cuarto

mamá tuvo un reflejo,

quería esconderme bajo su velo.

Escuché gritos y fuertes pisadas,

oí llantos y sentí miradas.

Tenía que partir,

no había posibilidad de discutir.

Me fui sin miedo,

puesto lo había vivido;

sin embargo, en mi entorno

solo percibía refucilos.

Hacía demasiado frío,

necesitaba un abrigo.

¿De hambre?

Ni hablar;

solo queríamos llorar.

El olor a muerte me invadía y

cada bomba que caía

era el último bocadito de vida.

No nos conocíamos, pero nos matábamos,

¡qué locos estábamos!

Tenía solo dieciocho años y todo un camino por vivir.

En mi último adiós, solo retumbaba una voz;

era papá y me decía: ¡aguantá!

28F2022

Ay, lunita de los valles,

espero seas testigo de cosas muy hermosas.

Cantarte estrofas para luego vivir,

nunca pensé dejar de existir.

Vi como mi niña se aproximaba,

llorando clamaba

que levante de esa horrible “morada”.

Morada era mi alma y

negra la herida,

alguien había arrebatado mi vida.

De pronto escuché decir:

Hasta la última gota de oscuridad

estaré contigo, mamá.

16M2022

Como un bocadito de aire

en cuerpos distintos reencarnaba.

El despertar cada mañana

en situaciones alternadas me mataba.

Nada había cambiado y eso me dolía

mis luchas en vano, percibía.

Recuerdo cada vida como si fuese ayer y

hoy estoy aquí plasmando mi ser.

Nacía y moría en diferentes personas,

perdí la cuenta de tantas historias.

Sentimientos y soledades;

injusticias y calamidades.

Soy un alma rota,

me rehúso a descansar.

Me niego a pensar que esta situación

continuará.

Nada tiene que ver con el género,

la edad o el año.

Vulnerada ha sido mi decisión y

usurpados los límites del corazón.

No solo sucedió en fechas históricas,

vi inequidades en la casa de Coca.

Son los últimos minutos en este cuerpo,

ya siento el nuevo vuelo.

Aprovecho para expresar y

que este escrito llegue a alguien más.

Necesito decir

PROHIBIDO OLVIDAR.

María Paula Barrere

¡Cancelado!

Espero que mi título no te haya molestado. Me disculpo porque últimamente noto, en mis redes sociales, más personas canceladas, la gente se frustra más con lo que el otro piensa o dice sobre lo que fuese, y la solución más factible es lograr una masiva eliminación ese usuario, como cuando nos sacamos una astilla del dedo. El deseo de retirar del mundo, las cosas que no nos gustan del mundo, siempre estuvo entre nosotros. Queremos armar un universo a medida de nuestros deseos, irnos a vivir a un lugar donde no existen las tormentas si no nos gusta la lluvia, o sacar de la cancha de futbol a ese jugador que detestamos. Pero no se puede. Un ejemplo claro, de esta idea, sería lo que sucede en la serie de Netflix, Black Mirror, la cual coloca a sus protagonistas en diversas distopías tecnológicas en su impactante capítulo llamado “White Christmas”. Aquí, en resumen, se mostraba una tecnología con la que podías bloquear, de toda interacción social en la realidad, a personas con las cuales uno no quiere relacionarse de ninguna manera. Es decir, esto establecía la posibilidad de no poder ver ni escuchar a la otra persona, y a la vez, esta persona no te pueda ver ni escuchar a vos. Todo esto gracias a una aplicación llamada Z-Eye. Pareciera que lo que se cuenta de esta serie es una exageración, pero en realidad es una de las cuestiones a la que nos enfrentamos día a día, la cultura de la cancelación. Ese fenómeno por el cual la sociedad se organiza para dejar fuera del ámbito público, boicotear sus trabajos, o suprimir obras, a personas que hayan dicho o hecho algo que consideramos incorrecto. Las situaciones por la cual, una persona puede ser cancelada, puede ser desde cosas verdaderamente importantes a cosas realmente insignificantes.

