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dramático testimonio del ex tenista

Guillermo Pérez Roldán denunció a su papá por maltratos y estafas

"Tengo que decir que fue un técnico de la puta que lo parió de bueno, pero un padre de mierda", contó.

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24 de mayo de 2020 - 12:12 Por Redacción El Ancasti

Guillermo Pérez Roldán fue, a fines de los 80 y comienzos de los 90, una de las grandes esperanzas del tenis argentino. El tandilense, que llegó a estar 13° del ranking mundial y representó al país en la recordada serie de Copa Davis ante Estados Unidos en 1988 -año en el que llegó a los cuartos de final de Roland Garros-, cuando perdió en partidos cerradísimos frente a John McEnroe y André Agassi​, fue una estrella que se apagó demasiado rápido en medio de sucesivas lesiones que le restaron continuidad.

Rocky, que desplegaba en las canchas un juego de potencia que buscaba desgastar a los rivales, tiene ahora 50 años y se dedica al profesorado de tenis en Chile, su país de residencia. Pese a haber jugado en el más alto nivel, no le sobra nada en lo económico. Según comentó en una entrevista con "La Nación", las ganancias que consiguió en aquellos años ya no están más, como consecuencia de una estafa que sufrió de parte de su padre y exentrenador, Raúl Pérez Roldán. No solo eso: denunció además que durante su etapa como tenista fue sometido reiteradamente a maltratos físicos que llegaron a incluir "cintazos arriba de una cama" o "una trompada en la cara" por perder un partido.

Raúl Pérez Roldán es recordado no solo por ser el padre de Guillermo, sino un pilar de la escuela de tenis tandilense, que entre otros frutos dio recientemente a estrellas como Juan Martín Del Potro. A mediados de los 80, formó un equipo que juntó a sus dos hijos (Guillermo y Mariana), Franco Davin y Patricia Tarabini se formó desde las categorías juveniles para competir en el más alto nivel. En lo deportivo, los resultados fueron buenos. Pero Guillermo reveló que detrás de esa trama había espacios muy oscuros.

En la entrevista al periodista Sebastián Torok, Pérez Roldán abrió el corazón y recordó: "Si te contara las cosas fuertes, como perder un partido, entrar en una habitación y que te peguen una piña en medio de la boca con el puño cerrado. Y yo las corría todas, eh. O que te metan la cabeza en un baño o que te agarren a cintazos arriba de una cama. O un robo de cuatro o cinco millones de dólares. Todo lo que gané jugando al tenis, al otro día no lo tenía. Mi vieja (Liliana Sagarzazu) y mi viejo firmaron para sacarme la plata de mis cuentas".

Pérez Roldán aseguró que el maltrato físico que sufría era conocido fuera de la familia. "Sufrí el maltrato físico. Todos sabían. La cosa fue conmigo. Y con mi hermana al principio. Pero cuando empecé a facturar yo, mi hermana pasó a un segundo plano. Tengo que decir que fue un técnico de la puta que lo parió de bueno, pero un padre de mierda. No podía ser que ganar un partido era un alivio y en determinados momentos, en vez de poder disfrutar a los 19 años, ya no di más. Le dije: 'Seguí por tu camino, cuando te necesite técnicamente te llamo. Comprate un campo, andá a los caballos, qué se yo, pero déjame tranquilo'", contó. Y agregó: "Un año gané tres torneos de ATP, en el 87. ¡Era junior, tenía 17 años! Después de ganar Buenos Aires me voy a Itaparica, en la primera ronda me toca un muchacho que se llama Tore Mainecke, jugué en otra superficie, venía de una que era súper lenta, hacía calor, perdí y (después del partido) se subió a la cama y me empezó a cagar a latigazos porque decía que no me había movido bien".

"Mi papá me pide perdón delante de todos, me dice que ahora vamos a arreglar las cosas, qué se yo y me volvió a cagar. Me quiso hacer firmar unas cosas..."

Pérez Roldán contó que los golpes cesaron después, pero empezó otro tipo de maltrato. "Lo agarré después de ganar el torneo de Palermo, no me acuerdo si fue en el 89. Me senté en el avión y le dije: 'Mirá: a partir del año que viene quiero viajar solo, no quiero viajar más con vos. O las tiro todas para afuera, pierdo el ranking o no agarro más la raqueta. Así que fíjate qué querés hacer'. No daba para más. No, no. Y ahí empezó a disfrutar, hasta que yo me caso la primera vez a los 24 años: amarrocó toda la plata y me la sacó, sin avisarme nada. Eran cuentas familiares con tres firmas. Los cheques de ATP venían a mi nombre. Firmando dos, padre y madre, podían sacar la plata... Confiás en tu viejo. Yo no supe nunca más dónde estaba la plata". Guillermo aseguró que cuando percibió la situación ya era demasiado tarde: "Terminé mi carrera y a los tres meses era pobre. No tenía ni coche. La estafa la descubrí en 1994. Así fue: llamé al banco de afuera, pedí una plata para irme de vacaciones y no había más. Y había varios millones de dólares. Además, teníamos casas, caballos de carrera, restaurante, departamento, etcétera. No cuento ni vivo con eso y sé que nunca la voy a tener".

Según comentó Guillermo, hubo un intento de reconciliación de parte suya que también terminó frustrado. "Yo me casé por segunda vez, en Chile, mi mujer me convenció de invitarlos (a sus padres). Mi papá me pide perdón delante de todos, me dice que ahora vamos a arreglar las cosas, qué se yo y me volvió a cagar. Me quiso hacer firmar unas cosas. Fui a Tandil y le dije: 'Bueno, devolveme algo de lo que me sacaste'. Siempre yo tratando de ser generoso en el sentido de decirle: 'Fijate, viví bien, si tenés que arrendar algunos departamentos yo veo cuando sea más grande' , pero ni siquiera eso. Nada. Entonces le propuse: 'Dame un poco y quedate con todo' . No, tampoco. Entonces, le dije: 'Mirá, papá, sigamos cada uno por su camino y listo' . Yo cuento con mi trabajo. Que te caguen tus propios viejos..."

Pérez Roldán tiene tres hijos -uno de ellos, recién nacido- y vive actualmente en Chile. Aseguró que hasta ahora nunca había hablado el tema con sus dos hijas mayores, y que quiso revelar su experiencia para evitar que otros chicos sufran la misma situación. "Por supuesto que mis amigos más íntimos lo saben, mi mujer lo sabe, Franco (Davin) y Eduardo (Infantino) lo saben, Mariano (Zabaleta), que llegó a vivir en mi casa, lo sabe. Pasa es que es difícil contar una cosa así y al periodismo. Pero como vino mi tercer hijo y no me importa más nada que mi familia, mis amigos y mi trabajo... Dije cosas profundas y me gusta hacerlas públicas para que otros chicos no vuelvan a pasar por algo así, para que tengan el coraje que yo no tuve.

Fuente: Clarin 

 

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