¡Nos detengamos aquí un momento! Esta situación ¿se te hace conocida? ¿Te transporta a alguna época de nuestro país a la cual la historia y las efemérides nos trasladan constantemente? Pensemos en aquellas épocas donde el Estado, que debía garantizar uno de los derechos más importantes como la libertad de expresión a sus ciudadanos, no lo hacía, y directamente nos cancelaba por opinar, pensar o comportarse diferente, por estar en contra de la crueldad con la que otros derechos eran pisoteados. Donde solo existía una forma de pensar la realidad y era aquella en la que unos militares consideraban correcta. Donde, además, ese cancelamiento ocasionó miles de muertes, ante una intolerancia latente de un otro diferente. Entonces, quizá resulta evidente que la manera en la que se piensa tratar de desaparecer de cualquier modo las diversas formas de actuar o pensar “diferente”, supera la ficción y se torna cruel y sanguinario cuando se asoma a los extremos.

Volvamos a la actualidad y pensemos en un posteo de una persona que aparece con sus amigos en un asado, en plena pandemia, de nuevo sale una multitud enardecida a atacarla sin importar que esa foto corresponde a un año anterior a la pandemia. Cada vez es más factible que cualquiera de nosotros termine cancelados, como si existieran personas que nos vigilan y esperan impacientemente que pisemos el palito para demostrarnos que ellos que son aún más “moralmente correctos” que el resto ¿lo notan? Al hacer este escrito ya me enfrento a que diferentes personas no compartan lo que digo, hasta terminar cancelado yo mismo. Esto se trata de una contradicción constante. Si hablamos hace unos meses atrás de la legalización del aborto, si una persona que no estaba a favor de esta ley frente a un grupo que sí, automáticamente se gana la antipatía de ese grupo. O pensemos en la famosa discusión del lenguaje inclusivo, si una persona habla con la e, se remite a las burlas irónicas, como si el respeto o valor de una idea dependiera de una vocal.

Entonces podríamos decir que hoy en día defender la libertad de expresión ante una cultura de la cancelación se torna cada vez más difícil y requiere de personas que comprendan que poder expresarse con libertad, es un derecho, que también supimos conseguir. Y que defenderlo nos hace libres, además de promover y divulgar a todos los derechos humanos en consecuencia.

Volvamos a otra problemática con la cual nos encontramos hoy, donde nos encontramos asistiendo al funeral del pensamiento complejo, hoy es muy difícil tener una mirada crítica sobre las cosas, y esto sucede porque el pensamiento está ligado a la velocidad y no a profundidad. Pensemos por un momento en cómo leemos una noticia, entramos a un sitio, o, observamos la noticia que compartió fulano, y en vez de entrar y leerla con profundidad, hacemos una revisión del título y sacamos conjeturas de lo que podría decir la misma. Lo más grave, es que creemos que podemos sostener una conversación con el criterio que conlleva tratar determinados temas. Existe una premiación inconsciente de la opinión, aunque vacía, pero al fin opinión, y castigo al silencio, es decir, podemos ver como al enterarnos de una noticia sentimos una necesidad innata de opinar, pero esta opinión o es blanca o es negra, no existe espacio para los grises ya que inclusive esos grises pueden ser cancelados. Seguimos remitiendo al pasado, donde cualquier acto no comprendido con profundidad y respeto, nos costó que artistas de la hostia, corran por sus vidas de sus tierras. Por el capricho de militares que sostenían pensamiento que nos mantenía con la cabeza agachada. Como si todo lo que se escape del control ideológico fuera malo.

Pero ¿no es acaso necesario preguntarnos interiormente de un tema para saber si lo comprendimos o no? Ya que, como decía Nicanor Parra, “el pensamiento muere cuando llega a la boca”. Se instala un miedo en nosotros que nos hace pensar constantemente que lo que decimos nos traerá problemas luego, reprimimos la sinceridad en nuestras ideas. Pero sucede algo paradójico, no decimos nada, por miedo a ser cancelados, pero cancelamos a los que no tienen miedo de decir lo que sienten. Entonces, ¿qué hacemos al final? Propongo poder pensar en lo que me molesta del discurso del otro, y lo pongo en cuestión y trato de entender que cuestiones pueden ser discutidas y charladas en profundidad, así, mejorar mi relación con la libertad de expresión, ese derecho por el que la sociedad argentina le tocó perder miles de chicos con tu misma edad por pensar diferente, por expresarse, por ser considerado subversivo. Y así debemos seguir opinando, con la certeza de que los bastones nos vivieron persiguiendo, pero los lápices siguen escribiendo o más bien nuestras ideas siguen persistiendo. Pero mi opinión real sobre este tema es…

Silver Nieva

Un caso de reconocimiento de derechos, protección e integridad de una identidad vulnerada en la infancia y adolescencia:

EL DERECHO A LA IDENTIDAD A TRAVÉS DE LA SUPRESIÓN DE APELLIDO PATERNO

Esta es una narración de una historia en forma simple y concreta…

Podría empezar nombrando todas las posibles y existentes leyes, que en un abanico desplegado en nuestra Constitución resaltan el derecho propio de un ser humano a portar lo más simple para muchos, pero que para pocos o aquellos en la misma situación que ella, no son simplemente sustantivos propios… Y sí, hago hincapié en propios, y sí claro que sí empiezo hablando de Derechos, de Leyes, Artículos o principios como deseen llamarlos, los cuales están sujetos a mil convenciones y pactos a lo largo y a lo ancho de este sistema global que impulsaron entre tantos Derechos Humanos, la conquista de la Identidad, y como parte legítima de esta el reconocimiento de un “nombre”: Art 62- Derecho y deber. La persona humana tiene el derecho y el deber de usar el prenombre y el apellido que le corresponden.

Llamémosle nombre, llamémosle apellido, apuntemos a un componente estático o a una relación que vincule íntimamente lazos sanguíneos, en las aristas posibles que se pretendan abarcar, y en este caso como entre tantos otros que pueden existir no solo en nuestro país, no solo en ella, sino en miles de personas más, el apellido paterno que correspondía a su persona por otros Derechos, no correspondía a su identidad, no atravesaba a su persona en lo absoluto, no era parte de su subjetividad, de su sentir-pensar, de su vida expresada sin ir más lejos en lo complejo de su cotidianidad…

Y puede resultar una contradicción, una historia paradójica, una concepción quizás errada para gran parte de la sociedad buscar erradicar un nombre paternal que puede tener gran significación, pero para ella y en el caso puntual de su existencia, no fue más que una gran mochila pesada, molesta, como esas de carritos que empujan los niños en su paso por la primaria, y que a medida que se traban en las baldosas de los patios de sus escuelas, en las veredas o en cada trayecto del camino, arrastran piedritas que de a poquito, se van convirtiendo en obstáculos… ella no experimentó una mochila a carrito, pero sí cargó con una mochila de primaria grande en sus espaldas, y no solo fueuna mochila con cuadernos, también cargó con una montaña dentro, construida de emociones que fueron transformándose día a día, hasta llegar a su adolescencia, su mayor obstáculo: Las piedritas de miles de emociones y significaciones en su proceso revolucionario de niña a otra faceta en su vida, tuvieron que aceptar ese apellido paterno a “duras penas”, dirían los viejos sabios. Y hablar de sus transformaciones fisiológicas, emocionales y psíquicas determinadas por una temporalidad de años, va a ser remitente al lector... ella cargó con esta mochilita sus primeros años de vida más revolucionarios, más vulnerables y limitantes, y digo limitantes, porque en nuestro paso por la formación escolar nos reducimos finitamente a ser un Nombre y Apellido, pero primeramente un Apellido, nombrados una y otra vez, por las Seños, Los Maestros, La Dire, Los Profes, Los Preces, y así en la larga continua lista de cada autoridad que en una institución atribuyen a un ser su total identidad englobada en el apellido que este porta.

Ella tenía Derechos desde siempre, y en esos años que pueden haber parecido vertiginosos pero los cuales transcurrieron lentamente muchas veces, podían escucharla, existía y existe (claramente), un Marco normativo de los Derechos de la Infancia, la Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes; pero aun así, ella debió esperar.

Esperó como solemos esperar los seres humanos, con manifestaciones de por medio, con caos en sus días, con bronca muchas veces y con la ilusión que por allí quizás, y muchas veces, no sólo algunas, se veía flaquear, por imaginar que dejar de llevar en sus documentos legales, en sus carpetas, en sus señaladores, y en su propia vida, un apellido que no era “el suyo”, iba a ser algo casi imposible.

Y luchó, y empezó esa lucha desde pequeña, seguramente sin saberlo, o lograr captar la dimensión de lo que iba a empezar a transitar; y se reveló, puso en palabras lo que su cuerpo en conexión con su mente y alma muchas veces charlaron internamente, y por fin salió de su boca: Este apellido que una vez me dieron, no es mi apellido… Y era en simples palabras un hecho verídico, tristemente vacío de amor, y de gran significación paternal: Su progenitor reconoció a su hija otorgándole su apellido paterno, desde sus 6 años de vida, pero jamás ese hecho tuvo un valor para él, ni para ella, que creyó en ese entonces, en la inocencia de su niñez, que iba a construir vivencias en su persona que darían gran significación a su apellido, a resaltarlo al lado de su nombre, a llevarlo con orgullo…

Y así, pasaron los años, y ese nombre paterno no era más que un ruido en sus oídos, un presente sin ganas en el colegio, un dolor de cabeza que muchas veces repercutía en su familia, en aquel mundo primero que la acogió desde niña, la cual ella creía que muchas veces no lograban entenderla dimensión de portar una palabra que vulneraba todo su ser, que no la representaba, y que no aportaba en nada.

Ella empezó a indagar, y esa lucha empezó a tener mayor sentido, sigo sosteniendo que, sin darse cuenta, logró lo que ni yo, que relato muy resumidamente su historia, podría haber logrado… ella recién salió al mundo, y ya le dio un mordisco inmenso que saboreó felizmente, porque pensó y repensó en su identidad, en lo que sí y en lo que no, y en todo aquello que es suyo, que la representa, y que daría paz a tanto caos que se desató hace un par de años (para no decir muchos).

Y para ir cerrando esta breve historia, buscando las palabras que se me escapan de los dedos porque se van disparando a mis emociones, y a todas las sensaciones que ella me generó con su lucha de conquistar incansablemente su propio derecho, es que les cuento, que ella finalmente y de raíz a través de un gran proceso legal iniciado en pandemia, cambió su apellido paterno por el de su madre. Busco ayuda valientemente, continúo poniendo en palabras sus emociones, su sentir-pensar, y cada sensación que la atajaba cuando la llamaban por un nombre ajeno, muy ajeno a su más profunda esencia en su ser.

Ella, a través de argumentos y respetando todo un camino guiado por profesionales que en su paso transitaron en conjunto su pedido, logrando hacerlo efectivo, concluyó su lucha, con un tinte de gran transformación en lo personal, en lo familiar, y hasta en sus amigos, que reconocieron a una ella finalmente feliz, comprometida en primer lugar con su historia de vida, y consecuentemente con lo que esa historia representaba para sí.

Ella no va a tener un seudónimo en este relato, ni tampoco va a ser presentada con su verdadera identidad, la cual ahora es su bandera, simplemente ella, como simplemente su historia, van a saber encontrarse, leerse y abrazarse después de tanto camino, de tantas emociones y triunfo; y a su vez, ella va a ser otras ellas, ellos, ellxs, dando un poquito de ánimo a quienes realmente sin importar que tantas piedritas deban patear con su mochilita por el camino, desean conquistar su propia identidad, abrazarla y nunca más dejarla olvidada.

Macarena Robledo Ortiz

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